martes, 9 de octubre de 2012

"Deprisa" cuando debería ser "despacio"




Me molesta decir esto: echo de menos las vacaciones... Esa tranquilidad virtual que lo envuelve todo. Ese largo transcurrir de los minutos que, tras septiembre, queda resumido en un mero instante. Ese que sabe a salitre. Ese que sabe a tomate y melocotón. Ese que se oculta tras el horizonte del mar… Porque ahora ha llegado el trajín, el tiempo que escasea, las prisas y carreras que nos llevan a un ritmo frenético durante el que no tenemos asueto, ni paradas, ni descanso.
El otoño se presta a los pensamientos y mi cerebro vive suspendido en una nube de ideas que necesitan materializarse en una jornada de veintiséis horas. A veces veo andar las agujas del reloj más rápido que mi vida, y son otros los que me empujan a perseguirlas… Aprovechar hasta el último momento entre las sábanas, desayunar a la velocidad del sonido, correr hasta el puesto de trabajo, currar, regresar de inmediato y preparar la comida, engullir y marcharse a otros quehaceres que, aunque ociosos, necesitan atención y alta capacidad de concentración, para llegar al anochecer un tanto rendido y comenzar de nuevo ese ciclo diario que acarrea esta vida asfáltica que llevamos, es casi una parodia de lo que todos esperamos del porvenir.
¿No sería mejor un mundo sin prisas?
Afirmativo.
Es preferible ir contracorriente y decantarse por un mundo más lento que nos permita disfrutar de esa vida de cinco tenedores que nos merecemos, aunque seamos pobres (el mayor de nuestros problemas… je, je, je). Por ello, tomen buena nota de Néstor, ese niño sin prisas cuya historia nos cuenta Lucía Serrano -¡cuánto me gusta esta chica!- en su pequeño álbum ilustrado ¡Qué niño más lento!, ganador del 13º premio “A la orilla del viento” de Fondo de Cultura Económica, y no hagan caso de los segundos, horas y meses que, a modo de granos de arena, se dejan caer con aplomo sobre nuestra finita felicidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creo que lo mismo puede aplicarse a una "educación lenta" que permita que los conocimientos se asienten y se posen, sin correr desaforadamente tras el programa.
Carmen

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