lunes, 25 de febrero de 2013

Libros y nazismo (2)



Continuando con mi propósito de elaborar una breve selección de títulos relacionados con las barbaries que trajo consigo el nazismo, desgrano hoy Soldados de plomo (editorial Bruño), otra de las obras del premio Hans C. Andersen, Uri Orlev.
Aunque esta novela juvenil está narrada en tercera persona, contando las idas, las venidas y las desgracias de un niño judío y su familia, hace alusión a la propia vida del autor, otra de las numerosas víctimas del antisemitismo, pilar abominable del social-comunismo hitleriano que obligó a Orlev a permanecer unos años en el campo de concentración de Bergen-Bersen junto a su madre y hermano para ser testigo de las perrerías que allí tuvieron lugar.
Aunque parecida a otras muchas novelas sobre el tema, plagadas de calamidades y descripciones capaces de emocionar a un témpano de hielo (¡Qué naturaleza la humana!... los animales, al menos, no disfrutan con la muerte de sus congéneres), en ella podemos encontrar ciertos rasgos bastante llamativos, como son:
-          Orlev no se conforma con relatar un suceso, focalizando toda la narración en el drama y la lágrima fácil, sino que lo contextualiza, es decir, aporta otros datos reales que aproximan al lector a otros puntos de vista, un aspecto necesario en novelas históricas de este tipo.
-          El escritor, además de basarse en las relaciones entre víctimas y verdugos, arroja otra serie de sentimientos e impresiones, que van desde el odio, hasta la conmiseración, la penitencia o el perdón. Denoto esto como un rasgo diferenciador puesto que muchas otras obras del mismo estilo (véanse libros, películas o documentales) centran la atención sobre las víctimas y su papel de mártires.
-          La mirada infantil. Aunque el protagonista, como en gran parte de la narrativa infantil y juvenil, sea un niño, Uri Orlev es capaz de transmitirnos dos rasgos sumamente importantes, por un lado su humanidad (ningún niño es bueno o malo, angel o demonio, simplemente ES), y por otro lado el crecimiento personal que en él se obra, no sólo por el paso de los años, sino por todo lo vivido.

1 comentario:

amparo dijo...

¡Qué casualidad! Acabo de leer el libro "La bibliotecaria de Auschwitz" de Antonio G. Iturbe, editorial Planeta, me ha impresionado. Es la historia de una niña de 14 años que estuvo interna en el campo familiar de Auschiwtz. Ella era la encargada de una biblioteca clandestina que había en el bloque 31, una biblioteca de tan solo 8 libros y algunos "libros vivientes".
Ciertas reflexiones sobre la lectura y los libros en esas condiciones extremas te llegan al alma.