lunes, 26 de octubre de 2009

Sobre gustos y elecciones

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Para Manuel, a quien apellido Hesse, esperando que sepa elegir...
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Si de gustos hablamos, concretamente los de un servidor, podrían calificar de curioso lo que sucede con esta parte de mi persona –haciéndolo extensible a otros seres humanos, por supuesto-. Existimos individuos con un olfato especial para las exquisiteces, bien sean palatales o de otra índole y naturaleza. Allá donde haya algo realmente especial, estamos los selectos catadores, pululando como gallináceas ansiosas de meter el cuezo. Expertos seleccionadores de joyas, sean estas gastronómicas, humanas, textiles, sonoras, tecnológicas, cinematográficas y, cómo no, literarias, son necesarios en todos los ámbitos, incluso el amoroso. No crean que es tarea fácil seleccionar aquello con calidad y prescindir de lo corriente y vulgar…, que sobre el orbe terrestre hay basura a espuertas y son de agradecer unas hojas de melisa abriéndose camino entre millones de ortigas. ¡Y ojo con equivocarse!: uno puede vestir a la última moda, creerse diferente, en definitiva, especial, y captar las miradas de atención del resto de transeúntes por lo vulgar del atuendo. Estudiemos un ejemplo… En las últimas semanas se ha reeditado en España el clásico de Kveta Pacovska El pequeño rey de las flores (Kókinos). A pesar de la similitud con la edición anterior, se han sucedido varios cambios respecto a ésta que han empeorado -aunque los encargados del grafismo piensen lo contrario- un excelente libro, por ejemplo la enrojecida muda de las tapas (quizá sea más alegre y atractiva para el consumidor, pero resulta chocante -me gustaba más la blancura de la edición anterior- e inapropiado para las ilustraciones de esta obra de Pacovska ya que satura el posible contraste con la otra gama de colores que ofrece) o el excesivo tamaño del texto (asusta, horroriza y, como guinda, rompe el lenguaje pictórico… ¿alguien podría explicar con más detalle que el espacio vacío es capaz de hablar y complementar la expresión de una obra pictórica?). En definitiva, una reedición muy necesaria aunque poco acertada. Así que, sintiéndolo mucho, prefiero la anterior, muy parecida a la imagen de la edición japonesa que acompañada estas palabras (para que nadie se enfade...).
Y para terminar, subrayarles que el trabajo más tedioso y, la mayoría de las veces, desagradecido que tiene el hombre desde su imprescindible libertad, es elegir. Por lo que considérense afortunados si saben hacerlo.

1 comentario:

miriabad dijo...

La independencia en el criterio es poco habitual y siempre de agradecer. La valentía: más todavía. Muchas gracias Román por ambas. Lo fácil es subirse al carro de la alabanza general.
Un saludito, Miriam

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