jueves, 10 de diciembre de 2009

Despotas a base de terrorismo


Todavía, no sé porqué, me sorprende lo que está sucediendo en este país. Ser testigo, día tras día, semana a semana, de las infamias que los unos soportan de los otros me produce vergüenza ajena, sobre todo si tenemos en cuenta que los otros proclaman la libertad y son –según ellos- más buenos que el fuagrás La Piara®, y los unos son peores que la carne de pescuezo, esa que te pone el morro chorreando pringue y deja el estómago de la misma guisa que el estofado de viento.
Esto es un dislate.
Jamás hubiese imaginado esta mente calenturienta (sí, la mía, lo admito) que los mártires pasasen a ser lobos y los mismísimos demonios, carne de cañón. La cuestión es que tanto “buenismo” empieza a tocarme la fibra…, y dejémoslo estar ahí, porque otras cositas son sagradas y prefiero un poco de dulzura cuando se trata de estas.
En fin, que todo este tejemaneje se me figura hasta soez y, por qué no, barriobajero. ¿Qué es eso de azuzar a las masas en contra de un periodista por expresar su opinión? ¿Qué es eso de acallar voces porque contrarían lo políticamente correcto? En una palabra (por cierto muy fea), fascismo. Y al que le pique, que se rasque, que ya está bien de pamplinas.
Y esperando que derroquen a todo aquel que no deje vivir más que a sus acólitos, les abandono hasta mañana, viernes (¡qué semana tan breve!), con un título ganador del Premio Nacional de Literatura Alemana en su edición del año 2007 y publicado en España por la editorial Juventud, Reina Gisela –Nikolaus Heidelbach-, que defiende una buena forma para plantarle cara al despotismo menos ilustrado.

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