miércoles, 30 de septiembre de 2009

Manifiesto por la financiación de la Ciencia española


Habiendo preparado una noticia para el día de hoy y tras haber leído los titulares con los que me ha sorprendido la prensa diaria, he decidido cambiar mi discurso y dedicar las palabras de hoy a mi otro gremio, el científico.
Ante la renuncia de la dirección del CNIO por parte de Mariano Barbacid al conocer la reducción presupuestaria que ha acometido el des-gobierno de nuestra nación en materia de I+D, mi sangre se transforma en gangrena y empiezo a escupir fuego por la boca.
Con esa idea ficticia de que nuestra nación ha parido grandes personajes de letras se enmascaran con frecuencia las nulas intenciones gubernamentales (sean de estos o de otros) de impulsar la Ciencia en este país de pandereta y limosnas al por mayor.
También se escucha esa otra consigna de “¿Para qué? ¿Acaso descubren algo útil?” La Ciencia no es una carrera de fondo, sí lo es de superación personal, imaginativa, llena de escollos, de estudio y tesón. Pero para obtener resultados de peso hace falta invertir en investigación básica, la base de esta pirámide creativa. Conozco demasiados científicos frustrados, parados, casi desahuciados, que sí han puesto ilusión (¿valoran eso los miserables sueldos becados que profieren las administraciones competentes?), unas ganas que defienden este manifiesto plural, ya que el progreso se construye gracias al riesgo, a las crisis, al interés de la sociedad y a las revoluciones, bien sean científicas o de otra índole.
Creo en rebelarse, creo en hacer frente a todos esos que se hacen llamarse salvadores, cuando nos siguen condenando una y otra vez al yugo del medievo, a ser meros espectadores de nuestra decadencia. Estoy seguro de la fuerza de nuestras rebeliones que (no como la del título de hoy, un clásico juvenil de George Orwell que crítica el despotismo y el fascismo con los que se enmascara todo proceso político), a base de voluntad, y confianza en nuestra habilidades nos erigirán en una sociedad avanzada.
Y si no están dispuestos a enfrentarse al poder lascivo, ya saben, no comulguen con ideologías, en ellas vive la traición.

martes, 29 de septiembre de 2009

Cegados por los libros


Todos tenemos claro que venerar los libros puede ser un hábito contraproducente para la salud. Más todavía, si al desquiciamiento de Don Quijote o Madame Bovary añadimos la condición de personas poco recomendables (N.B.: no conozco a ningún lector inofensivo…), por lo que afirmo que los libros tienen graves efectos secundarios tras buenos atracones intelectuales –u ociosos-.
De uvas a peras, a pesar de lo muy chiflados que estemos por los libros, no viene mal eso de bajar de las nubes y del mundo literario, e ingresar en la existencia más real de la carne, el hueso y la hipoteca, porque bien es sabido que quien abandona estos lares por otros más gustosos –léanse Telecinco, Kriptón o Namec-, sufre horrores en su regreso al asfalto. Es lo que tienen los vicios, sean novelas o meta-anfetamina en cristal, y los viciosos: que evaden a uno del aburrido deambular.
Hay que vivir con los libros, no de ellos (de esta afirmación quedan exentos libreros, bibliotecarios y otros seres nacidos tras la aparición del papiro), no sea que, como el señor Mendel, Mendel el de los libros (Stefan Zweig, editorial Acantilado) necesitemos una guerra para pegarnos un batacazo de ensimismamiento editorial y suframos lo que no está escrito por no estar al loro de los acontecimientos diarios.
Aunque pensándolo detenidamente, en la historia de Mendel, los libros se vengaron doblemente. Se vengaron de él por su exceso, se vengaron de él por defecto… Y finalizo advirtiendo una vez más que no hay mayor castigo que la ignorancia, en este caso la ignorancia de quienes lo castigaron.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Donde descansan las ánimas


Aunque hay varios temas de candente actualidad que superan con creces lo siniestro del que hoy voy a hablarles (la indumentaria de las hijas de Zapatero en la recepción de Obama, el número de saraos a los que ha acudido José Miguel Fernández Sastrón en la última semana o el asombroso parecido de la madre de Leire Pajín con la concejala casamentera de Albacete), prefiero dedicar mi tiempo a ensalzar los camposantos.
Verdaderos remansos de paz, los cementerios se están ganando su merecido puesto en las guías de viaje, ya que cada vez son más los osados que dejan atrás los prejuicios y se internan en los jardines de lápidas donde descansan las ánimas. El cementerio judío de Praga, el de Roncal o el cementerio inglés de Málaga son de mis favoritos pese a que ya son dos las amistades que me han advertido sobre los camposantos polacos, alarde de exuberancia floral y sentimiento católico.
No apto para hipocondríacos, ni corazones sensibles, todo esto, lejos de sonar macabro, es una reflexión sobre la naturaleza humana, poco prolija en muestras de reconocimiento… Bien mirado, la condolencia y el respeto a la muerte, haya plañideras o no, es de los pocos ejemplos de sentida humanidad que se ven a diario, aunque un servidor estaría más contento si no nos dedicáramos a machacarnos en vida a la mínima oportunidad.
Por todo ello y, avisándoles de que el que aquí suscribe no es muy dado a dar o recibir pésames, he decidido hacer público mi dolor por la muerte del Señor Pájaro, verdadero protagonista de la historia firmada por Komako Sakaï y Kazumi Yumoto (editorial Corimbo), un álbum ilustrado que no sólo se centra en las pompas fúnebres, sino en lo que viene después: el replanteamiento de la existencia, la soledad o el reemplazo del ser querido. Si les digo la verdad, no es un libro completo, pero me he enamorado de una ilustración en la que durante el entierro, las siluetas de El oso y el gato salvaje (así se titula) se dibujan en el bosque tras las cortinas del sol.

viernes, 25 de septiembre de 2009

De libros de texto y versos


Acudir a una librería durante los últimos días de septiembre es la mejor forma de sufrir un colapso nervioso y vivir aterrorizado durante el resto del curso escolar. Esas descontroladas hordas de madres que babean por conseguir este o aquel cuadernillo absolutamente necesario para que su nene/a llegue al cenit del conocimiento, desatan verdadero pavor. Después de conocer la verdad sobre la desaparición de una librera a la que tenía mucho cariño, nunca se me ocurriría rechistar ante tanto alarde de voracidad.
La estrategia para que te zarandeen lo mínimo es esbozar una mueca despistada, sortear las fieras miradas de estas progenitoras (Padres de este país, ¿acaso no es tarea vuestra velar por el aprendizaje de vuestros vástagos? No os escondáis, sé que haberlos, haylos) y esconderse tras la estantería donde se ubican los álbumes ilustrados. Una vez allí, hay que buscar el lomo desconocido de algún volumen y, una vez hallado, abrirlo y toparte con los versos de un cubano que otrora fuera compañero tuyo de ponencias allá, a lo lejos, por estas tierras de queso y vino.
Así que, para esas madres desbocadas, van dedicados estos versos tan lluviosos de Aldo Javier Méndez que encontré hace unos días mientras ellas permanecían hipnotizadas por los libros de texto.
¿A qué sabe la lluvia
cuando te besa?
Sabe a menta, a naranja,
a limón y a fresa.

¿Por qué lo sabes?
¿Tú la has besado?
¿Acaso crees que
me has engañado?

No te engaño, la miro
y la beso y la siento
y tiene los sabores
que yo me invento.

Aldo Javier Méndez Camacho
Versos para leer con paraguas.
Ilustraciones de Mariela de la Puebla
2009. Alcala La Real: M1C

jueves, 24 de septiembre de 2009

Defectos y virtudes


Para los políticamente correctos.
Para los trabajadores sociales.
Para los asociacionistas.
Para los activistas.
Para Rafa.

Soy deslenguado, impertinente y un poco cabezón. Prejuicioso también (eso no lo he dicho yo, pero tomé nota en su día y aquí se lo transmito). Aunque tengo mis días, generalmente me muevo entre la ironía y el descaro, dos armas bastante necesarias en este mundo de altibajos. Haciendo caso de mi venerado Mark Twain, proclamo mi risa, esa que sigue especializada en devolver caricaturas de mí mismo... y de los demás.
No todo queda ahí. No.
Me parieron disonante, hartizo e inconsecuente, aunque estos defectos los guardo para momentos mas ingratos –no es bueno desentonar en exceso-. No sé si el saber odiar puede ser tara o acierto, pero el caso es que también lo transporto en mis genes en ciertos momentos (no se recomienda abusar de lo que no sabes controlar…). Otros me creen irascible -¿será por mi transparencia?-, charlatán y soez (me creo en el deber de enviarles a mi madre, ella sabrá mejor que nadie qué método de tortura entregarles para un correcto vapuleo de mi persona).
Si se empeñan, podrían enumerar muchos más defectos de mí, cosa para la que les doy el beneplácito. Pero eso sí, les aviso de que, para más INRI, el conformismo también mora en este saco de carne y huesos al que llamo cuerpo, por lo que termino esta ristra de despropósitos afirmando que me gusta como soy. ¿Y usted? ¿Se gusta?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

De las chanzas del amor



Algunos que beben romanticismo a diario proclamarían que el amor es el motor del mundo mientras los más realistas disentirían de modo firme y tajante. Esta vez, yo, quien siempre se lanza a la palestra, permaneceré cauto en mis afirmaciones.
Veo poco amor en el mundo que contemplo a diario. En los autobuses, en los bares, en los centros de trabajo…, veo poco cariño en lo que me rodea, ninguna hospitalidad, nula solidaridad. ¿Cómo algo que no está presente es capaz de hacer girar los engranajes de nuestra existencia? Quizá ese amor no es palpable, es un amor que subyace bajo la tristeza, la envidia, el dolor o el sufrimiento. ¿Es el amor escondido, ese que te desgarra y asola, un efecto o una causa? Piedra angular dirían muchos, mero espejismo afirmarían otros. Un servidor ya no sabe qué creer…
Cada uno cuenta la película según le va (o según querría que le fuese)…, y si no, fíjense en los protagonistas de las dos obras de hoy. De la primera ya comenté algo en cierta ocasión -más de oídas que otra cosa-, pero ahora que lo he leído puedo decirles más chismes sobre él. Un grito de amor desde el centro del mundo, del nipón Kyoichi Katayama, es un categórico libro de adolescentes para adolescentes (si atendemos a las ventas del mismo, aseguraré que la literatura juvenil está de enhorabuena ya que las editoriales y los lectores adultos parecen pirrarse por este tipo de libros aunque sean enmascarados como novelas maduras) pero, aunque el argumento está bien elegido, la lectura no cubre mis expectativas –quizá por las características de la literatura moderna japonesa, sea dicho de paso- ya que se instala en una dilatada nube de sutilidad infinita que no trasciende lo desgarrador que puede llegar a ser el final… No sé…, no deja sentirse esa empatía que esperaba del amor ideal y eterno, aunque pienso que es una sugerente recomendación para chicos con las feromonas por las nubes (Evaristo, lo siento enormemente pero desde que leí Samurai, de Hisako Matsubara, todo el amor se me queda pequeño).
El segundo título, El amor de Erika Ewald, es una pequeña lección –pese a la densidad del texto, no hay mal que por bien no venga- para todos aquellos que se ciegan de amor, viven aterrorizados por sus propios sentimientos y, finalmente, se desengañan. Como Erika Ewald, ¿quién no se ha decepcionado alguna vez?, ¿quién no ha deseado defenestrarse por desamor? Esta pequeña historia de Stefan Zweig (editorial Acantilado) debería ser lectura obligatoria para quinceañeras mojigatas y sentidas que no se detienen a pensar que el amor se esconde en cada rincón del mundo, en cada mota de polvo.

martes, 22 de septiembre de 2009

¿Escuela 2.0?


A comienzos del curso escolar toca ponerse en órbita y, sin desatender las materia a impartir, prestar atención al alumnado, no sea que en un descuido decidan comerte por los pies. Echarle el ojo a algún/a pájaro/a nunca viene mal si quieres librarte de los problemas posteriores, que bien es sabido por todos que prevenir es curar.
La marabunta del centro con el que este año que me ha tocado lidiar tiene una apariencia inofensiva en primer término. Aunque prefiero concederles el beneficio de la duda y prepararme para cuando su confianza alcance el punto álgido y no tengan miramiento en darme la dentellada. Aunque la guerra se avecina, permanezco a la expectativa mientras propino artillería pesada: dictado tras dictado los ánimos se van calmando y las endorfinas se ponen a los niveles adecuados, regulando el exceso de violencia y las ganas de molestar al vecino. Luego ya me pensaré eso de acercarlos al aula ALTHIA, que lo primero de todo es coger carrerilla en eso del leer y del escribir, asignaturas que casi ninguno aprueba holgadamente. Resultados que, curiosamente, se contraponen a los obtenidos por los alumnos en las materias de teclado y joystick, puntas de lanza de la Educación actual según el propio ministerio. Y es que, como bien dice Gabilondo, tenemos que habituarnos a la nueva Escuela, la del siglo XXI, esa Escuela 2.0 (espero que la cifra no sea la calificación que se le otorgue a la educación “made in Spain”) y ponernos a desvariar con la Play Station® hasta que el serrín nos brote de las orejas.
Además, ¿de qué hablo yo, si soy otro profesor que disfrazado de progre se dedica a poner en solfa eso de los nuevos recursos educativos? No sé para qué… ¿Alguno de mis alumnos leerá esta página web?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Historias perdidas (aunque no olvidadas)


Aunque uno esté de vueltas de todo, hay idas y hay venidas… Regresar a la realidad, la vuelta al cole, el retorno a los quehaceres laborales y el retroceso a la rutina, son recorridos que no me encandilan en absoluto. A pesar de ello, cabe decir que tengo muchos diretes que contarles acerca de los días pasados, jornadas de mucho trajín y poca seriedad, sobre todo vespertina…: los clásicos viajes en los coches de choque, el tradicional atraco de la berenjena, miguelitos de los buenos y de los malos, ¿qué me ferio este año?, mira esa panda de indeseables, ¡y si no aquella otra de aziguatos!, besos por aquí, besos por allá, mi primo es capaz de beberse el caudal de Río Tajo en forma de mojito (cosa harto difícil, créanme… cómo el año que viene los aderecen con más hielo tendremos que inyectarnos ácido sulfúrico por vía intravenosa para no ser conscientes de los precios estratosféricos que han llegado a alcanzar los bocatas de guarra), me han comentado que el año que viene los adoquines que pavimentan el recinto van a ser comestibles, me ha dicho un pajarito que no me quieres saludar por lo escandalosamente guapo que estoy, perdona pero se me ha caído una lentilla en el suelo de los baños y hemos tenido que llamar a los bomberos, ¡qué fea es esa!, ¿has visto las berzas que luce la rubia de amarillo?, sois un poco cerdos, te echo de menos, saca el paraguas que me he venido en bragas...
Si me lo propusiera, sería capaz de hilar una historia de cada una de las tontunas precedentes, ya saben que poseo una ilimitada imaginación (cualidad humana que defiende el libro de hoy, Mis historias perdidas, de Xan López Domínguez -Libros del zorro rojo- a la hora de crear obras de creación literaria) para todo aquello que reciba el adjetivo “inútil”, pero supongo que con la enumeración les bastará para caer en lo desastroso de las fiestas patronales… Y en la mucha alegría que en ellas se destilan.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Feria de Albacete 2009


Cada sitio tiene lo suyo y Albacete tiene su feria, la feria (nótese el articulo determinado). Aunque con algunos detractores, raro es el albaceteño que no siente estos once días como algo de su propia existencia. Incluso en la diáspora no se desvanece ese hondo poso que deja el dar vueltas como los tontos a los redondeles del recinto ferial. Y es que, por si no lo saben, los albaceteños quieren tanto a su feria que le construyeron una casa (esto lo dijo Ismael Belmonte, poeta él, nuestro poeta), eso sí, de muy rara estructura -véase imagen superior-. No les puedo contar mucho más, excepto que estos días (del 7 al 17 de septiembre) estaré tan atareado festejando no-sé-el-qué (nadie sabe si es un sentimiento o una devoción) que tendré poco tiempo y cerebro para libros de todo tipo. Así que, ya saben, si pierden las ganas de leer, búsquenme, estaré en la plaza de Talabarteros defendiendo la alegría (no como los cantantes progres que se dedican a manipular los versos de Benedetti).

A trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti.
Defensa de la alegría.
En: Antología poética.
1999. Madrid: Alianza.
Imagen: Resplandece la Feria. Emilio Peña. (Me gusta más que el cartel oficial).

jueves, 3 de septiembre de 2009

Deseos y brujerías


Juli, Tere… Para vosotras, ¡brujas!

Quisiera detener el tiempo, saltar los días, regresar al pasado, manipular las manecillas del reloj a mi antojo sin que ello suponga problema alguno.
Me gustaría volar, surcar el viento, atravesar las nubes como si de mera espuma se tratasen, olvidar la gravidez de los adultos.
Deseo conjurar la magia de antaño, la de la niñez que todo lo vuelve sencillo, casi instantáneo. Hechizar al mundo con el baile de mis manos, con los vaivenes de la sola voz.
Anhelo mezclar colores, sabores, brebajes y potajes, y darlos de beber a los insulsos mortales que viven en blanco, en la gris existencia de nuestros días. Que cambien sus sentidos, que disfruten del camino. Repartir amor en botellas de cristal, en ambarinos crisoles que, como dardos del dios Cupido, amarren los corazones esquivos.
Abandonar esta carcasa humana, tornarme bruja sabia y solitaria que, sin muchos aparejos, sin mucho ruido, sepa entender a los hombres en su largo extravío.
Hay algo en cada bruja, en cada negra alma, que esconde sueños, que esconde a un niño. Niños de risa larga, de serpenteantes movimientos, de retorcidas alas, de flaca voluntad y ademanes tercos e indecisos.
Madre, déjame ser bruja. Déjame ser bruja, te lo pido.

BIRD, Malcolm. 2000. Manual de la bruja. Madrid: Anaya. Título original The Witch’s Handbook. Ilustraciones del autor. Traducción de Tita de Uichi. Décima edición. ISBN: 84-207-3372-5.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De grillos


Le gustaba descansar apaciblemente sobre el lecho de hojas y yerba que le habíamos preparado. Durante la tarde de aquel sábado, agosto rozaba septiembre con relámpagos y granizo. Pequeños ríos surcaban la tierra inundando todo lo que pillaban a su paso, desde hormigueros abandonados hasta pequeñas madrigueras. Madrigueras como la de aquel grillo.
Le proporcionamos un nuevo cobijo en aquella caja de cartón casi derruida por el tiempo y lo dejamos cantar durante las noches que restaban del verano. Era un grillo listo. Sabía cuando cantar. Le gustaba el bullicio de la feria septembrina, pero en cambio nos dejaba dormir en las noches frescas y tranquilas.
Si quieren saber su nombre les advierto que no lo tenía. Las costumbres del campo son muy serias en eso: sólo merecen bautizo los animales con pelo. Así que nos limitábamos a mirarlo mientras lentamente se movía buscando recovecos bajo su cama de paja y broza.
Una noche, por descuido, arrimamos la caja al quicio de la ventana y a la mañana siguiente, nada ya supimos de él. Su marcha nos dejó una sensación de lleno vacío, pues no sabíamos si había muerto o buscado nuevos territorios donde excavar otro hogar. Aun así, escuchábamos a la noche, para entre sus ruidos, buscar aquel que perteneciera a nuestro pequeño amigo.

Carle, Eric. 2003. El grillo silencioso. Madrid: Kókinos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Sobre las miserias de las redes sociales


Llevo todo el verano dándole al coco sobre cierto asunto peliagudo, pero harto de no hallar respuesta, les paso la patata caliente a ustedes: entre el Facebook o el Tuenti, ¿con cuál se quedarían?
He comprobado que el Tuenti es maravilloso para acelerar las rupturas amorosas y que el Facebook es una plataforma de gran alcance: uno puede estar bien empapado de los churros que se comen ciertas conocidas o del estado de la barriga del novio de la prima del cuñado de la amiga del que fue vecino de mi tía la de Elda, temas ambos muy interesantes, sin dudarlo.
Tampoco podemos olvidarnos de los amores repentinos, de los superficiales, de los equivocados, de los inolvidables, de los meramente sexuales, de los imaginarios, de los inesperados ni de los de conveniencia.
Por último, si tuviera que ensalzar alguna cualidad de ambas redes sociales es que, habiendo sido ideadas para permitir una comunicación más fluida y barata entre sus usuarios, son capaces de incrementar el gasto en telefonía móvil de todos aquellos supeditados a su alcance: “Tia as vist cm s le v l sugtadr a la Fanny n la fot dl feisbuk?”. ¿Serán acaso un invento de Movistar, Vodafone, Orange o Yoigo para hacerle frente a esta crisis que tanto se está cebando con ellos?
Esperando que esta fiebre pasajera llegue a su fin (inventarán otra cosa, estoy seguro…), les dejo con el último “Premio Barco de Vapor”, una obra de Care Santos titulada Se vende mamá que con alegría y algún chiste le da utilidad a esto de Internet... Esperemos que muchos no tomen nota...
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...