miércoles, 29 de octubre de 2008

Celos


Cuando me percato de ciertas situaciones indeseadas, me pongo en plan católico y deseo redimir mis supuestos pecados. Tras un instante de recapacitación, le resto importancia y sigo a lo mío. Pese a ello, hay veces en las que me reconcome cierta culpa, véase el caso de la envidia. No me gusta ser envidioso. Si por un instante, pienso que tengo todo lo que necesito para ser feliz y que, para más suerte, lo soy, ¿qué coño envidio yo? El primer motivo es que soy humano, en absoluto perfecto, así que estoy en mi plena potestad de sentirme como tal. El segundo ítem es el que más me jode: el motivo que hace aflorar esa envidia… Nunca he deseado bienes materiales, me la sudan, desde los coches hasta las chaquetas de piel, pasando por los bienes inmuebles o las cenas de alto copete. Lo que si me ha dado ciertas envidias son los bienes sentimentales, por otro lado, los más preciados, los que suponen esa “envidia sana”, que de sana, poco.
A veces, esta envidia se ha traducido en celos, que bien pensado, es algo lógico. La mayor parte de las veces se cree que los celos son un sentimiento sólo apto para amantes, parejas y otras milongas, lo que es erróneo, ya que nadie, sea cual sea nuestra situación sentimental, estamos exentos de tener celos de un hermano, una amiga, un pariente lejano o del vecino del séptimo. Tampoco sabría decir si los celos son negativos o positivos…, grandes hitos de la historia mundial se han debido a los celos, son ellos los que han terminado por quebrar los más frágiles corazones, y por ellos se ha terminado con cientos de vidas, así que, cada cual ha de elegir la respuesta más conveniente.
Para hablar de celos, Ron Brooks y Jenny Wagner, crearon el álbum-ilustrado titulado Óscar y la gata de medianoche. El formato no es muy innovador y las ilustraciones son de línea clásica, recordando al trazo utilizado por Maurice Sendak. Lo verdaderamente novedoso es el tema. Expuesto de manera abierta y sencilla, Ron Brooks se decide a contar una historia de celos entre dos animales, donde, como siempre, el mediador entre ambos es quién sufre las consecuencias. Sin pretensiones: una pequeña lección.

3 comentarios:

Daniel dijo...

Román, no logro superar el reto que me has puesto con la obra de Sendak, no sé que en qué ópera se basa :P

Por cierto, qué eres maestro de primaria o profesor de secundaria?

Saludos :)

Román Belmonte Andújar dijo...

Secundaria... secundaria... Biología y Geología...
No me decepciones... es más fácil de lo que parece... jejeje.
Un saludo, elemento.

Román Belmonte Andújar dijo...

Por cierto: maestros somos todos... Eso de profesor suena algo petulante...

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