lunes, 29 de diciembre de 2008

Alimento vital


A veces pienso que, de lo surrealista que soy, podría ser fácilmente un aborto de Benny Hill o hijo de Omaita (¡qué grandes personajes!). Por lo menos me divierto, que no es poco… Algunos, a mi edad, ya están más que acabados (y no lo digo por la alopecia que todos vamos padeciendo a ciertas edades, sino por otros pormenores que descarnan más): la tez gris o cetrina, que si ya no tengo edad para reír, que si por culpa de la hipoteca no hay diversión en mí…, sin más tu tía: excusas.
Esto del alimento vital es una opción puramente personal, por lo que disfrutar de uno mismo y brindar por la vida, se hacen gestos cada vez más necesarios para que la mente y el alma se vayan nutriendo de sabores que aún les quedan por conocer. Aunque esta no sea una clase de gastronomía, considero que es una buena lección de filosofía, sobre todo para tanto organismo cansado y desecho que pulula por las calles luciendo cara mortecina.
Sobre este menú basado en estos consejos un tanto descabellados, como postre y aderezo, le sugiero un libro algo particular. Desde su edición en 1979, La aventura formidable del hombrecillo indomable se ha convertido en un éxito de ventas a lo largo y ancho del orbe terrestre. Considerado como uno de los mejores ejemplos del “non-sense”, así como del surrealismo más patente en obras de Literatura Infantil, sobre todo en lo que al género del álbum ilustrado se refiere, nos relata la historia de un personaje muy especial al que le suceden las más extrañas y divertidas peripecias. Déjese encandilar por la imaginación de Hans Traxler y esta historieta rimada de impecable factura. Y alimente su vida, que no es poco.
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