martes, 25 de marzo de 2008

Pandillas


Ruge un sol primaveral a estas horas de la tarde, y no sé porqué misteriosa razón, he sentido la necesidad de tener entre mis manos un cucurucho de barquillo coronado por una refrescante bola de helado. Será la niñez, que vuelve a mí cabalgando en las sensaciones.
Además del sabor de ese helado, se han cruzado en mi mente diversas imágenes… De los compañeros de juegos, del asfalto de las calles, de las procesiones de pascua…, de los dibujos de Pilarín Bayés… Sí, como lo lee, de Pilarín Bayés. Guardo un grato recuerdo de sus ilustraciones, inconfundibles en el panorama literario de nuestro país. Entre los libros que atesoro tengo dos ejemplos del trabajo de esta artista. El primero es una edición de la Constitución Española de 1978 dirigida al público infantil, editada por no se qué organismo oficial, el segundo es El zoo de Pitus de Sebastiá Sorribas, regalo de una de mis tías maternas, muy aficionada ella a la lectura de lo que sea. De este último, creo les hablaré a continuación.
El zoo de Pitus es una historia de barrio, no es de extrañar puesto que se escribió en el año sesenta y seis, época donde todavía no habían florecido los ingenios electrónicos y los chavales mamaban calle en los ratos libres. La entidad de barrio esta en vías de extinción y no por la especulación inmobiliaria, sino por eso que se llama vacío social. El individualismo de las videoconsolas está acabando con las pandillas, con la vida en las calles. Y no crea que es una patología propia del ambiente urbano, no, ya, ni en Socovos apedrean perros los chavales. Pero es lo que hay, debemos acostumbrarnos a los cambios, tampoco sirve de nada afligirse por la pérdida de un pasado glorioso y entrañable cuando hay que luchar en el presente.
De todos modos, aunque todo haya sufrido cambios sustanciales, todavía quedan Pitus, Manolitos, Tonos, Julios, Joaquines, Garbanzos y Marionas. Todavía hay personas (pocas, pero las hay) que están dispuestas a ayudar a los demás. Todavía hay niños con imaginación y ganas de aventuras que pueden encontrar en una historia como esta un aliciente para leer, disfrutar, e incluso para inspirarse a la hora de tramar nuevas correrías que les hagan disfrutar de su niñez.

¡Se me olvidaba! Lo más importante de todo es que todavía hay niños que saben lo que es la amistad.
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