jueves, 28 de febrero de 2008

Holocaustos


Encuentro extraño que últimamente, no nademos entre títulos, mensajes o imágenes que hagan referencia al holocausto judío. Ciertamente extraño. En las últimas décadas, el empeño de ciertos sectores del mundo cultural (los medios de comunicación, así como el séptimo arte y/o la literatura) por bombardearnos con historias ambientadas en campos de concentración nazis, cámaras de gas, caravanas mortuorias y trabajos inhumanos vestidos de rayas, era titánico. No sé qué habrá ocurrido en nuestros tiempos para que exista este ligero paréntesis, pero no creo que duré en exceso… Esperaremos a ver que sucede...
Considero una suerte que ocurra esto, no porque sostenga pensamientos antisemitas, nunca, sino porque este lapso de tiempo puede ser utilizado por muchos autores para dar rienda suelta a las musas creadoras y narrar a través de historias edificantes lo que aconteció, no sólo en este, sino en otros genocidios que han sucedido y suceden en nuestro vasto y triste mundo (N.B.: Omitiré los ejemplos ya que me dispongo a comer y prefiero ser considerado con mi estómago).
A veces, por ese sentido práctico que desprenden mis actuaciones, considero que la Literatura, aparte de muchas otras cosas, tiene la capacidad de enseñarnos, de lograr que aprendamos. Llevo bastante tiempo comentando con el resto de mis compañeros de trabajo esa visión maniquea, al tiempo que animando sobre el uso didáctico que pueden tener ciertos títulos de la Literatura Infantil y Juvenil. El compañero encargado de la docencia histórica es un tanto escéptico al respecto, o quizá algo vago (perdóname Carlos, yo soy el primer exponente de ese grupo de maestros). Le recomendé cierto cómic para explicar los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, así como los pormenores del régimen nazi y sus consecuencias y aún estoy esperando que lo lea…, eso sí, no es cualquier cómic, sino Maus (Art Spiegelman), el primer cómic que recibió el premio Pulitzer. Maus es una historia esencial, claro exponente de rigor histórico y narración no sesgada, tampoco adolece del sentimentalismo barato e indaga en la propia naturaleza humana. Aunque es considerada una obra para adultos, el formato lo hace accesible para el joven que se encuentra inclinado hacia la lectura, además, si obviamos ciertos pasajes en las que muchos personajes discurren sobre el comportamiento humano y otras miserias de la vida, trata abiertamente temas fundamentales para cualquier adolescente en plena formación.



No podía dejar citar en esta lectura de hoy el que, por antonomasia, se ha convertido en el mayor exponente de libro ilustrado que versa sobre el genocidio judío, Rosa Blanca. Este título, aparte de ser una exquisitez visual, cuenta los acontecimientos desde la perspectiva inocente de una niña alemana que no comprende el porqué del odio humano, el porqué muchos niños como ella se encuentran moribundos, presos y esclavizados. La obra cumbre de Roberto Innocenti que, por ósmosis y junto a Ruth Vander Zee, han engendrado otro título que trata el mismo tema, La historia de Erika.



Como epílogo, recordaré en honor a todas aquellas víctimas de la barbarie humana, las palabras que quedaron grabadas en los muros de Austwichtz, "El hombre que olvida su pasado, está condenado a repetirlo".

miércoles, 27 de febrero de 2008

Bibliotecas y osos


Esto de ser aconfesional (como esta supuesta España) me ha traído penas y alegrías, como toda circunstancia… Por empeño paternal e ideologías ahorrativas, no he sufrido el supuesto estigma del bautismo, por lo que me siento inclinado hacia la libertad religiosa. Aunque es una jodienda eso de no disfrutar de fastuosidades, ni sentirse el protagonista de un teatro edulcorado a ritmo clerical -aunque si lo pienso fríamente, lo que más me jodió fue que me diese igual-, todo tiene sus compensaciones, y el cursar durante la Educación General Básica la asignatura de Ética en detrimento de la de Religión Católica me acercó al mundo de la biblioteca, en este caso la biblioteca escolar.
Mi hermana y yo acudíamos a un colegio público muy pequeñito, en el que sólo había una clase por curso (aclaro: cuando iba a tercero, no había ni “A”, ni “B”, iba a tercero y punto), era un colegio antiguo, hecho de ladrillo, cemento y algunos parches de adobe. Desde que hice patente mi condición de hereje, me desterraron a la biblioteca del centro durante las clases de religión. Un servidor agradecía aquella propuesta sin rechistar, ya que la mayoría de las veces, me tocaba escuchar sermones interminables sobre la magnificencia de Nuestro Señor y su obra misericordiosa para con nosotros, innobles mortales.
Me encantaba aquella biblioteca con ese olor a viejo y carcoma, tan minúscula que en sus cuatro metros de ancho por tres de largo no cabía más que una alta mesa rodeada de sillas giratorias de laboratorio. Las estanterías eran de madera y estaban repletas de todo tipo de antiguallas editoriales, pero aun así, lo recuerdo como un rincón entrañable. Tenía mucho encanto, tanto encanto que hoy pienso que, si algo diferencia a los estudiantes del ayer de los del tiempo presente, no son ni los libros, ni la ropa, ni las monedas, es el encanto.
Una de las cosas que más me extrañó y alegró cuando comencé en esto de la Literatura Infantil y Juvenil hace unos años, fue descubrir que uno de los libros que leí entre aquellos muros y con el que disfruté enormemente, era considerado todo un clásico en el género. ¡Y yo sin saberlo!


El otro día me acerqué a recoger un libro y vi, apostillado en la balda, ese libro, Un oso llamado Paddington, de Michael Bond, y sin poder evitar su magnetismo, utilicé el carné de socio y lo tomé prestado. Y créame, he vuelto a saborear ese aroma a polvo y papel, la fragancia de esa luz tenue… y también he visto mi pequeño dedo recorriendo las líneas de una página que me contaba la historia de un oso sentado en aquella estación…

martes, 26 de febrero de 2008

Viajes literarios


Hace bastante tiempo que me debo una escapada a otro lugar, que sea placentero, de esos en los que disfrutas de todo lo que te rodea, me encanta ser engullido por un viaje, algo diferente a lo cotidiano, ir y quedarme con el recuerdo (es la única forma de no convertirlo en rutina). No sé si soy o no buen viajero, viajante creo que sí, pero viajero… El que viaja aprende en su tránsito, el camino te enriquece y te enseña nuevas experiencias, distintas emociones y palabras, muchas palabras. Pero claro está, el viajero tiene que cumplir la indispensable cualidad de no temer a la aventura. Entonces, el sin arrojo, el temeroso, ¿no viaja? Y aquel al que la economía no le permite recorrer el paisaje, ¿tampoco? Quizás si, quizás no, lo que sí sé es que viaja el que lee.
Durante el curso pasado, con eso de que me encontraba anquilosado en unas permanentes coordenadas UTM, me decanté por la literatura viajera. Prefería viajar con la mente a no hacerlo con ninguna parte de mi humana geografía. De vez en cuando, se agradece adquirir un pasaje gratuito hacia tierras extrañas, sin saber lo que te espera, con toda la incertidumbre de una mano y el deseo de lo desconocido de la otra…

- Por favor, un billete para África, señorita.
Y la dependienta de esa agencia de viajes literaria así me lo dispensó. -Viajará usted en globo, caballero, de la mano de nuestro piloto, Julio Verne (1), durante cinco semanas recorriendo el vasto continente.
- También me gustaría visitar los bosques americanos. Tan salvajes, tan agrestes… ¿Podría conseguirme un buen guía para recorrer la tierra de los mohicanos?
- Sin dudarlo, James Fenimore Cooper (2) es el mejor de nuestros serpas en ese territorio, aunque últimamente, con esto de la escasez de trabajo, creo que se ha dado al alcoholismo. ¡Es tan difícil encontrar gente interesada en la aventura!
- Toda una pena…- Añadí.- Me hubiera gustado recorrer las sendas de los últimos guerreros americanos…
- Lo siento… ¿No estaría interesado en algún recorrido por tierras nórdicas? ¿Suecia tal vez?
- Una sugerencia muy apetecible, pero ya la recorrí el verano pasado con mi amiga Selma Lagerlöf (3)… ¿Y Centro-Europa? ¿Hay algo asequible?- Inquirí.
- Déjeme ver… está usted de suerte, tenemos un combinado por tierras alemanas, suizas y francesas. La encargada de organizarlo es una tal Judith Kerr (4).
- ¿Y el precio?- Pregunté.
- No más que sus ojos, algo de tiempo y la imaginación.- Concluyó la joven.

NOTA DE LA EMPRESA: Estos no son los únicos paquetes disponibles para nuestros clientes. Si su interés sigue marcado por recorrer algunas ciudades europeas siguiendo los itinerarios marcados por las palabras de James Joyce -Dublín- (5), Miguel Delibes -Valladolid- (6) o Manuel Mujica Láinez -Roma- (7), visite nuestra agencia en los próximos días.

(1) Verne, Julio. 1989. Cinco semanas en globo. Anaya: Madrid
(2) Cooper, James Fenimore. 1997. El último mohicano. Cátedra: Madrid.
(3) Lagerlöf, Selma. 1970. El maravilloso viaje de Nil Holgersson a través de Suecia. Labor: Barcelona.
(4) Kerr, Judith. 2007. Cuando Hitler robó el conejo rosa. Alfaguara: Madrid.
(5) Joyce, James. 1999. Ulises. Catedra: Madrid.
(6) Delibes, Miguel. 1998. El hereje. Destino: Barcelona.
(7) Mujica Láinez, Manuel. 1990. Bomarzo. Seix Barral: Barcelona.

Risas y más risas


Anoche estuve cuatro horas deshuevándome sin remedio. Hoy, de buena mañana, el primero de los pensamientos ha sido plantearme el acudir a la consulta médica debido a unas agujetas abdominales, tan severas, que parecían una apendicitis galopante. Y es que el humor es imparable en este ambiente socoveño. Entre chanzas, dimes, diretes, pullas, chascarrillos, chistes, acicates y alguna que otra chirigota, el ritmo gastrointestinal, además de constante y bien aliñado, se mece a buen compás. Bien pensado es una gran alternativa al estrés. ¡Déjese de milagros homeopáticos y divanes inútiles! ¡Practique la risoterapia y dé rienda suelta a esos músculos risorios y bucinadores!
Aprenda, querido lector, a reír, a dejarse llevar, a fluir como el agua de la acequia, cual ristra de morcillas deben ser sus carcajadas, y diviértase, sin duda, diviértase.
Acérquese al espejo, dispóngase frente a él, contemple su cabeza: apepinada, gorda, desproporcionada, pequeña o, simplemente, única. Alce su dedo índice y acérquelo a la punta de sus napias y, con ayuda del pulgar, calibre el volumen de semejante protuberancia. Mire sus ojos, tan llenos de vida, de estrellas, dedíquese un guiño y empiece. Empiece a curvar ascendentemente los extremos de esa línea que dibuja la boca, note como se entreabren sus labios y empieza a asomar la dentadura. Ríase sin miedo, sin vergüenza, descojónese a su antojo y viva.



En ese paréntesis que se acaba de regalar, aparte de arrinconar todas esas preocupaciones mundanas y mal calibradas, su memoria ha regresado al punto de partida al que quería llevarle: a la niñez. Conozco muchos adultos que no sonríen, tampoco saben sobre lágrimas de risa, ni mucho menos de gimnasia a golpe de alegría, pero no conozco ni a un solo niño que jamás haya esbozado una amplia sonrisa. Cosas de la edad, del dinero y del amor, alea jacta est…



Si con algún libro he practicado la risa desorbitadamente, ese ha sido, sin duda, cualquiera de Gloria Fuertes. Clásica entre los clásicos, Gloria Fuertes fue la poetisa de la alegría -quizá considerada una autora del arte menor debido al público a quienes dirigía sus versos- que todas las generaciones educadas al amparo de sus rimas consonantes recordarán. Que nadie se engañe… Sé, amigo lector, que recuerda esas poesías que reunía la editorial Escuela Española, y que, todavía, en los colegios de este país, se siguen recitando para que los niños no olviden la risa ni aún cuando la pierdan.

lunes, 25 de febrero de 2008

Soñar


Las crisis de inspiración son insufribles ya que, además de joder la marrana, te impiden hacer cosas que apetecen...
Los últimos días, además de gran cantidad de trajín, han traído un abandono casi completo de este espacio, cosa que siento enormemente. Por ello, hago una llamada a la comprensión: querido lector, si echases un vistazo a esta mesa de camilla que uso para todo tipo de menesteres, comprenderías en qué clase de follones me meto. No tienen nada que ver con el tráfico de estupefacientes, ni con la suciedad más pestilente, tampoco sirve como mesa de torturas, ni mucho menos de quirófano, más bien se asemeja a una miscelánea de quehaceres y deberes, aficiones y traiciones, de amantes, de amigos y alguna que otra pasión.
En este instante, tengo muchos títulos en mente que podría enlazar con esta supuesta noticia, pero no me apetece en absoluto dar trabajo a mis soñolientas neuronas, así que, olvidando la utilidad de este ciberespacio, voy a rendirme un merecido homenaje y hablar de lo que me plazca, que para eso, el aquí presente, se montó este cotarro rebosante de libertad y buen gusto. ¡Y olé!


Llevo todo el día soñando. También sueño de noche. Realmente sueño a todas horas, lo que ocurre es que no soy consciente de ello. Decía Calderón que la vida es sueño, y los sueños, sueños son, así que: soñemos. Como Martin Luther King (no como ese impostor llamado Barack Obama, que se adueña de los sueños de otros, los usa y después los tira al retrete), como los niños que se despiertan sobrecogidos por la realidad de lo soñado, como el pobre que sueña ser menos pobre, como el soñador que sueña soñar lo que todavía no ha soñado…
Sueñe, que es gratis y todavía no hay que declararlo a la hacienda pública.
Por soñar que no quede, ya que siempre tenemos esas bofetadas de realidad que nos dan los años.


Sueños, pesadillas, ensoñaciones y algún sobresalto que otro, están recogidos en este catálogo de momentos, unos más plácidos, otros más siniestros. Los hay extraños, fantásticos, llenos de efectos visuales, realistas y dramáticos, tangibles y los más, lúdicos.
Claro está que, para soñar, hay que acordarse de los sueños una vez despierto, y créame, acostumbrarse a tal rutina no le interesa a más de uno, no por no abandono, sino por miedo de soñar la vida que desean y nunca tendrán. Y para esos cobardes, Ana Juan inventó a Comenoches.

domingo, 24 de febrero de 2008

Todo tiene una explicación...


Después de una presentación y un prefacio algo inusual, he decidido rendir homenaje al autor que le da nombre a este espacio, Maurice Sendak.
Donde viven los monstruos, además de ser el lugar elegido para extender esta alfombra plagada de palabras –unas veces legible y otras, incomprensible-, es un sitio en la imaginación de Sendak. Es el lugar donde se desarrollan las fantasías, donde se da rienda suelta a los placeres más primarios, adonde nos dirigimos cuando la evasión llama a nuestra puerta… más que eso: es el regalo que Maurice Sendak ha hecho a todas las generaciones nacidas después de 1963, año en el que creó esta obra.
Todos hemos sido alguna vez como su protagonista, Max. Nos hemos rebelado, enfrentado a las reglas y desafiado al poder. Max crea ese mundo maravilloso donde él mismo establece las normas, toma sus decisiones y se comporta dependiendo de sus deseos y necesidades. Es rey de un universo propio, a caballo entre la imaginación y la realidad, donde sus súbditos le aclaman y lo necesitan. Allí, donde viven los monstruos, no es el lugar horrible donde uno no puede soñar… ¿O sí?... A veces, el regreso a la realidad, la necesidad de lo tangible, de ser querido, de sentirse especial mediante una caricia, basta para hacernos olvidar ese espacio propio que aparca nuestra existencia del mundo. Y como muestra, un botón:
“[…] Entonces desde el otro lado del mundo le envolvió un olor de comida rica y ya no quiso ser rey del lugar donde viven los monstruos. […]”
Y ahora… la justificación: por todo esto y mucho más, que espero entresaquéis de las páginas de este, ya clásico, álbum ilustrado, he decidido bautizar a este espacio cibernético de manera homónima, esperando que sea el lugar donde vivamos los monstruos, donde podamos dar rienda suelta a nuestras risas, nuestros deseos, donde seamos libres, donde la tristeza y el juego campen a sus anchas, ese sitio donde podamos ser como queramos, sin necesidad de justificar nuestros actos, palabras, ni emociones… para que más tarde, podamos regresar a nuestro mundo tangible con la voluntad renovada de vivir (Nota del autor: a estas últimas palabras, dé el lector un tono menos dramático del esperado y reste solemnidad a vocablos con tanto peso).
Atendiendo a los datos técnicos de la obra, decir que posee una acción bien hilada, con un lenguaje extremadamente sencillo y cercano. Ilustraciones magníficas, de gran calidad, próximas a la técnica del grabado tradicional y bien secuenciadas.
Son muchas las obras de Sendak que tratan los deseos, las necesidades primarias del individuo, la sexualidad infantil, los pequeños placeres de la existencia. Libros –muchos de ellos descatalogados durante muchos años- como El letrero secreto de Rosie o La cocina de noche, que aproximan la psicología infantil a la del adulto, libros con gran acogida por parte del público infantil, e incluso censurados por ciertos sectores conservadores (La cocina de noche, donde su protagonista se pasea por muchas de sus páginas completamente desnudo, es un buen ejemplo).
Además de estos trabajos propios, el autor ha construido imágenes que han acompañado a autores como Else Holmelund Minarik (toda la colección de Osito) o el premio Nobel, I. B. Singer (“Cuentos judíos de la aldea de Schlem”, otra gran obra de la Literatura Infantil y Juvenil).
Y con esto y un bizcocho, me despido hasta el próximo atisbo de inspiración, que espero no sea dentro de varios lustros…

Enamorados...

Espero un gran éxito “editorial” de estas divagaciones algo razonadas. Para inaugurar por segunda vez este espacio he decidido dedicar a todos los lectores una “Román-reflexión”…, enlazada con una sugerencia de lectura, que para muchos seguro es un buen comienzo

Dejando a un lado las reyertas familiares y dado que he estado ojeando las treinta y dos páginas (creo que es ese el número) que componen Enamorados (para mi gusto unas de las mejores ilustraciones de Rébecca Dautremer –ver también Cyrano para los interesados, o Princesas…), mis primeras palabras tendrán un toque intimista y se remontarán a mis años de instituto donde se es feliz por naturaleza y no nos asusta ni lo mas mínimo establecer “ultimátum”, ni líneas de investigación sobre algo tan extraño como el AMOR…

- ¿Qué es el Amor?- preguntó al viento la ojerosa profesora de ética.- ¿Alguien lo sabe?.- Dijo atravesando a los dos subnormales de turno con la mirada.
Hombros encogidos, muecas tempraneras, risitas infantiles y codazos estúpidos llenaban el ambiente estudiantil de aquel aula.
- Vengaaa…- Se resignó por milésima vez con aquellos cafres la cansada profesora.- Miriam, para ti, ¿qué es el amor?… Supongo que tu lo sabrás, ya que ayer no parabas de revolcarte con Jose en el parquecillo…- Provocación inútil, ya que la susodicha se limitó a lanzar dos miradas: una de odio hacia su interlocutora y otra empalagosa al ligue de turno.
- El amor se siente, no se describe.- Concluyó El Rafilla, acaparando la atención.- Los sentimientos a veces no se pueden describir…
- ¿Acaso lo has sentido, listo?.
- ¿Y tu, flipá?.- Se defendió El Rafa.- Lo que tienes que hacer es quitarte el bozal y contárnoslo tú…
- Cada vez que abres la boca, so’ charlatán, matas a las mariposas que viven en mi estómago… ¡Capullo! – Increpó La Tosti.- ¡Pregúntaselo a tu vieja!.
- ¡Uuuuuuuuuh!.- Malmetieron el resto.
- ¡A ver!, que aquí no estamos en la cárcel –o eso creo-… ¿No sabéis hablar como las personas?.- Calmó aquella jarana la domadora de fieras.
- Profe…, el amor… es escuchar el latido de las piedras.- se escuchó tímidamente.- Es el susurro de la sangre correr por las venas, es… es…- Se trabó la voz de La Luci mientras el resto de salvajes mantenían la boca abierta ante tal sorpresa.- El amor es vivir muriendo y morir viviendo: por uno mismo, por la brisa del mar y por cualquiera. Amar es oler el color del pelo de tu amante, saborear el tacto de su piel y olvidar el susurro de sus ojos. Amar es caer, caer en un vacío repleto de vida. Cuando amas, un minuto es la eternidad, una mirada es el infinito y una caricia el olvido…
- ¿De dónde has sacado todas esas cosas?.- Preguntó boquiabierta la profesora.
- Del corazón.

viernes, 22 de febrero de 2008

Lecturas en voz alta


Desgañitarse no es una buena afición para ningún docente, más que nada por el desacato que supone hacia las cuerdas vocales, verdaderas autoridades en nuestra delicada profesión. Conozco tantos maestros y maestras con voz de cascajo, tos desértica y carraspeos infrahumanos, que creo que jamás obtendremos, como gremio, premio alguno reconociendo nuestra melodiosa faena. Y es que los logopedas tienen un arduo trabajo con semejante afonía, de hecho, creo que he oído en algún que otro pasillo sindical, que se van a editar unas pegatinas cuyo lema rece “Pon un foniatra en tu vida”, y la verdad es que tamaña declaración no es nada despreciable.
El otro día, sin ir más lejos, me encontré con una de estas voces cazalleras, y hablando de la mejoría que estaba experimentando su voz, se me ocurrió recomendarle que acudiese a un curso al que asisto entre estos montes de singular belleza. La tía, lejos de amedrentarse, se animó a leer en voz alta, que es el tema sobre el que versa dicho curso y a eso de las seis y pico, ha aparecido por la Casa de Cultura.
De lecturas anda el juego, así que, ni cortos ni perezosos nos hemos enzarzado en dicha empresa. De Benedetti y Gerardo Diego han sido algunos de los textos utilizados en la sesión de hoy, Gonzalo Darabuc nuestro guía y maestro, y la voz, tanto nuestra, como de algunos invitados insignes, la protagonista.
Me sorprende la lectura de viva voz puesto que rompe la intimidad del idilio entre las palabras y uno mismo. No es una sorpresa non grata, pero si me extraña en cierto modo leer para el oyente, ya que, no es sólo perder ese espacio exclusivo entre el libro y yo, sino interpretar para la colectividad de los oyentes. Aun así, considero que la lectura en voz alta es un buen mecanismo para formar lectores, esto no quiere decir que las masas se rindan al libro de forma inminente, pero sí para hacer frente al abandono que sufre la literatura. Leer cuesta. El acto de coger un libro entre las manos, abrirlo, seguir las líneas con la mirada, procesar la información, utilizar la imaginación, humedecer el pulgar con la lengua y pasar la página ya leída, entraña una serie de movimientos que necesitan trabajo y energía, por no hablar del tiempo, aunque, como bien dice Daniel Pennac, el tiempo para leer es siempre tiempo robado.
Como colofón, recomendar El Principito de Saint Exupery, del que ayer leímos un fragmento, una obra que no deja indiferente a nadie. Unos odian y otros adoran ese cuento de aquel principito preocupado por sus rosas y encontrar un amigo.

Comienza una nueva andadura...


Hay ideas descabelladas, y esta es una de ellas... Hoy comienzo esta andadura, que no sé todavía si llegará a buen puerto... También desconozco si seré capaz de no dejarme amilanar por el esfuerzo diario que supone mantener actualizado un espacio de estas características, e incluso, tampoco sé si podré cubrir las expectativas de todo aquel que visite este cúmulo de contenidos, ideas y opiniones vertidos en la pantalla del ordenador...
He querido dedicar este espacio a una de mis principales pasiones: la Literatura Infantil y Juvenil, más concretamente al género del libro-álbum o álbum ilustrado, bastante desconocido por la mayor parte del público, así como a todas las obras reunidas en lo que se conoce como Literatura para niños y jóvenes, y otros aspectos que conlleva el trabajo con los libros, como son breves ensayos, aspectos literarios, talleres, estrategias de animación a la lectura y un sinfín de aspectos relacionado con el Libro, verdadero protagonista de este lugar.
Cabe decir que la Opinión será uno de los pilares que cimienten este edificio, puesto que la reflexión y el examen pueden ayudarnos a comprender el pensamiento humano.
Sin ánimo de parecer pretencioso y con expectativas, tanto de contribuir al crecimiento personal de todo aquel que visite esta página, como a mi propio conocimiento, he creado este espacio, donde primarán la Libertad de Expresión, el Respeto, la Calidad Documental y el Contraste en la Investigación de cualquiera de los temas aquí expuestos.
Dar las gracias de antemano a todos los que visiten este lugar perdido entre la amalgama quasi-infinita de contenidos que representa la Red.
Comenzamos...
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