martes, 4 de agosto de 2009

De piratas y corsarios (II)


Desconozco si hay mundanal ruido en otros planetas anejos, pero lo que sí sé es que sobre éste, mundos hay a porrillo. Mundos de color de rosa, submundos, el primero, el segundo y el tercer mundo, los mundos de Yupi y algún que otro mundo personal e intransferible. Lo peor de tanta diversidad es que cada uno vivimos en un mundo ajeno al resto, y claro, así no hay quien pueda…
Como pájaros enjaulados, los humanos nos empeñamos en colocarnos las orejeras y no ver más allá de lo que nos permitimos –o nos permiten-. Limitamos el cariño, el amor, nuestros saberes, los caminos conocidos, otras cocinas, otros libros e incluso las ropas y los vestidos.
Arriesgarse a descubrir lo que habita ahí fuera, lo que vive detrás de esos barrotes que nos apresan día tras día no es tarea fácil a menos que encuentres un corsario viajero que, en una ligera goleta, te muestre lo vasto del océano y te invite a contar los mil y un mares que quedan por navegar. Y tú, como la hermosa princesa que habita una torre de plata y marfil, decidas abandonar esa vida de falsos príncipes y discursos preestablecidos cogido de un brazo amigo.
Y si no me creen, échenle un ojo a La princesa y el pirata, un libro ilustrado de Alfredo Gómez Cerdá y Teo Puebla que el deslenguado y genial Francisco Umbral describió como un “cuento progre” y a lo que un servidor añade “pero lleno de libertad”.

Banda Sonora Original: Time after time, Cindy Lauper (versión acústica).
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