lunes, 3 de agosto de 2009

De piratas y corsarios (I)


Puesto que no son pocos los bucaneros, piratas y otros lobos de mar que ha recogido la LIJ, seguramente miles de páginas dedicadas a estos personajes que simbolizan la más extrema dualidad del ser humano, es casi inadmisible no dedicar un espacio de esta bitácora a cerrar los ojos y disfrutar del olor a salitre que impregnan todas esas historias de corsarios y navíos.
Aunque en un principio, probablemente fueron incluidos en la cultura, sobre todo la de tradición oral, como villanos de las narraciones de corte clásico, la figura de los piratas cambió para tornarse más apetecible, más compleja que la de un simple rufián que saqueaba los veleros de las rutas mercantiles. Con seguridad es el Romanticismo y algunos autores anteriores los que recrean el pirata que trasciende a la literatura de hoy día. De carácter complejo que muta en cada circunstancia, con unos valores indefinidos, casi caóticos, el pirata de nuestros días encarna al personaje subversivo que tanto defiende la LIJ actual, fiel reflejo de la personalidad del niño que se enfrenta a los cánones establecidos por el paternalismo adulto, de ahí que sea uno de los personajes claves en las obras de ficción. El pirata, como el niño, no duda en desafiar a la sociedad, quebranta las reglas una y otra vez para alcanzar la figura de un dios terrenal, símbolo de esa imperfección que, con equilibrio, permite vivir plenamente.
Espíritus luchadores, corruptos, indómitos, aventureros y románticos encarnan el anhelo de la libertad imposible. Queramos o no, Long John Silver, el Capitán Garfio o el Sandokan que se escondía bajo el sobrenombre de Tigre de Malasia, forman parte de nuestro mundo, de nuestro ideario. Bien sea durante el carnaval o a diario, con parche o sin él, muchos soñamos con izar la bandera pirata y surcar los océanos en pos de la propia vida.
Y para terminar este preámbulo de una semana veraniega llena de parches, garfios y patas de palo les diré que sigo siendo el pirata que nunca fui. Un pirata de agua dulce que surca mil caminos. Un pirata y nada más.

Ilustración: Monro S. Orr (1934)

1 comentario:

MÓNICA dijo...

Un excelente pirata por lo que veo, muy buena reflexion.
un abrazo

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