lunes, 13 de octubre de 2008

Quimeras y Grúfalos


El mundo está lleno de bellas quimeras, aunque también es cierto que muchos prefieren lo auténtico, lo único. Yo amo las dos cosas, prueba inequívoca de que no soy extremista. Hoy, como siempre, gusta lo novedoso, eso está claro, pero cuando la novedad es una mera chanza de la casualidad y la batidora, como que se pierde ese encanto... Y es que, créame, hay poco nuevo en este mundo. Está inventado casi todo, así que, o eres una genialidad creativa, o a lo único que te puedes agarrar es a la copia de licuadora, es decir, agarrar cuatro conceptos clásicos, agregar unas gotas de tu esencia y ponerlo a batir… No te preocupes, ya saldrá algo y, si sabes venderlo, podrás vivir de ello una temporada. Así funciona el asunto. Lo cierto es que, para crear, hace falta pensar, y no crea que sólo durante un cuarto de hora, no, hace falta pensar un poco más, quizá meses, quizá años…, en definitiva, pensar, que no es poco.
La Literatura Infantil está repleto de estas quimeras, bien de sucedáneos de obras de renombre, bien secuelas de éxitos editoriales o, lo más llamativo, de personajes quiméricos. Estos personajes, verdadera herencia de la mitología (griega, romana o escandinava, entre otras), siguen siendo un buen reclamo para el público de escasa edad. Tienen un no-sé-qué que hipnotiza, que acapara atenciones.
La “última” de estas quimeras es El Grúfalo (de Julia Donalson y Axel Scheffler, editorial MacMillan) y…. ¡¡¿¿Cómo??!! ¡¡¿¿No sabes qué es un grúfalo??!!...


Un grúfalo es un grúfalo.
No me digas que no lo has visto.
Tiene unos horrorosos colmillos,
unas garras como puntas de cuchillos
y unos dientes terribles y amarillos.
[…]
Tiene bultos en las rodillas, pobre infeliz;
los dedos del pie desparramados, como una raíz,
y una verruga muy venenosa
en la punta de la nariz.
[…]
Sus ojos son grandes como dos naranjas;
su lengua es negra y muy alargada,
y tiene el lomo lleno de espinas moradas.

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