lunes, 21 de abril de 2008

Días y libros


La semana pasada la dediqué al ingenio y la imaginación, ambos en servicio de la lectura en las aulas, ya que se aproxima el Día Internacional del Libro, fecha de obligada devoción, sobre todo para muchos libreros, que se frotan las manos ante la previsión de ventas.
Las compras de libros aumentan de manera “alarmante” –sugiérale ironía este adjetivo- en estas fechas, todo un consuelo visto lo mal que va el tema lector. Según las estadísticas, en estos días se realizan un diez por ciento de todas las ventas anuales de libros. ¡Me maravilla semejante derroche en algo tan fútil como la cultura! –de nuevo la ironía-..., aunque la fiabilidad de los datos, como los de todas las estadísticas, depende del lado del que se miren...
Es incuestionable que compremos más libros en torno al veintitrés de abril, pero ¿por qué lo hacemos? Lo manda la televisión, el gobierno, la oposición, el clero, Zapatero, Rajoy y hasta Pilar Bardem… Todas ellas, razones de peso, perdóneme usted.
¿Y el motivo, la causa de este gasto en cultura? ¿Serán esos instantes febriles que todos tenemos? ¿Quizá las ganas de colaborar con el salario del escritor? O, porqué no, ¿gastarnos la pasta en algo que no sea el imperio Inditex?... Motivos hay, la cuestión es que sean de peso. Eso sí, con el dinero, cada uno hace lo que quiere, pese a versos de Quevedo… Poderoso caballero es don Dinero…
La segunda premisa a tener en cuenta es ¿qué se compra? Jorge Bucay, Paulo Coello o Rhonda Byrne seguro que son los más solicitados estos días, toda una lástima, teniendo en cuenta el dedo de polvo que engrosan ciertos títulos como Guerra y paz o Los hermanos Karamazov, mucho más hermosos y quizá más productivos.
Pero en fin, estas cosas pueden ser obviadas si, al final de este día nace un lector más. La cuestión es leer, y en esta fecha hasta el más abnegado recuerda aquello de En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…
Está claro que muchos de nosotros no veríamos inconveniente alguno en eso de celebrar este día los trescientos sesenta y cinco días del año, claro está que, si lo hiciésemos, probablemente surtiría el efecto contrario: algunos no leerían en todo el año. Así que, conformémonos con un día, menos da una piedra.
Fotografía: Chema Madoz

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