miércoles, 23 de enero de 2013

¿Por qué ilustradores orientales?



Durante los pasados días ha corrido como la pólvora en lijeros y lijeras la noticia de que, en la famosa Feria de Ilustración de Bologna (para los despistados geográficamente, apunto hacia Italia…), una cita para cientos de artistas en la que se da a conocer el trabajo de principiantes, profesionales, nuevas promesas y advenedizos para que editores de todos los confines negocien a sus anchas con la mercancía de este gran escaparate, se ha primado la procedencia oriental de los participantes de la selección oficial del 2013. Ello conlleva que entre los elegidos abunden japoneses, coreanos, los procedentes de los países árabes y algún que otro indio… ¿Y occidente? ¿Dónde queda occidente?
Hay dos formas de analizar este “suceso” (Ja, ja, ja… me encanta el misterio…). Por un lado no debemos olvidar que esta feria es una tarta muy suculenta en torno a la cual se manosean muchos billetes, por lo que sus italianos organizadores, que no son tontos y han vendido muchas Vespa®, han creído oportuno dar un giro y presentar al mundo editorial los trabajos poco conocidos de una parte del mundo que quiere emerger y que no está tan explotada como en los países de cultura occidental. En la otra mano tenemos a la crisis económica occidental que ha acarreado una crisis de ideas también occidental… Aunque la proliferación de muchos artistas y diseñadores ha sido abrumadora durante los últimos años, no ha aumentado la calidad de unos trabajos que se basan en una serie de pautas normalizadas que engendran cierto hastío en el mundo editorial; es por ello que el desconocido (no creo que mejor) mundo de la ilustración oriental, acapare la atención, no sólo editorial, sino de estudiosos de la LIJ o lectores de LIJ (el exotismo es lo que tiene).
Lleve razón o no en estas pequeñas consideraciones, cabe decir que en el equilibrio está la clave del éxito de cualquier empresa, llámese esta heladería o feria de ilustración, por lo que no hay que dejar que la balanza caiga injustamente hacia un lado.
Y para amenizar esta entrada, más que a leer, les invito a degustar un cortometraje animado que más tarde inspiraría un álbum ilustrado (pueden hacer las dos cosas) titulado La casa de los cubos de Kunio Kato y Kenya Hirata (Adriana Hidalgo, colección Pípala), y que fue bastante reseñado en su día, para que sean conscientes de la novedad argumental que supone, de la calidad narrativa y del surrealismo implícito, tres evidencias a favor de la ilustración oriental.

2 comentarios:

Dmcreativo dijo...

Buen artículo, aunque los japoneses ya hace tiempo que están dando que hablar.

Román Belmonte Andújar dijo...

Lo sé, lo sé... El hecho de que sean los reyes del dibujo animado es un plus...

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