miércoles, 31 de octubre de 2012

Pueblos... y ciudades



Sé que a más de uno, esta entrada le tocará la rabadilla, pero hace mucho tiempo que tenía ganas de comparar ciudades y pueblos, y no precisamente con la fábula de Esopo La ratita de campo y la ratita de ciudad
Aunque la mayor parte de obras literarias contemporáneas están ambientadas en la ciudad (si bien hay que puntualizar que de un tiempo a esta parte ya no son urbes gigantescas como Nueva York, Londres o Moscú, sino que predominan muchas otras de tamaño medio, esas que se aproximan a las habitadas por el lector de tipo medio), son menos las que utilizan una ambientación rural para dar forma a sus historias, cosa que no entiendo ya que las villas, aldeas y pequeñas localidades tienen tela que cortar.
Aunque no tengo pueblo en propiedad (cosa por la que doy gracias a Dios), sé un rato de ellos. No sólo de casas de cultura y de la juventud, polideportivos municipales, cristos, vírgenes, romerías y economatos, sino de la flora y fauna autóctona, que para eso me licencié en la misma facultad que Ana Obregón.
La gente de pueblo se siente orgullosa de serlo, más por vacilar que por disfrutar, porque bien es sabido que el pueblo sólo lo mentan cuando tienen que hablar de chorizos, gachas, ajo mataero y otros productos que hacen sufrir a la vesícula biliar, porque de otro tipo de actividades, no dicen ni mu. También es curioso que todos aman su pueblo por encima de todas las cosas, sobre todo si los impuestos municipales son menores que los de la ciudad en la que residen, lo que les permite gastar en albóndigas del Mercadona y especular con el precio de la vivienda en la capital, cosa que les agradecemos sobremanera… Lo mejor viene con los móviles, los reproductores de audio o las tablet, productos de primera necesidad que afianzan estrechos lazos de parentesco que unen a toda la localidad, esos en los que prima la cosanguineidad y la envidia, dos motivos más que válidos para engañarte a manos llenas cuando preguntas dónde se pueden coger níscalos o espárragos trigueros… ¡¿Quién dijo que en los pueblos no están a la última moda que lo hincho?! ¡Pasen y vean! Piercing, tatuajes, dilataciones y hasta ablaciones de clítoris son el pan de cada día en los centros escolares rurales, un gran reclamo para ciervas y ciervos en edad de merecer y aumentar la tasa de fecundidad entre adolescentes rurales…
Ante semejante panorama, no se extrañe de que Armin Greder -¿recuerdan al autor de La Isla?- haya hilado con sus fantasmagóricas ilustraciones un álbum ilustrado que pone el vello de punta y aboga por la defensa a ultranza de La ciudad (Océano Travesía) como centro de sociabilización del ser humano.
P.S.: ¡Y Feliz Halloween! (Aunque sean de pueblo…).

lunes, 29 de octubre de 2012

Novedades con parecido razonable (2)



Tras un fin de semana en la Córdoba española sufriendo sus tortuosas calles, que además de caóticas son automovilísticamente intransitables -¡un tráfico horrible!-, disfrutando de largos paseos y degustando todo tipo de tapas (destacando las clásicas de salmorejo, flamenquines, tortilla y croquetas), regreso con esta sección que me he sacado de la manga para comparar las novedades en el género del libro álbum con lo que a mi se me ocurra, que puede ser mucho… o poco.
En el día de hoy se me ha ocurrido buscar similitudes y diferencias entre El Bunyip, una de las obras de los australianos Ron Brooks y Jenny Wagner que Ekaré ha editado recientemente en nuestra lengua, y Frankenstein o El moderno Prometeo de Mary W. Shelley (si desean que cite alguna de sus variadas ediciones, les diré que me quedo con la de “Tus Libros” de Anaya).
Aunque podría parecer impensable que un álbum ilustrado se pareciese a una novela, El Bunyip deconstruye esta idea preformada en la mente de cualquier acérrimo profesor de Literatura. Basándose en las mismas dos premisas que la obra de Shelley, la búsqueda de la identidad y la necesidad de los iguales, esta obra para niños ahonda en el viaje interior de un animal, aparentemente único en la fauna australiana (siempre hay buenas excusas para instruir a los lectores en cuestiones zoológicas que no abundan en muchos libros… El pudding mágico y alguno más…), que necesita saber quién es.
Evidentemente ni qué decir tiene que un libro de escasas treinta y dos páginas no puede llegar nunca al entramado de posibilidades interpretativas y nivel de detalla que una de las obras cumbre de las letras universales, pero sí es, gracias al preciosismo de unas ilustraciones elaboradas a tinta y aguada, a cierta cadencia secuencial y cíclica de las escenas, y al ya consabido recurso de la retahíla y la repetitividad de los que se nutre la LIJ, un hermano pequeño del entrañable monstruo de Shelley en el que todos nos miramos cuando no nos comprendemos.

viernes, 26 de octubre de 2012

Dietas infantiles (3)



Y para terminar con este recorrido gastronómico atestado de quejas y pataletas infantiles que nos ha traído el lluvioso mes de Octubre, les traigo los últimos versos de esta breve antología con la esperanza de que, como a muchos nos ha pasado, las papilas gustativas se hagan más permisivas con los años y los niños del hoy puedan disfrutar con los sabores del mañana.

¡Estoy tan cansado
de desayunar
estos cereales
de nunca acabar!

Todas las mañanas
la misma canción:
yo, medio enfadado,
y mamá, peor.

Luego al mediodía,
otra discusión:
¡no quiero lentejas
que me hagan mayor!

Si mamá quisiera
darme alguna vez
tantas cosas buenas
que hay para comer…

Desayunaría
fresitas con nata
y yogur de luna
todas las mañanas.

Luego al mediodía,
un rayo de sol
(¡con patatas fritas
es mucho mejor!).

Cenaría siempre
estrellas asadas
y flecos de nube
en vez de ensalada…

¡Si mamá quisiera
dejarme probar
el zumo de lluvia
para merendar!

Teresa Broseta Fandos.
Zumo de lluvia.
En: Zumo de lluvia.
Ilustraciones de Joaquín Reyes.
2006. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Folletín pornográfico




Tras una caída libre desde la estratosfera, varios días de ¿huelga? estudiantil, dos comicios nacionalistas, y tres mil tonterías noticiosas más, nos vamos a meter en harina de la buena (no como esa con la que se amasa la basura transgénica que nos venden en forma de baguette pre-cocida) y vamos a hacer apología de la hormona a base de porno leído, que da más juego que el protagonizado por Nacho Vidal, últimamente relacionado con la mafia china (¡Qué vergüenza! ¡Nuestro semental patrio metido a mamporrero oriental!). Comienzo…
No hay ama de casa, madre de familia, novia bien avenida o mujer trabajadora, que se haya resistido a Cincuenta sombras de Grey, el petardazo editorial del 2012; lo que bien vale una reseña en este espacio que tiene cabida para todos los monstruos, aunque estos vayan más repeinados que Clark Gable, vistan trajes impecables empapados en perfume del caro, seduzcan a lo Michael Corleone y gasten un cimbrel con venas como colas de lagartija.
Existen varias lecturas en este éxito ¿inesperado? que deja claro que a las marujas también les va la marcha, sobre todo si esta viene de la mano de un hombre que tiene más parecido con el protagonista de American Psyco que con cualquier moña romanticón que desconozca que es el “fisting anal” o el “bondage extremo”. Insinúa así su avispada autora, E. L. James, que toda mujer que se precie, vive sin vivir en ella cuando un macho la empala hasta el duodeno y se rinde así a las artes amatorias en vez de a su intelecto, el propio del madurito calentón con fama de follapavas que las deja extasiadas con tanta imaginación erótica. Cosa que entiendo dado que muchas consideran el discurso feminista un tanto anticuado y obsoleto. Regresa la mujer objeto que ansía ser sodomizada en un potro de tortura para más tarde pelarle la naranja al marido, antes que hincharse a trabajar, pelarle ¡también! la naranja al marido y quedarse con las ganas.
No se muestren boquiabiertas y ofendidas, es mejor sonreír y admitir que se ponen a tope con los pasajes ardientes de este folletín pornográfico, antes que airear sus desavenencias sexuales en la puerta del colegio.
¡Literatura íntima! ¡Bendita seas!

lunes, 22 de octubre de 2012

Novedades con parecido razonable (1)





Comienzo esta sección de presentación de algunas novedades, a tenor del parecido razonable que muchas de ellas tienen con otras obras de la LIJ, bien sean noveladas o ilustradas, que lo mismo da, que da lo mismo. Esto no quiere decir que esté denunciando un plagio evidente, ya que, como casi todo lo que se reseña en este lugar, todas ellas tienen motivos de calidad que las hacen, si no imprescindibles, sí especiales.
Lo que también deben de notar es que, cuando se han leído muchos libros, es inevitable que unos recuerden a los otros ya que, la literatura, como cualquier otro proceso inventivo, está basado en los pasos y avances que los primeros dan respecto a los segundos, por lo que la creación se convierte en un entramado temporal y miscible de haceres e ideas, que no sólo consiste en revolucionar los paradigmas, sino en mejorar y actualizar las creaciones de otros que siguen funcionando entre los lectores.
La primera de estas obras otoñales con semejanzas es El soldado de plomo, del ganador del Premio Internacional de Ilustración Feria de Bolonia-Fundación SM en su edición del año 2011, Page Tsou, que como bien supondrán es una adaptación ilustrada del clásico de H. Ch. Andersen, El soldadito de plomo, remezclado con imágenes, tipografía y traducciones unas centenas de veces, entre las que también recomiendo El soldadito de plomo de Jörg Müller (Lóguez).
Además de señalar la calidad de la edición, en la que destaca el diseño de las tapas (exquisito, atractivo y con gran reclamo comercial), el formato y  la tipografía, hay que hacer un larga pausa para analizar unas ilustraciones que, además de imprimir ritmo narrativo a la historia, nos permiten descansar en cada una de ellas por diferentes motivos como son: la gama de colores cálidos que presentan (sólo he encontrado un color frío, el verde), los detalles que se camuflan en ellas, cierto aire nostálgico a caballo entre los años setenta y ochenta, y esa doble lectura que permiten, en la que el pacifismo final vence al cuento clásico inicial.
Aunque prefiero la adaptación de Jörg Müller, esa en la que se prescinde de las palabras, en la que las ilustraciones poseen un lenguaje más cinematográfico, donde el argumento narrativo está ambientado en nuestros días, y en la que el mensaje es más próximo al niño (materialismo versus utilitarismo), diré que ambas realizan un gran trabajo de reinterpretación, que al fin y al cabo, es de lo que se trata, de seguir caminando.

viernes, 19 de octubre de 2012

Dietas infantiles (2)




Está clarísimo que las papilas gustativas de los niños -como el resto de su organismo- necesitan madurar para poder apreciar los placeres de la comida, lo que no exime para no acostumbrarlos a comer adecuadamente, prescripción facultativa que pocos padres tienen presente, ya que muchos prefieren atiborrar a los hombres y mujeres del mañana con todo tipo de grasas saturadas, bollería industrial, productos cárnicos y galguerías de todos los colores, en vez de incluir en el menú semanal pescado, fruta y verdura.

Es el niño del ter-0
carnívoro cual ning-1
y antes de su desay-1
va a comprar al carni-0.

Apunta con lapi-0
los productos desea-2:
salchicón, empareda-2,
farinato, cabe-0.

Baja por la calle El Br-11,
detrás de la esteti-100,
pasa por el todo a 100
junto al puesto de la 11

Y llega al puesto de Br-1,
número cuarenta y 3,
que descansa, sin es-3,
porque no hay cliente alg-1.

Con el cuchillo de a-0
y movimientos pausa-2
corta las piezas en da-2
mientras cae un agua-0.

Y calado hasta los co-2
compra, a la vuelta, un bizc-8,
lo mira y, aunque está p-8,
lo paga de todos mo-2.

Con los dientes afila-2
de masticar embuti-2,
a la playa, dando aulli-2,
va a hacer dieta de pesca-2.

Raúl Vacas.
Niño frío. Rimas con números.
En: Niños raros.
Ilustraciones de Tomás Hijo.
2011. Madrid: SM.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Emigrantes aventureros



No me extraña que muchos se hayan decantado, como bien claro ha dejado el INE, por abandonar nuestras fronteras y seguir los pasos de esos triunfadores con los que nos bombardean desde “Españoles por el mundo” –N.B.: Creo que sería mucho más práctico hacer gala de las miserias que sufren nuestros compatriotas en otros lares, hacer saber que no es oro todo lo que reluce, y evitar así las corrientes migratorias, he dicho-.
Bien pensado, todo este tipo de engendros viajeros, además de favorecer el turismo internacional, tienen un componente educativo basado en los clichés de medio mundo que, como las novelas de aventuras de Verne, Rider Haggard, Mayne-Reid o Salgari, invitan a salir a los jóvenes que anhelan vivir en otros derroteros.
Hoy en día, en vez de internarse entre callejuelas sinuosas, capitanear barcos veleros, reparar engendros mecánicos y hacerse hueco entre lianas boscosas, los Indiana Jones del “laptop” y la ropa de Zara, se abastecen de paradas de metro, compañías aéreas de bajo coste, whatsapp y otras comunicaciones vía satélite, que bien mirado, ofrecen menos sorpresa y más cercanía. Esa vida moderna que permite currar en empresas extranjeras mientras nos creemos postrados en el sofá de nuestro salón rascándonos las peloticas, aunque sea por mera necesidad, todo sea puntualizado.
Lejos de necesidades laborales y del poco futuro que vislumbro entre las calles que paseo, soy de los que prefiere coger un clásico de aventuras y dejarse llevar por entre sabanas, desiertos pedregosos, leyendas ocultas, tribus de cosacos, mongoles o pigmeos, ríos caudalosos y todo tipo de avifauna exótica. Por ello hoy les invito a recuperar esos libros que, obsoletos y polvorientos, siguen alimentando los sueños de muchos. Por lo que si me lo permiten, les diré que aventuras hay en todos lados, hasta en el sillón del propio hogar.

lunes, 15 de octubre de 2012

Editoriales "lijeras" en televisión





Al abrigo de una huelga de estudiantes de la que prefiero mantenerme al margen y de la serie de “acertadas” declaraciones políticas que han calentado la Pilarica como si de  jotas de estilo malsonantes se tratasen (un servidor prefiere las de Andorra, Huesca o, en su defecto, “Los sitios de Zaragoza”), he decidido redactar una de esas entradas noticieras que tanto gustan a la comunidad lijera…
Hace, más o menos, una semana, el telediario de la primera cadena de TVE se hacía eco del “Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial” que ha recibido Kalandraka, esa editorial de literatura infantil y juvenil que todos conocemos, durante el presente año. Aparte de deshacerse en elogios, hacer un recorrido histórico de esta empresa, dar cera, pulir cera y vender la moto, la información hacía alusión al duro trabajo que supone comercializar un producto minoritario, el libro, en este caso dirigido a un público muy exigente, los niños.
A mi juicio, el éxito de Kalandraka se debe a una serie de factores -lejos de la publicidad, distribución y venta- entre los que se cuentan:
-          Apostar por ediciones en lenguas co-oficiales, sobre todo en gallego, retomando así la labor que durante la Transición comenzaron las pequeñas editoriales catalanas que intentaban aupar la cultura de cuño nacionalista.
-          Realizar una selección de títulos que aúnen, tanto obras actuales de factura nacional, como grandes clásicos contemporáneos que habían quedado descatalogados durante mucho tiempo.
-          Ocupar una parcela que había quedado abandonada tras la desaparición de las grandes casas editoriales de LIJ de los años ochenta y primeros noventa como Miñón o Altea.
Y para la dar la enhorabuena a esa editorial que jamás me remite ejemplares (ni solicitándolos formalmente), aquí les dejo con dos de sus novedades para este comienzo de curso, el manifiesto feminista firmado por Nella Bosnia y Adela Turín en Rosa Caramelo, y el simpático y simiesco viaje interior propuesto por el aclamado Anthony Browne en ¿Cómo te sientes?
Y si no tienen bastante literatura infantil por hoy, pásense por Google y disfruten del animado “doodle” con el que el citado portal de búsquedas ha querido deleitarnos en el 107º aniversario de la aparición de la primera tira del cómic Little Nemo in Slumberland en el New York Herald.

jueves, 11 de octubre de 2012

Leer en verano





He caído en la cuenta de que no les he hablado de las lecturas que me han acompañado durante el estío, un gran fallo que prefiero solventar con la mayor celeridad posible… ¿Por qué no hoy?
Se ve que a todo el mundo le da por leer en verano… Bajo la sombrilla, en el borde de la piscina, en la cola del paro… ¡Cualquier sitio es bueno para olvidar el calor sumergiéndose en las páginas de un libro! Una cuestión que bien recogen todos los estudios de mercado de las grandes editoriales (¿sabían que el 80% del mercado editorial español –por no decir iberoamericano- está controlado por cuatro casas editoriales?), ya que no hay ni librería, ni papelería, por pequeña que sea, que prescinda de una serie de títulos publicitados a bombo y platillo como “lecturas veraniegas”, esas que también incluyen la mayor parte de los suplementos/programas literarios de cualquier periódico, televisión o cadena radiofónica.
Aunque el negocio del papel, una materia prima mancillada hasta la extenuación desde tiempos inmemoriales, se aproxima a su fin gracias a la digitalización de todos los contenidos para los que sirve como soporte, todavía tiene bastante cuerda, aunque sólo sea entre nostálgicos, fetichistas y despistados lectores, lo que muchos escritores agradecerán con tal de vender su morralla, que en vez de aderezar una buena fideuá, sirve de colchón intelectual durante las tardes veraniegas. He aquí los ejemplos con los que se ha despachado un servidor:

Rosa cándida de Auður Ava Ólafsdóttir (Alfaguara). A caballo entre la “road movie” y el cine nórdico, ese que adolece de intimista y contemplativo, este viaje iniciático de un Edipo adolescente que a la vez que huye, intenta encontrarse consigo mismo, con su hija y la mujer que ama. Evocador, extraño y a veces, cargante.

Un viaje de diez metros de Richard C. Morais (Seix Barral). Este entretenido sueño americano a la europea de un cocinero indio, sin grandes expectativas y fácil de leer, es de lo mejorcito del verano, tanto que se  llevará a la gran pantalla próximamente. ¡Sigue creciendo el binomio literatura y cine!

Jesús me quiere de David Safier (Seix Barral). En una palabra, insufrible. De lo peor que he leído en mucho tiempo. Humor para beatos y gente básica (en el sentido intelectual de la palabra). Me recuerdan a los monólogos de la Paramount Comedy a la europea… Lo dicho: córtense las venas.

martes, 9 de octubre de 2012

"Deprisa" cuando debería ser "despacio"




Me molesta decir esto: echo de menos las vacaciones... Esa tranquilidad virtual que lo envuelve todo. Ese largo transcurrir de los minutos que, tras septiembre, queda resumido en un mero instante. Ese que sabe a salitre. Ese que sabe a tomate y melocotón. Ese que se oculta tras el horizonte del mar… Porque ahora ha llegado el trajín, el tiempo que escasea, las prisas y carreras que nos llevan a un ritmo frenético durante el que no tenemos asueto, ni paradas, ni descanso.
El otoño se presta a los pensamientos y mi cerebro vive suspendido en una nube de ideas que necesitan materializarse en una jornada de veintiséis horas. A veces veo andar las agujas del reloj más rápido que mi vida, y son otros los que me empujan a perseguirlas… Aprovechar hasta el último momento entre las sábanas, desayunar a la velocidad del sonido, correr hasta el puesto de trabajo, currar, regresar de inmediato y preparar la comida, engullir y marcharse a otros quehaceres que, aunque ociosos, necesitan atención y alta capacidad de concentración, para llegar al anochecer un tanto rendido y comenzar de nuevo ese ciclo diario que acarrea esta vida asfáltica que llevamos, es casi una parodia de lo que todos esperamos del porvenir.
¿No sería mejor un mundo sin prisas?
Afirmativo.
Es preferible ir contracorriente y decantarse por un mundo más lento que nos permita disfrutar de esa vida de cinco tenedores que nos merecemos, aunque seamos pobres (el mayor de nuestros problemas… je, je, je). Por ello, tomen buena nota de Néstor, ese niño sin prisas cuya historia nos cuenta Lucía Serrano -¡cuánto me gusta esta chica!- en su pequeño álbum ilustrado ¡Qué niño más lento!, ganador del 13º premio “A la orilla del viento” de Fondo de Cultura Económica, y no hagan caso de los segundos, horas y meses que, a modo de granos de arena, se dejan caer con aplomo sobre nuestra finita felicidad.

viernes, 5 de octubre de 2012

Dietas infantiles (1)




Teniendo en cuenta que somos lo que comemos y que hoy día, pese a la variedad de productos que nos ofrece el mercado, nuestras apetencias son cada día más “especiales”, he concluido en dedicar la entrada poética de los viernes del presente mes al infinito mundo de la gastronomía que, tan variopinto como paladares hay en el mundo, nos ofrece menús para todas las bocas.
Les traigo esta mañana, en honor a la guerra, esa que aprieta el cinto, vacía el buche y aligera el peso, unos platos tristes y diezmados, para que echen buena cuenta de nuestra fortuna culinaria…

En la guerra comíamos…
de extraordinario,
piltrafas con patatas o con arroz
los domingos,
en el colectivo comedor.
Los lunes,
lentejas rellenas
de cucarachas pequeñas.
¡Nada de qué horror!
El horror era
que se estaban matando alrededor.

Gloria Fuertes.
Menudo menú.
En: Garra de la guerra.
Selección de  Herrín Hidalgo.
Ilustraciones de Sean Mackaoui.
2002. Paterna (Valencia): Media Vaca.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Volviendo a la infancia




Sin olvidar darles las gracias por todos los mensajes de apoyo que he recibido, seguiré el camino que me marqué el día que inauguré este lugar y prestaré atención a las cosas tiernas que guardan las páginas de los libros, aunque ello me cueste algún disgusto y desavenencia…
A lo que vamos: los que no tenemos pueblo (cosa de la que muchas veces me alegro… mucho alcahueteo y poca diversión…), debemos conformarnos con un pinar cercano, el patio de la vecina o el huerto de algún familiar, sitios donde, por costumbre, suele erigirse un árbol desde el cual divisar, a modo de torre vigía, los dominios de los que, como jóvenes timoneles, solemos apropiarnos en nuestras primeras fantasías. Así, como monos danzarines, pasamos el tiempo encaramados a todo tipo de ramas, buscando sendas entre la maleza, rasgándonos la ropa con espinas escondidas y ensangrentándonos las rodillas con la áspera corteza; en definitiva, descubriendo los rincones que nos regala la infancia.
Porque reñir con nuestro inseparable amigo de perrerías, recibir un buen sopapo como castigo a alguna trastada, atar unas latas al rabo de algún perro para que nos propine un mordisco, o caerse desde lo alto de una higuera, -como el protagonista del libro de hoy, El lugar más maravilloso, de Javier Sobrino con ilustraciones de Esperanza León-, pueden ser circunstancias mínimas que, aunque nos hagan crecer, siempre nos llevan al mismo lugar que nos vio nacer: el regazo de nuestra madre.

lunes, 1 de octubre de 2012

Derecho de réplica




Aunque les parezca increíble, hoy he de ponerme serio.
Si mal no recuerdan los que me siguen con frecuencia, durante la semana pasada, utilizando como excusa los Cuentos de Chejov, realicé una crítica sobre la situación poco deseable que están sufriendo la mayor parte de los funcionarios de este país, entre los que me incluyo, abanderando así la necesidad de realizar una serie de ajustes y recortes presupuestarios dentro de la clase política, otra (si no la mayor…) de las causas que han desmoronado la estructura económica española.  
He de hacerles partícipes de que, a tenor de ello, durante el pasado fin de semana he recibido en mi correo electrónico personal sendos mensajes un tanto amenazantes, suscritos por dos partidos políticos de distinto signo (para que luego digan que aquí no hay democracia… sigo con mi acidez, que espero no me llegue nunca al píloro), a los que contesto hoy con esa educación prusiano-espartana que recibí en la niñez…
En primer lugar, señalar que me siento halagado de que presten tanta atención a mis palabras, esas que les punzan los tuétanos. ¡Ojalá sigan entrando a este lugar donde viven los monstruos y se rebocen a sus anchas del barro que son los libros!
 Seguidamente, decir que, el hecho de que se sientan malhumorados, agraviados, e incluso heridos, es una prueba fundamentada de que mi capacidad crítica tiene las contraindicaciones esperadas, lo que me llena de orgullo, no sólo porque he sabido transmitir un mensaje, sino porque he conseguido ese golpe de efecto con el que muchos sueñan, lo que no resta para admitir que siento la ironía que gasto.
Por otro lado, también he de lamentar su incapacidad para autoevaluar sus acciones. No sólo se ponen en evidencia al remitirme mensajes vergonzantes y de tan poca categoría, esa rayana a lo bajuno, sino que dan mayor credibilidad a lo que digo. Es penoso llegar a este punto, ese en el que lindan la libertad, la coacción y la censura.
Por todo ello, añadiendo un toque de literatura a esta réplica, y poniendo punto y final a incidente tan deleznable, les conmino a todos, lectores de cualquier ideología, a leer El disputado voto del señor Cayo, un tirón de orejas que Miguel Delibes dedicó en su día a todos los que creen que la política es la solución a todos nuestro males, incluidos los personales.
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