miércoles, 23 de febrero de 2011

Crisis...


En la filosofía de la ciencia de T. S. Khun (N.B.: considero que esta disertación puede hacerse extensiva a otras áreas, en el caso de que alguien no comulgue con ello, que lo apunte en los comentarios, se lo agradeceré), la palabra “crisis” tiene una connotación positiva. Dice este autor que, básicamente, en cualquier ciencia, los paradigmas que la sustentan han de sufrir un proceso de revisión y posterior renovación que se desarrolla gracias a la crisis, es decir, toda crisis aporta nuevas ideas y establece nuevos puntos de vista desde los que el ser humano recupera la razón de ser y continúa perpetuando su pensamiento. Es lo que se llama revolución científica.
Si extrapolamos este razonamiento a la situación que sufre el mundo hoy día, se podría afirmar que una revolución ideológica está cerca… ¿O no?...
Desde mi azotea, no muy elevada y algo apocalíptica -todo hay que decirlo-, lo único que alcanza mi vista es la ropa tendida porque, más que revueltas ideológicas, contemplo sesos escalfados, la nueva especialidad de unas sociedades civiles cada día más apergaminadas, domesticadas e inertes. Así que, de revoluciones, ni hablar del peluquín… Ni en microscopios, ni en trigonometría, ni en la pintura, ni en el cine, ni en la música; a lo máximo que podemos aspirar es a comernos un mojón. Aunque pensándolo bien, intentaré consolarme concluyendo con que todavía es pronto y que el momento crítico no ha hecho más que empezar, que todavía hay cierta esperanza y que, de la imaginación de los hombres, nuevos gérmenes brotarán para alimentar nuestro pasar…
Resumiendo. He estado dos meses sin acudir a una librería y, cuando me doy un garbeo por algunas, me encuentro con los mismos títulos de siempre y el mismo centímetro de polvo cubriéndolos… ¿Acaso no hay escritores e ilustradores que rompan esta monotonía? ¿Acaso no hay editoriales dispuestas a arriesgar en beneficio de la literatura?
Seré rotundo: QUIERO VIBRAR LEYENDO.

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