miércoles, 24 de marzo de 2010

De naturaleza...



Siguiendo con el carrete del pasado lunes y bien decidido a no comentar las premisas que han hecho de oro a buitres como Al Gore, hoy le llega el turno a otro título (este para lectores algo formados y talluditos) que muchos consideran de claras convicciones ecologistas… Y sin más dilación, procederé a desgranar el universo de Richard Adams en La colina de Watership.
Considerado dentro de esa categoría que muchos frikis se empeñan en llamar “literatura peligrosa” (todavía no conozco Literatura, con mayúscula, que no lo sea…), el mundo de Quinto es una para-realidad muy similar a la nuestra -actual, pasada o futura: elija la que desee-, sobre todo porque el recurso estilístico de la personificación así lo ha querido (léanse otros títulos que apestan a humanidad a base de excrementos propios del reino zoológico, como Rebelión en la granja, El viento en los sauces o La señora Frisby y las ratas de Nimh), aunque se podría decir que no la lleva hasta el extremo más terrenal, puesto que el comportamiento de estos conejos tan salaos, en muchas ocasiones, les hace parecer completos animales, la mayor de las bazas para crear ese discurso contra el deterioro del medio ambiente.
Si continuo diseccionando no negaré que la obra contiene atroces lecciones sobre el liderazgo y la supervivencia (Avellano), el valor y la dignidad (Pelucón) o la tiranía (General Vulneraria), pero soy de los que apuestan por una mirada más arriesgada: el nacimiento de una civilización, de una sociedad. Después de leer esta novela creo que los pormenores de una cuadrilla de lagomorfos que buscan madriguera no constituyen una historia coral donde todos y cada uno de los protagonistas representen una parcela de la viña del Señor, sino que todos ellos se comportan como un ente, un grupo con un objetivo común, un conjunto de intereses que se articulan, como le sucedería a cualquier ciudad o a cualquier país, y por ello son capaces de enfrentarse a los problemas con demasiada sangre fría o sacrificarse por el bien colectivo…, y si no es así ¿alguien me explica de qué manga se sacan un dios –Frith- o un héroe mitológico llamado El-Araihra?
Digo y diré que este es un buen libro, aunque a veces se extralimite en retorcidas descripciones o en ocasiones sufra de altibajos, pero es una cuidada lectura de cabo a rabo… ¿En qué grado? No se podría comparar a obras de parecido (subrayo esta palabra) argumento como El señor de los anillos, pero sí admito que es un libro ameno y dinámico (nadie imaginaría lo interesantes que pueden resultar unos cuantos conejos además de para preparar un buen gazpacho manchego), con “aceptable” carga emocional (hubiese llegado a la categoría de “correcta” si algún protagonista la hubiese palmado) y gran trabajo documental (no he leído jamás un libro que recoja tantos nombres vernáculos de plantas, ¡me compadezco del traductor!).
Una cosa: ¿qué diferencia existe entre un conejo y una liebre? Interaccionen, por favor, y cuando den con la solución, díganme cuál de las imágenes de las dos portadas que preceden a esta noticia corresponde a un conejo y cuál a una liebre.

1 comentario:

miriabad dijo...

Liebre la primera conejo el segundo. Mírense orejas y patas largas (las cuatro) en la liebre. Perdón por la descripción: soy 'chica' de ciudad.
Entonces, de leerla en inglés ¿nanai de nanai? ¿Difícil tarea?
Saluditos, Miriam

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