martes, 26 de mayo de 2009

Buscando una sombra



Al vislumbrar las entretelas de este mundo, recapacito y devano algunas conclusiones que desearía no fuesen ciertas. La envidia, la dejadez, el cinismo, lo indigno… males cotidianos que ensombrecen los nuevos días y me traen del recuerdo sombras pasadas. El mundo esta plagado de oscuros perfiles, de pesadas sombras que no dejan germinar lo venidero. Más que entre niebla, estamos en plenas penumbras proyectadas por lo falso y agrio de esas falsas figuras de lo verdadero: el mundo vacío que habitamos…, vacío de todo, lleno de nada.

Y tras este preludio ensombrecido (era lo que pretendía), un tanto denso y catastrofista, les daré la tabarra con otro título bien bonito, La maravillosa historia de Peter Schlemihl, del franco-alemán Adelbert von Chamisso -les sugiero la edición de Siruela ilustrada por Zush, aunque también hay otra más reciente ilustrada por Agustín Comotto de la editorial Nordica Libros-. En pocas palabras les diré que desconocía este clásico del romanticismo alemán (uno no puede saberlo todo) que ha engendrado multitud de adaptaciones, pero lo que digo también es que ha logrado enamorarme.
Su comienzo es el mayor gancho de este pequeño libro: un hombre vende su sombra a un extraño a cambio de una bolsa repleta de tesoros inagotables. Aunque puede parecer sencillo y muy semejante a cualquiera de los argumentos de los cuentos populares o de hadas, la trama guarda una mayor complejidad que, si bien se acerca a la tragedia, es capaz de remendarse a sí misma con una bella alegoría sobre la comunión entre el Hombre y el Mundo.
Y si me permiten (Aviso para principiantes: si no quieren leer como concluye este libro, dejen de leer en este mismo instante) les parafrasearé el final del mismo:

Y a ti, mi querido Chamisso, te he elegido como depositario de mi historia maravillosa, para que a través de ti, cuando yo haya desaparecido de la Tierra, ella pueda servir como enseñanza útil para muchos de sus habitantes. Si es que quieres vivir entre los hombres, amigo mío, aprende a estimar en primer lugar tu sombra y después el oro. Pero si sólo quieres vivir para ti y para tu íntimo perfeccionamiento, entonces no necesitas ningún consejo.

Ilustración superior de autor desconocido.
Ilustración inferior de Agustín Comotto
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