miércoles, 5 de marzo de 2008

Muñecos de nieve en pleno "cambio climático"


Este invierno, de frío tiene más bien poco, nada, me atrevería a decir… ¡Con lo deseoso que estaba el aquí presente por sentirse cual personaje de Juana Spiri en estas sierras olvidadas! Y es que aquí, frío hace, desmienten los lugareños, otra cosa es sentirlo.
Según dicen, esto del cambio climático es una jodienda. Últimamente, se utiliza mucho este vocablo para designar un cúmulo de circunstancias climatológicas acontecidas en los últimos veinte años. Que si el hielo de los polos se encuentra en clara regresión, que si las sequías de unas zonas del Globo contrastan con las lluvias torrenciales de otros lugares, que si el Monzón se retrasa o la primavera se adelanta…, todos estos y muchos más parecen casi designios divinos de que nuestra estirpe llega a su fin. Si no fuese por lo babosos, ignorantes y carroñeros que resultan muchos de nuestros gobernantes, pensaríamos que los nuevos gurús que median la salvación de la Humanidad, son ellos y no otros. Me entra un súbito salpullido cuando escucho ciertas estupideces categóricas sobre lo mal que está la madre Natura. Esas hordas abominables de ecologistas de medio palo con sus consignas dogmáticas que aburren hasta a las piedras, los mítines urdidos por pseudos-científicos, por lacayos del poder, por huestes de mentes putrefactas con intereses capitalistas bajo la manga y un largo etcétera de morralla humana que es mejor no mentar.
Es cierto que la climatología del Globo cambia, y que se aprecia un cierto aumento de la temperatura global del orbe. La geosfera, la biosfera, la atmósfera y otros elementos constituyen un supersistema denominado Ecosfera (o Gaia, según Lovelock). Ese sistema gigantesco, provisto de materia y energía, ha sufrido a lo largo de su existencia, numerosas modificaciones respecto a su funcionamiento. Se conocen épocas terrestres en las que las grandes crisis climáticas han repercutido enormemente sobre la Vida del planeta, de ahí esta preocupación en el ámbito científico por lo que pueda suceder en el momento presente si estas condiciones cambian de forma tan drástica como en el pasado. Lo que no hace el científico es dictaminar que toda causa de estas modificaciones actuales está relacionada con el Hombre. Verdad es que el Hombre ha repercutido sobre el medio que alberga su existencia, pero la Ciencia desconoce qué parte de culpa tiene la mano de la condición humana sobre estos cambios que se están sucediendo, por lo que, si la prevención es nuestra mejor aliada, el conocimiento debe ser nuestra mejor arma. Así que les conmino a que detesten a todos esos charlatanes que por recaudar militantes para sus sucias tretas, nos tratan como meros pecadores en busca de un paraíso perdido. ¡Para que luego hablen del clero!


Así que, hasta ver como nuestra especie es aniquilada de la faz de la Tierra por la misma mano –no divina- que la creo , disfrutemos de un excelente álbum ilustrado invernal que, a modo de cómic, sin palabras y ciertos toques de imaginación, hace las delicias del lector que descubra las correrías nivales de sus protagonistas. Un título descatalogado que ha vuelto a nuestras manos gracias a la editorial La Galera, El muñeco de nieve de Raymond Briggs.


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