sábado, 24 de marzo de 2012

Ese añejo sabor...





En todas las latitudes suspiran los viejos aquello de “nada es lo que era…”, una frase muy recurrente que se percata de la evanescencia del tiempo, ese que cambia el mundo, un mundo en el que apenas ya no quedan zapateros, herreros, sombrereros, esparteros o ebanistas… Y entonces, cuando la madera de sabina deje de labrarse, cuando se apague la última fragua, cuando la última hebra de hilo encerado se termine, cuando la última pieza de fieltro no tome forma, será el momento de que Occidente eche la vista atrás y llore contemplando las cenizas de todos los antiguos oficios que dejó morir, esas labores de artesano que han ido sucumbiendo gracias a un verdugo que se ha especializado en fabricar manufacturas de instantáneo consumo, un verdugo llamado capitalismo.

Se me hace extraño pensar que la puñetera crisis económica que tantos puestos de trabajo ha guillotinado, sea ese soplo de esperanza que salve del paredón a decenas de profesiones que tienen un pasado reconocido, un presente inútil y un futuro incierto. Para que en los años venideros, todo lo que se produzca por la mano del hombre, no sólo le sea útil, sino que también tenga ese añejo sabor que invade las cosas bellas.

Y así, las páginas de los álbumes ilustrados, en vez de diseñarse enteramente con los omnipresentes medios informáticos, podrán llenarse de bordados, de encajes, de imágenes talladas, de figuras de bronce, de engranajes de reloj, de retorcidos barrotes de acero, de sombreros de copa, de mimbre trenzada o, simplemente, de trazos a lápiz, la técnica más sencilla, para hacernos soñar mientras leemos.

Selznik, Brian. 2007. La invención de Hugo Cabret. Madrid: SM.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Amueblando


Si hay algo hoy en día más terrorífico que comprarse un piso, es amueblarlo. Adquirir toda suerte de complementos para el hogar, desde la vajilla hasta las cortinas, pasando por la lavadora, el colchón (de viscoelástica, por supuesto) o la escobilla del wáter, es de lo más tedioso que le puede suceder a cualquier propietario. Carreras maratonianas por las tiendas de todo-a-cien, visitas a polígonos industriales y regalos familiares, configuran la decoración de los hogares españoles, cuevas actuales en las que no puede faltar una mesa camilla.


La del calor del brasero,

la que gana por los pies

las batallas al invierno.


La que te abriga las piernas,

y derrota limpiamente

alternativas modernas.


Al darte el calor humano

de convocar en su entorno

a padres, a hijos y a hermanos.


Vieja y amable sibila

de las cenizas y el fuego,

de la copa y la badila.


La de la humilde alambrera

que colocó el carbonero

y ponderó a la alhucema.


Esta que ahora no da

enchufada en un enchufe,

amor de electricidad.

Rosa Díaz.

La mesa camilla.

En: Los versos del Hablamueble.

Ilustraciones de Luis de Horna.

2011. Madrid: Anaya

martes, 13 de marzo de 2012

Reinventando


Dudo mucho que los tiempos hayan cambiado, dado que, de invención, la vida tiene poco… Por mucho empeño que pongamos en idear, diseñar e innovar, siempre se repite la historia. Tomemos como ejemplo la televisión, esa maquina infernal que consume el tiempo como ninguna otra… ¡Se ruega silencio en el plató, que entramos en antena!
La memorable hostia que se zampó la Jenny en “Hombres, Mujeres y Viceversa”, ese escaparate del nivel sociocultural del tronista español, se queda corta frente a la cantidad de perrerías que tres idiotas se gastan con el fin de destrozar piezas únicas del automovilismo... Pensándolo bien, me río, cosa que no sucedía antes de que la televisión digital terrestre llegase a nuestras vidas… Lo máximo en este ranking de estupidez televisiva es ver a un Licenciado en Filología Hispánica guiando a un rebaño de guacamayos en busca de un aspirantón al que despellejar, un cometido más loable que el de ese atajo de madres que buscan pareja para sus Edipos, dejando así en evidencia el omnipresente poder del mangoneo familiar… En fin, siempre nos quedarán concursos inmortales como “Pasapalabra” o ese que presenta Jordi Hurtado plagado de “listismos” y “listismas”… Pero, ¿alguien se ha percatado de que todos estos programas son meras copias de otros que les antecedieron? Intenten adivinarlos…
Y tras este jocoso recorrido por el presente audiovisual con añejo sabor, resumo diciendo que vivimos anonadados ante multitud de productos, engendros e historias que, a pesar de prometernos nuevos sabores y sensaciones, son meras copias de otras que existían hace lustros, por lo que, haciendo gala de inteligencia, es preferirle reinventar los clásicos y dotarlos de un nuevo formato, que exprimirse en limón para dar con algo de mención, lema que ha guiado los pasos del reseñadísimo Anthony Browne en su reinterpretación del clásico popular Ricitos de Oro y los tres ositos, pasándose a llamar Los tres osos (FCE), un buen ejemplo de lenguaje visual, cuidada edición y doble mensaje.

sábado, 10 de marzo de 2012

Bostezando...



(Bostezo) Tengo un sueñoooo… (Bostezo). Así no se puede vivir… (Bostezo). Esto me pasa por crápula… (Bostezo). Seguramente dormitaré en el sofá hasta que algún teleoperador incauto sufra mis desaires… (Bostezo), y al final de la tarde me levantaré para dar con mis huesos en algún rincón que huela a fritanga en el que bostezar acompañado. (Bostezo). Lo peor de todo es el cumpleaños que hay que celebrar esta noche… (Bostezo). ¡Qué pena no poder dormir como los niños al arrullo de una nana!



Niñita de pescadores
que con viento y olas puedes,
duerme pintada de conchas,
garabateada de redes.

Duerme encima de la duna
que te alza y que te crece,
oyendo la mar nodriza
que a más loca mejor mece.

La red me llena la falda
y no me deja tenerte,
porque si rompo los nudos
será que rompo tu suerte…

Duérmete mejor
que lo hacen
los que en la cuna
se mecen,
la boca llena de sal
y el sueño lleno de peces.

[…]


Gabriela Mistral
Canción de pescadoras.
En: Gabriela Mistral para niños y niñas… y otros seres curiosos.
Ilustraciones de Francisco Solé. 2009. Madrid: Ediciones de la Torre.

lunes, 5 de marzo de 2012

Amor en vez de polémica


A lo largo de este fin de semana que nos anuncia una seca primavera -ni a tiros llueve-, he tenido tiempo para pensar en las causas que habrán diezmado los comentarios de este espacio durante los últimos meses… Apuntaba una seguidora que, con total seguridad, se debía a la escasez de polémica… Si bien es cierto que un servidor es bastante mordaz y sabe tocar la fibra sensible de todo aquel incauto que visite estos lares, hace semanas decidí centrarme en la LIJ y dejar apartadas todas las referencias políticas e incandescentes que tanto me gustan, por dos razones que a continuación les argumento.
La primera tiene que ver con la libertad de expresión… A veces no caigo en la cuenta de que muchos de ustedes pueden verse ofendidos con mis palabras, cosa que denoto cuando recibo algún grito malsonante que me hace empalidecer y encomendar mi alma pecadora al Altísimo, no sea que dé con mis huesos en el purgatorio o, lo que es peor, en el patíbulo, sitio muy frecuentado estos días de agitación popular y política, donde un sectarismo efervescente se adueña de todos los círculos sociales, léanse plaza de abastos o clubes de lectura.
En segundo lugar, decir quiero: ¡Mama, quiero ser como el resto de sitios lijeros!... Mientras todos los que vuelcan sus reseñas y noticias de LIJ en la blogesfera ven aumentar sus seguidores y participantes, un servidor se ve relegado a un segundo plano debido a su ¿criticismo?, ¿falta de sensibilidad?... Llámenlo como quieran pero observo que, cuánto más cera se reparte sobre las chepas de autores, ilustradores o editores, más visible es uno, una cuestión de reciprocidad que se acentúa cuando los contenidos se acompañan de clichés, premios varios, temas manidos y cultura de izquierdas (ahora es cuando suena esa de “Los Chichos”… “Libre, libre, quiero ser. Quiero ser, quiero ser libre…”).
Así que, olvidando la polémica que otrora me caracterizó (ja, ja, ja), les dejo con Romeo y Julieta, esa pizca de amor que viene de la mano del enorme Shakespeare y la emergente editorial Casals. Una historia eterna que nos evade de la cola del paro y del poco empleo que se esta creando pese al optimismo de los que llegan y la alegría de los que se van… ¡Manda huevos que siempre paguen los mismos!
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