lunes, 1 de octubre de 2012

Derecho de réplica




Aunque les parezca increíble, hoy he de ponerme serio.
Si mal no recuerdan los que me siguen con frecuencia, durante la semana pasada, utilizando como excusa los Cuentos de Chejov, realicé una crítica sobre la situación poco deseable que están sufriendo la mayor parte de los funcionarios de este país, entre los que me incluyo, abanderando así la necesidad de realizar una serie de ajustes y recortes presupuestarios dentro de la clase política, otra (si no la mayor…) de las causas que han desmoronado la estructura económica española.  
He de hacerles partícipes de que, a tenor de ello, durante el pasado fin de semana he recibido en mi correo electrónico personal sendos mensajes un tanto amenazantes, suscritos por dos partidos políticos de distinto signo (para que luego digan que aquí no hay democracia… sigo con mi acidez, que espero no me llegue nunca al píloro), a los que contesto hoy con esa educación prusiano-espartana que recibí en la niñez…
En primer lugar, señalar que me siento halagado de que presten tanta atención a mis palabras, esas que les punzan los tuétanos. ¡Ojalá sigan entrando a este lugar donde viven los monstruos y se rebocen a sus anchas del barro que son los libros!
 Seguidamente, decir que, el hecho de que se sientan malhumorados, agraviados, e incluso heridos, es una prueba fundamentada de que mi capacidad crítica tiene las contraindicaciones esperadas, lo que me llena de orgullo, no sólo porque he sabido transmitir un mensaje, sino porque he conseguido ese golpe de efecto con el que muchos sueñan, lo que no resta para admitir que siento la ironía que gasto.
Por otro lado, también he de lamentar su incapacidad para autoevaluar sus acciones. No sólo se ponen en evidencia al remitirme mensajes vergonzantes y de tan poca categoría, esa rayana a lo bajuno, sino que dan mayor credibilidad a lo que digo. Es penoso llegar a este punto, ese en el que lindan la libertad, la coacción y la censura.
Por todo ello, añadiendo un toque de literatura a esta réplica, y poniendo punto y final a incidente tan deleznable, les conmino a todos, lectores de cualquier ideología, a leer El disputado voto del señor Cayo, un tirón de orejas que Miguel Delibes dedicó en su día a todos los que creen que la política es la solución a todos nuestro males, incluidos los personales.

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