viernes, 30 de diciembre de 2011

Fin de año odiando a los libros



A los que odian los libros.

Los que disfrutamos leyendo, desempolvando las palabras que otros han escrito, nos creemos con el derecho moral de aleccionar a los demás, de animarlos a la lectura para, de este modo, ganarse el cielo cultural, ese al que aspiramos los culturetas de tres al cuarto. Y así pasa, que de vez en cuando nos dedican un pedo que concentra toda la humildad del universo.
Tanto lector empedernido, ejerza este de profesor de literatura malpagado, poeta frustrado, melancólico anónimo y psicópata de biblioteca, empieza a emanar cierto tufillo insoportable que es imposible de mitigar. Creo que debemos empezar por dejar de lado lo divino y optar por lo humanoide, mucho más lúbrico y placentero que andar con Proust debajo del sobaco.
No es que sufra de brotes esquizoides. No. Lo único que sucede es que, como esa malsonante rima infantil que reza “Rebota, rebota, y en tu culo explota”, he considerado oportuno ejercer como voz crítica de unos y abogado del diablo de otros, no sea que con tanta erudición superlativa se nos olvide que todos pisamos la misma mierda del mismo perro en el mismo pavimento.
En este año que despedimos dentro de unas pocas horas, he creído conveniente hacer un guiño a todos aquellos que no soportan limpiar el polvo de los libros, su peso, la cantidad de lugar que ocupan y las horas que hay que invertir en desentrañarlos como se merecen. A todos aquellos que sí valoran el poder calorífico que encierran sus páginas, el lomo dorado de las enciclopedias que engalanan sus estanterías, y su inestimable ocupación como paraguas, pisapapeles y calzador de mesas cojas. Para todos los que ven al libro como un mero objeto estúpido e insustancial que, por más que lo miren, no les transmite ni la más mínima compasión, les recomiendo El pequeño libro rojo de Philippe Brasseur (editorial Océano), porque seguramente hará las delicias de todos ellos mientras comprueban como, sin compasión, un pequeño libro rojo es injuriado a base de las más osadas perrerías.
Y porqué no, también recomendárselo a ustedes, aquellos que aman los libros, en esta última reseña del año, para que piensen en las maldades de los libros… y también en sus bonanzas.
¡Feliz año 2012 desde el sitio donde viven los monstruos!

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Letra a letra



Las palabras mueren cuando nadie las pronuncia. Por ello, utilizando como excusa el Letra a letra de Angels Navarro (editorial Combel), les hago llegar un abecedario elaborado a partir de palabras poco usadas de la lengua española... Para que las soplen en voz alta estos días y sigan así volando entre nosotros…

A de ábrego
B de bieldo
C de cercha
CH de chozpar
D de dogal
E de emolumento
F de filfa
G de guedeja
H de hollejo
I de imbornal
J de jarrete
K de kirie
L de laya
LL de lleco
M de mufla
N de neguilla
Ñ de ñaque
O de opal
P de pando
Q de quersoneso
R de robla
S de sibila
T de talabarte
U de ubrera
V de ventalle
X de xerocopia
Y de yuntero
Z de zarco

viernes, 23 de diciembre de 2011

Felicitación navideña para anti-navideños



Como cada año ya ha llegado la Navidad. Con sus excesivos adornos, la ingente cantidad de compromisos, la descomunal cantidad de comida y bebida, y, cómo no, las espuertas de billetes que gastar, aunque ya hablan las encuestas de que, durante la de este año, seremos más cautos es eso de derrochar…
He de confirmarles que me gusta esta época del año, más que nada porque forma parte de nuestra cultura y desprende un mensaje exquisito. Lo siento por todos aquellos progres, apóstatas y engendros varios que se dedican a menospreciar esta fiesta con la excusa de que está abanderada por los curas y algunos motivos de naturaleza judeocristiana… Me la suda por completo… Adoro los villancicos, el sonido de la zambomba, el sabor del turrón blando, también el del duro, las felicitaciones, que me pidan y me den el aguilando, ir de belén en belén, compartir un vaso de zurra, beberme otro de mistela con algún mantecado, pensar en qué le pediré a los reyes magos e incluso en quién será mi inspiración para alguna que otra inocentada. Todo eso tiene que ver con la navidad, todo ello forma parte de nuestra tradición, de nuestro pasado, de la identidad, y por ello hay que preservarlo.
Me da igual que la Iglesia se dedique a impartir doctrina aprovechando la coyuntura. Me da igual que me tachen de incongruente o de cínico (¡tantas veces lo hacen!). Creo que hay que preservar lo que es bueno, lo que tiene sentido, lo que merece la pena. Y, a mi juicio, la Navidad es una de esas cosas.
Y como todas las navidades, les envío una felicitación en forma de libro… Y entre los títulos que he barajado, me he decantado por uno editado por Lóguez y que lleva por título Cuando yo hice de María (Jutta Richter y Jackie Gleich), por varias razones… Primera: es un álbum ilustrado ambientado en adviento; segunda: es tierno pero no roza la cursilería, ni el dramatismo, ni la tristeza, cosa en la que sí desembocan otros; tercera: el misterio como recurso narrativo en las ilustraciones; cuarto: un mensaje que encuadra con cualquier bando (a veces la política lo desvirtúa todo… y uno ha de hilar muy fino.).
¡Felices Pascuas!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Dos en uno









Aunque aspirar al súmum de la reseña lijera no es una de mis prioridades, creo fehacientemente que la de hoy se merecería tal honor (qué tonterías digo…), ya no por el lenguaje que utilizo y que intento cuidar siempre, ni tampoco por el hilo conductor que lleva hacia el libro, sino por la idea que la sostiene: aprovechando un poema que aparece en Los versos del libro tonto, de Beatriz Jiménez de Ory y último ganador del Premio de Poesía Cuidad de Orihuela, les lanzo Redondo, una de las últimas creaciones del casi-paisano Pablo Albo ilustradas por Lucía Serrano (editorial Thule). Dos en uno, ¿quién da más?


Mi amor por ti es mayúsculo,
Amiga coleóptera.
Rojísimas tus alas
Iguales al crepúsculo.
Quiero un deseo mágico,
Único: que me quieras.
Inténtalo, ¿lo harás?
¿Te reirás de mis súplicas,
Amadísima insecta?


Beatriz Jiménez de Ory.
Acróstico esdrújulo.
En: Los versos del libro tonto.
Ilustraciones de Paloma Valdivia
2011. Pontevedra: Faktoria K de Libros.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Clásicos básicos en época de crisis











Advertencia: Aunque un servidor desarrolla su labor en este espacio de manera altruista y desinteresada, con el único fin de engrandecer un género chico de la Literatura, le gustaría que las editoriales y los autores tuvieran consideración con esta ardua labor de destripar texto e ilustraciones, y le ayudaran un poquito enviándole ejemplares de los libros que ellas/os crean oportunos o que el aquí firmante les solicita, más que nada para que, con este gesto amable y de tan poca repercusión económica sobre sus ganancias, uno se sienta valorado y agradecido.

Aunque el mercado del libro-álbum se haya diversificado enormemente de unos años a esta parte, cada vez que acudo a una librería, sufro un paralís al ver la cantidad de mierda que se amontona en los expositores… Se ve que en plena crisis, la imaginación también corre a cargo de los bancos, los tipos de interés y las agencias de calificación, los tres pilares básicos de cualquier sistema capitalista…, como el de las editoriales.
Cada editorial tiene su política, esa que repercute en los lectores, y de paso, en las ventas: lo que interesa. Mientras unas apuestan por la diversidad de títulos, otras por autores noveles, algunas por exprimir hasta la saciedad los productos que producen ganancias y las menos por la reducción de los precios, están esas otras que deciden no exprimirse el limón, sacar a la luz libros clásicos de autores de renombre y esperar a que escampe el temporal de la manera menos arriesgada posible. Este es el caso de Kalandraka, editorial conocidísima en este mundillo, que con buen criterio, ha parido en el último año unos títulos zoológicos muy reseñables como los siguientes:

Críctor, de Tomi Ungerer: Perros, gatos, jilgueros… Hay mascotas de todo tipo, pero esta se lleva la palma. Un clásico de poco colorido con un toque de humor y mucha animación para chicos inquietos.

Tío Elefante de Arnold Lobel: Del autor de Sapo y Sepo, aquí tenemos otra historia muy humana y con gran sentimiento protagonizada por animales… Del estilo de Nana Vieja (uno de mis favoritos…)

El paseo de Rosalía de Hutchins Pat: Un clásico de la LIJ que narra la historia de una gallina despistada que es perseguida por un zorro poco afortunado. De ilustraciones bidimensionales y coloristas, este álbum dinámico, trata al lector como espectador y receptor.

Correo para el tigre de Janosch: La típica historia de Janosch a caballo entre el nonsense, lo absurdo y las situaciones infantiles ubicadas en un contexto adulto. A veces enternecedora, a veces hilarante.

El tigre que vino a tomar el té de Judith Kerr: Uno ha de saber a quien invita a tomar el té, más que nada porque puede aparecer un inesperado tigre que se lo zampe todo y organice un desastre descomunal…

jueves, 15 de diciembre de 2011

Intolerancia encubierta de modernidad



El vómito se me viene al gaznate cuando los medios de comunicación hacen públicos todo tipo de estudios que miden el nivel de modernidad del ciudadano de a pie, haciéndonos creer lo bien educados y respetuosos que somos… Tanto, que estoy harto de conversaciones de este tipo:
- Ay, nena… Tendrías que ver a mi Jesús… ¡Qué buen chico tengo!… Es tan majo que tiene un amigo negro, otro moro y otro chino… No hay quien le gane a respetuoso…
- ¡Qué bien, Chari!... Pos mi Yoni ahora se junta con el maricón de la clase y la orientadora le va a dar la medallica al alumno del mes… ¡Qué bien educao lo tengo!
Lo verdaderamente triste de este sentimiento que se generaliza entre la ingente masa, es la hipocresía de la que mama… Créanme, todavía no estamos preparados para hacer frente a esa sociedad plural que todos los progres del globo nos quieren vender, más que nada porque la envidia prima en este planeta y la solidaridad se vende como un reclamo más del capitalismo abyecto que nos consume…
El rechazo a lo diferente, a lo minoritario, es el pan de cada día… En la cola del supermercado, en el aula de 1º A y en las reuniones de trabajo, toparse con alguien diferente, siempre, en un primer instante, despierta un cierto recelo… Y quien diga que no, es sencillamente necio.
Por todo ello y para seguir con esas lavativas cerebrales con las que desde todos los rincones de la esfera cultural nos bombardean esperando concienciarnos contra la barbarie de nuestra naturaleza, les dejo con un libro-álbum clásico francés del año 76, que, aunque en el aspecto técnico no es nada reseñable, habla metafóricamente de un tema peliagudo y muy necesario: la identidad sexual. Julia, la niña que tenía sombra de chico, un trabajo de Christian Bruel, Anne Galland y Anne Bozellec, y editado por El jinete azul, a pesar de tener un hilo conductor, para mi gusto, algo lioso, es altamente recomendable -sobre todo para adultos-, no sólo por la temática, sino porque esta es tratada desde una perspectiva doble y realista que nos hace dudar, como en la vida, sobre lo que somos y lo que queremos ser.

jueves, 8 de diciembre de 2011

De españoles e ingleses





Recién llegado de otras latitudes y asombrado por la cantidad de baba que corría estos días por las alfombras del Congreso de los Diputados, me creo con el derecho de comentar al unísono dos idiosincrasias tan distintas como la española y la inglesa, y de paso, relatarles algo de mi viaje…
Se ve que es hora de untar con jabón a todo aquel con el que compartamos escaño, y así pasa, ¡menuda fiesta de la espuma liaron ayer Don José Bono y compañía…! Cortas se quedaron aquellas míticas de Pachá, comparadas con la que ayer se gastaron sus señorías a costa del aniversario de nuestra carta magna… Y lean: no me extrañaría que, a tenor de unos contribuyentes exprimidos, la acompañaran con tripas de uro en salsa de miel y otras exquisiteces propias de las escupideras romanas… Lo que sí quedó más que claro son las tremendas ganas de figurar de algunos y la poca dignidad de otros, costados ambos de una política absurda y clasista. Y así, como si de una pintura abstracta se tratara, la cámara alta nos regala la misma imagen, legislatura tras legislatura: políticos dedicándose todo tipo de agasajos y caricias que, en vez de redundar sobre la patria, ese concepto que tanto odian los de dentro y tanto aman los de fuera, envilecen sus mismas almas.
Para patriotismo el de los hijos de la Gran Bretaña, hombres y mujeres que reparten orgullo nacional a manos llenas, no sólo en lo que se refiere a política, belicismo o ciencia, sino también en literatura y otras artes, leamos museísticas o musicales. Como ejemplo tomemos su LIJ… No hartos de producir ediciones limitadas -para regalar o limpiarse el ojahio- de sus libros para niños, son capaces de adaptarlos al cine o el teatro, hecho que queda reflejado en los más de ocho musicales inspirados en literatura infantil inglesa que llegué a contar en las vallas publicitarias de espectáculos navideños. Y no crean que les hablo de títulos clásicos, no, sino de otros mucho más modernos como El muñeco de nieve de Raymond Briggs un álbum ilustrado con solera y calidad, o la Matilda de Roald Dahl, suficientemente conocida en el mundo de las letras infantiles.
Gestos como estos, aunque sobrados de chovinismo, hacen grande a una nación, la aúpan y crean un sentimiento unido y solidario que empuja a mantener viva una cultura y, de paso, otras parcelas de la vida, porque, sólo aquel que ama el pedazo del mundo que pisa, es capaz de extender ese sentimiento a otros confines de este vasto planeta.
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