miércoles, 10 de abril de 2013

De monarcas advenedizos



Hace cosa de un año escaseaban los españoles que se declarasen abiertamente antimonárquicos (¡Pasen y vean las encuestas del CIS de hace unos años!... “¡Qué majetes los Borbones!”, “¡Qué bien representan a esta España nuestra!”, “¡Eso es elegancia y saber estar!”…), pero hoy las tornas han cambiado y hasta mis compañeras sexagenarias de la universidad popular piden la guillotina para toda la familia real, cosa harto llamativa dado que a muchos se les caía la baba con el mensaje navideño de su majestad, el fondo de armario de nuestra princesa “popular” y las gracias “armadas” de Froilán. Me descojono a pierna suelta con tanto súbdito desleal que ahora, con tal de vengarse de su situación laboral y la temida cola del paro, los tachen de mangantes, tunantes, trapaceros, parásitos, trincantes, e incluso gorrones.
Quizá sea una conspiración, quizá sea otra amarga verdad (algo en lo que no me entrometo, sumándome así a toda esa prudencia que destila la clase política: “dejemos trabajar a la justicia” dicen… ja, ja, ja, ja, ja… ¡que me descojono!), pero ¿no creen que reyes, príncipes e infantas desempeñan el mismo arcaico papel que históricamente se les ha concedido?, ¿de qué se extrañan?... SS. MM. -las de cualquier reino-, feudales, socialistas, liberales, exiliados, negros o blancos, llevan siglos exprimiendo al currante para vivir a todo trapo, a costa de sus ganancias o del erial público (tanto monta, monta tanto…). Déjense los juicios paralelos, los consabidos deslices, o las espantadas a Qatar, en definitiva, el marujeo, y tomen nota por si alguna vez amenazan con una república.
Es por ello que prefiero llevar una vida modesta, sin agasajos, tributos, ni grandes lujos, en vez de encontrarme de bruces con coronas y cetros sin tener idea de cómo darles uso, no sea que me ocurra como a ciertos batracios que, sin sangre azul y corrompidos por el ansia de poder, pierdan la razón de ser… Y si no, lean La reina de las ranas no puede mojarse los pies, de Davide Cali y Marco Somà (Libros del Zorro Rojo), y aprendan a conformarse con esas cosas mínimas: saltos desde los nenúfares, chapoteos, sonrisas, un libro, o incluso una violeta, pa’ lucirla en el ojal.

1 comentario:

Isa Romero Cortijo dijo...

Después de tan crítico y sagaz comentario me entra una gran curiosidad por averiguar qué historia esconde esta reina de las ranas. Mi más sincero reconocimiento por la forma en la que presentas en este blog las novelas o a la inversa, tus reflexiones.

Un saludo,
Isa Romero Cortijo.

"Pablito" está a punto de nacer...

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