viernes, 11 de diciembre de 2009

Idea de niños, mofa de gigantes


Mientras uno es pequeño puede decir todo lo que le apetezca porque nadie prestará atención a su discurso, y en el caso de que algún atrevido ose hacerlo, soltará una risita, despeinará tu cogote y se mofará de las ocurrencias del niño. Entonces, muy serios, torceremos el morro y pediremos en silencio a las fuerzas sobrenaturales que pululen cerca, que le suelten un capón a semejante idiota por reírse de tus inteligentes y bien discurridas ideas… Realidad que se torna paradoja cuando, hoy, siendo adulto (o casi), prefiero que hagan caso omiso de mis palabras, no sea que por tomar uno con demasiada ligereza aquello que opina, sean otros los que le endosen un sonoro bofetón.
Moraleja: Desléngüense durante la niñez, quizá sea menos gratificante, pero también menos doloroso que hacerlo en la madurez.


Ayer me dijeron
que yo era un enano.

Bueno, soy pequeño,
más no es para tanto.
Alcanzo a la mesa,
alcanzo al lavabo,
alcanzo a la caja
de los mantecados,
y cuando mi madre
guarda en el armario
los bombones rojos
que le han regalado,
arrimo una silla,
me empino y alcanzo.

“¡Este enano!”, dijo
mi padre enfadado,
porque estaba haciéndole
cosquillas al gato.
Me dio mucha rabia,
me metí en mi cuarto
y cerré, muy serio
pegando un portazo.

¡Yo ya soy un hombre!
¡Tengo cinco años!


Carlos Murciano.
En: Me llamo Pablito.
Ilustraciones de Emilio Urberuaga.
2004. Zaragoza: Edelvives.

1 comentario:

Miguel de Luis dijo...

Gracias por compartir esta poesía, me ha encantado. Lástima no conocer a nadie de la edad justa para regalarle el libro.

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