miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Cómo hice mi primer álbum ilustrado?


En cierta ocasión un sabio me hizo saber que, para opinar y ser crítico, hay que meterse en harina, es decir, pasar de ser un mero espectador a formar parte de manera activa de la disciplina objeto de las valoraciones… Sí, no le demos más vueltas: les hago saber que he publicado mi primer álbum ilustrado. Y he aquí la historia de este libro que, seguramente, será parecida a la de muchos otros, y por ello me aventuro a relatar el proceso creativo aquí. Ahí va la historia de Tras mi ventana.
En cierta ocasión le presenté a Enrique García-Calvo, editor de La Fragatina (¡Mil gracias!), una historia algo compleja, con bastante simbolismo y de aire constructivista (me sale la vena educativa…) que había estado madurando en mi cabeza durante algunos años. Éste la valoró positivamente y pensó que podría tener cabida en La Segallosa (“niebla” en fragatino, lengua del Alto Aragón), una colección orientada al lector infantil maduro, a adolescentes y adultos.
Después del “sí quiero” llegó el momento de decidir quién pondría imágenes a mis palabras. Por lo general son los editores quienes se encargan de esta labor teniendo en cuenta las sugerencias del autor, pero yo me emperré en elegir por mí mismo al ilustrador con el que iba a contar mi historia. Quería algo sencillo pero diferente, algo humano a la par que colorista, quería esperanza y sabor, arte a la vez que narrativa.
Busqué en bibliotecas, librerías y archivos, pero fue en el ciberespacio (esa piedra angular de la sociedad moderna) donde encontré a Katie Harnett, una joven artista que, como yo, estaba buscando la oportunidad de sacar adelante su primer título mientras terminaba sus estudios en Cambridge. Y así nos pusimos en brete. El editor le ofreció el texto y ella aceptó gustosa. Se firmaron los contratos oportunos y nos pusimos manos a la obra.
Una vez decidido el formato (no es lo mismo vertical que horizontal, cuadrado o rectangular, grande o pequeño…, ya que cada historia requiere unas dimensiones particulares), Katie se puso con los bocetos. Al principio polemizamos un poco, más que nada por las diferencias lingüísticas (mensajes a diario en inglés para consensuar ideas, contrastar opiniones y afianzar conceptos), pero una vez que interiorizamos la historia de manera conjunta, la cosa fue más rápida.



Katie entregó sus bocetos, La Fragatina puso sus pegas y yo puse las mías. Y después del grafito, vino el color y seguimos con el inglés a cuestas... La paleta de Katie está basada en una gama de medias tintas, algo que es agradable a la vista e imprime un toque evocador y mucha fuerza al mismo tiempo. Aquí les dejo un par para que opinen abiertamente de su trabajo.



Después llegó la maquetación (un trabajo estupendo) que nos dio bastante quehacer, sobre todo en lo que se refiere al equilibrado de la obra completa, la tipografía, las correcciones de última hora y la portada. De ahí pasó a la imprenta (el papel de las páginas me encanta) y por último, a la cadena de distribución que lo ha llevado a todos los puntos de venta del territorio español.
Aunque equipara un libro a un hijo es una hipérbole descriptiva, les hago saber que también se aprende mucho (bueno y malo), no sólo para destripar los pormenores del mundo de la edición, sino a nivel personal y emocional, algo que agradezco sobremanera (no sé si al cielo, a la vida o a la literatura). En definitiva, aquí está mi primer libro y en su mano, lectores, está valorarlo. Muchos me tratarán de advenedizo, osado, enterado, mientras que a otros les encantará, lo regalarán y recomendarán, pero a todos les pido que lo lean y compartan sus impresiones conmigo, que al fin y al cabo es lo que hacen con este blog. 


5 comentarios:

amparo dijo...

¡QUÉ SORPRESA! ME ALEGRA QUE POR FIN TE HAYAS DECIDIDO A SACAR ESE ESCRITOR QUE LLEVAS DENTRO.

José Manuel Garrido dijo...

Román, felicidades. Me haré con un ejemplar. Un saludo.

miriabad dijo...

¡Qué buena noticia! ¡Felicidades, Román!

Encarnita dijo...

Estoy deseando leerlo!!!
No sé si voy a poder esperar hasta Navidad...

Armando Colina dijo...

Hola me gustaria leerlo alguna vez, saludos desde venezuela

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