jueves, 28 de febrero de 2008

Holocaustos


Encuentro extraño que últimamente, no nademos entre títulos, mensajes o imágenes que hagan referencia al holocausto judío. Ciertamente extraño. En las últimas décadas, el empeño de ciertos sectores del mundo cultural (los medios de comunicación, así como el séptimo arte y/o la literatura) por bombardearnos con historias ambientadas en campos de concentración nazis, cámaras de gas, caravanas mortuorias y trabajos inhumanos vestidos de rayas, era titánico. No sé qué habrá ocurrido en nuestros tiempos para que exista este ligero paréntesis, pero no creo que duré en exceso… Esperaremos a ver que sucede...
Considero una suerte que ocurra esto, no porque sostenga pensamientos antisemitas, nunca, sino porque este lapso de tiempo puede ser utilizado por muchos autores para dar rienda suelta a las musas creadoras y narrar a través de historias edificantes lo que aconteció, no sólo en este, sino en otros genocidios que han sucedido y suceden en nuestro vasto y triste mundo (N.B.: Omitiré los ejemplos ya que me dispongo a comer y prefiero ser considerado con mi estómago).
A veces, por ese sentido práctico que desprenden mis actuaciones, considero que la Literatura, aparte de muchas otras cosas, tiene la capacidad de enseñarnos, de lograr que aprendamos. Llevo bastante tiempo comentando con el resto de mis compañeros de trabajo esa visión maniquea, al tiempo que animando sobre el uso didáctico que pueden tener ciertos títulos de la Literatura Infantil y Juvenil. El compañero encargado de la docencia histórica es un tanto escéptico al respecto, o quizá algo vago (perdóname Carlos, yo soy el primer exponente de ese grupo de maestros). Le recomendé cierto cómic para explicar los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, así como los pormenores del régimen nazi y sus consecuencias y aún estoy esperando que lo lea…, eso sí, no es cualquier cómic, sino Maus (Art Spiegelman), el primer cómic que recibió el premio Pulitzer. Maus es una historia esencial, claro exponente de rigor histórico y narración no sesgada, tampoco adolece del sentimentalismo barato e indaga en la propia naturaleza humana. Aunque es considerada una obra para adultos, el formato lo hace accesible para el joven que se encuentra inclinado hacia la lectura, además, si obviamos ciertos pasajes en las que muchos personajes discurren sobre el comportamiento humano y otras miserias de la vida, trata abiertamente temas fundamentales para cualquier adolescente en plena formación.



No podía dejar citar en esta lectura de hoy el que, por antonomasia, se ha convertido en el mayor exponente de libro ilustrado que versa sobre el genocidio judío, Rosa Blanca. Este título, aparte de ser una exquisitez visual, cuenta los acontecimientos desde la perspectiva inocente de una niña alemana que no comprende el porqué del odio humano, el porqué muchos niños como ella se encuentran moribundos, presos y esclavizados. La obra cumbre de Roberto Innocenti que, por ósmosis y junto a Ruth Vander Zee, han engendrado otro título que trata el mismo tema, La historia de Erika.



Como epílogo, recordaré en honor a todas aquellas víctimas de la barbarie humana, las palabras que quedaron grabadas en los muros de Austwichtz, "El hombre que olvida su pasado, está condenado a repetirlo".

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