viernes, 23 de enero de 2009

Seres nocturnos


Es sorprendente que tratándose este de un espacio dedicado a la Literatura Infantil, todavía no haya invertido unas palabras en unos personajes muy presentes (quizá se abuse de ellos en exceso…) en todo este tipo de literatura: las brujas. Estos seres de sexo femenino que surcan los cielos sobre escobas y cuyas intenciones son generalmente indeseables, han llenado cientos de páginas de libros dirigidos a todas las edades. Si bien es cierto que son personajes muy popularizados en los libros para niños (probablemente esta inclinación se deba a su notable presencia en todos los cuentos de hadas, desde aquí hasta Sudáfrica y desde Ushuaia hasta el estrecho de Bering), también los encontramos en muchas obras clásicas. Así que hoy, para honrar a estos seres de la oscuridad y rendirle un tributo a William Shakespeare (creo que es la primera vez que hablo de él aquí, cuestión imperdonable…), les dejo con un conjuro en verso, exquisito para cualquier edad.

Giremos en torno de la ancha caldera,
y cuaje los filtros de la roja lumbrera.
Oculto alacrán que en las peñas sombrías
sudaste veneno por treinta y un días,
sé tú quien se cueza de todos primero
al fuego del bodrio que dora el caldero.

¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese!
¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese!

Echemos el lomo de astuta culebra;
su unión con el caldo el infierno celebra;
garguero de buitre y de vil renacuajo;
alas de murciélago, pies de escarabajo,
ojos de lagarto, lengua de mastín,
plumas de lechuza y piel de puercoespín.
Así nuestro hechizo, y al hado le pese,
desgracias y horrores igual contrapese.

¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese!
¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese!

Colmillos de lobo, fauces de dragón,
humores de momia, hiel de tiburón,
sacrílegas manos de infame judío,
infectas entrañas de macho cabrío,
raíz de cicuta de noche cogida
-que en la extraña mezcla será bienvenida-;
abeto tronchado con luna eclipsada;
de tártaro labios; de turco, quijada;
los dedos de un niño ahogado al nacer
y echado en un pozo por mala mujer.
Con todo esto el caldo comience a cocer.
Y para pujanza del filtro hechicero,
añádanse tripas de tigre al caldero.

¡No cese, no cese el trabajo, aunque pese!
¡Que hierva el caldero y la mezcla se espese!

Con sangre de mono enfriará el caldo impuro;
lanzadla en el bodrio y acabó el conjuro.

William Shakesperare (Adaptación).
Acto IV. Escena Primera.
La tragedia de Mácbeth.
1967. Espasa-Calpe: Madrid.

1 comentario:

Daniel dijo...

Pues precisamente estoy haciendo un trabajo para la asignatura de inglés y su didáctica sobre un cuento cuya protagonista es una bruja... y menudos quebraderos de cabeza me está dando la joía!

El favorito de mis diablillos en el cole es "Oposiciones a bruja y otros cuentos" de José Antonio del Cañizo, y la verdad es que les gusta mucho...

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