lunes, 17 de agosto de 2009

Perros y estrellas




Hoy hace un año que nos conocemos. También un año desde que fundamos nuestra particular sociedad secreta. Susurrándonos verdades, inventando correrías. Como Joel y Ture. Lo único que nos diferencia de éstos es que yo jamás te obligaría a trepar a lo alto de un puente o acercar la lengua al congelado acero por mera diversión. Y, aunque no hemos conocido a ningún Papá Samuel y nuestra madre no haya sido un mascarón de proa, tenemos otras historias que contar, si es que alguien se atreviese a oírlas…
Como Simón Tempestad, te he acompañado cien veces a gritar tu nombre en el Lago de los Cuatro Vientos. Ya sabes que se pueden alejar las penas cantando, que se pueden alejar los recuerdos horribles silbando de manera que ya no se atrevan a volver…, aunque seas demasiado terco para hacer la prueba.
Ya sabes que somos monstruos que, como Gertrud la Sin Nariz, como el propio Joel, necesitamos barnizar groselleros para estar cerca de otros iguales, para darnos cuenta de que la soledad es un lastre pasajero que se pierde con una simple sonrisa.
Y este lunes, trescientos sesenta y cinco días después y tras leerme el primer libro que me has recomendado, te pregunto, ¿alguna vez iremos a Suecia y daremos alcance a ese perro que corre hacia una estrella lejana?

Mankel, Henning. 2000. El perro que corría hacia una estrella. Madrid: Siruela.

1 comentario:

Miguel de Luis dijo...

No llevo tanto tiempo siguiendo el blog, pero no me importaría ir a por ese perro :)

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