miércoles, 30 de abril de 2014

¡A dormir!


Aprovechando el cansancio que provoca la astenia primaveral, que los gallos empiezan a madrugar más de la cuenta, que las horas de oscuridad decrecen por momentos debido al eje de precesión de la tierra y la publicación de El rebaño, otra obrita muy redonda del tándem Margarita del Mazo y Guridi (Ediciones La Fragatina), hoy les traigo una pequeña selección (no son están todos los que son… les recuerdo que mis ojeras unidas al poder destructivo de los antihistamínicos han hecho mella en mi memoria…) de mis libros favoritos que hacen alusión a la falta de sueño y cómo combatirla (he incluido aquellos que no he reseñado nunca en este sitio monstruoso, que ya saben lo que pienso de la reiteración… N.B.: Así que aviso a navegantes, ¡no os hagáis los/as enteraos/ás recordándome títulos obvios como Una pesadilla en el armario de Mercer Mayer o Comenoches de Ana Juan! Que nos conocemos…).


Dado que es un tema muy socorrido en estas lides lijeras que nos ocupan, les invito a que, al hilo de sus comentarios, incluyan otros títulos que puedan agrandar esta selección, para uso y disfrute de todos los padres primerizos, niños insomnes y otros sufridores que pasan la noche en vela intentando conciliar un grato y reparador pestañazo.


KITAMURA, Satoshi. 2011. Cuando los borregos no pueden dormir. Editorial Anaya.


LOBEL, Arnold. 2000. Historias de ratones. Editorial Kalandraka.


ROSS, Tony. 2004. No me quiero ir a la cama. Editorial SM.


LOGUE, Mary & ZAGARENSKI, Pamela. 2013. Duerme como un tigre. Editorial Obelisco / Picarona


COOPER, Helen. 1999. El niño que no quería ir a dormir. Editorial Juventud.


WADDELL, Martin & FIRTH, Barbara. 2003. ¿No duermes, osito? Editorial Kókinos.

lunes, 28 de abril de 2014

A cuestas con la LIJ: Eslovenia


Seguramente más de uno me habrá echado de menos durante los faustos al dios Libro que se sucedieron la semana pasada en todo occidente (en otros países con hambre y guerra están más preocupados por comer y no morir que de leer… aunque bien es cierto que si algunos leyeran, nos olvidaríamos de todo esto…), pero he de comentarles que me he ausentado por cierto viaje de trabajo a Eslovenia, ese pequeño desconocido que sobrevive entre italianos, exyugoslavos, austriacos y húngaros. Mis humildes disculpas…
Para compensarles y tras deambular por parajes y ciudades de este país, les traigo algo de su cultura, principalmente, en forma de literatura infantil e ilustración, ya saben, mi especialidad…
Eslovenia, a pesar de carecer de una personalidad arraigada entre sus habitantes (recuerden esa palabra que tanto gusta a D. José María Aznar: “balcanizar”) y denotar cierto provincianismo nacionalista (si hablan usted con cualquier esloveno denotarán cierto triunfalismo y egocentrismo en sus palabras hinchadas), he de constatar que es una amalgama cultural que admite sus miedos y riesgos (algo de lo que deberíamos tomar nota los españoles mientras dejamos de mirar nuestro mugriento ombligo), no sólo por la extensión de sus fronteras, sino por lo insignificante de su repercusión, tanto económica, como política.
Llenos del humor italiano, cuadrículas germánicas (no olvidemos que formo parte de ese imperio austrohúngaro que tanto ha dado que hablar en nuestra historia), el hermetismo que propician los Alpes julianos y sus escasos cuarenta kilómetros de costa, y la diversidad de los países balcánicos (el general Tito murió en su capital Lublijana), han sabido reinventarse culturalmente basándose principalmente en las artes plásticas (galerías de arte a patadas), el acervo eslavo y una literatura laxa donde prima la poesía, algo que se puede sopesar en la literatura infantil patria.
Influenciada por los cuentos infantiles y leyendas de corte germánico, la literatura infantil eslovena camina lenta y se desliga de las corrientes que priman en el viejo continente. Seguramente auspiciada por un volumen mínimo de negocio, se permite el lujo de experimentar a través de ilustraciones poco convencionales e innovadoras, a la vez que promociona el producto nacional, algo en lo que se parece al sector español que, aunque empieza a despegar unos años antes, sigue a retortero del inglés y el francés.
En cualquier caso y para alegrarles la mañana, aquí les remito unos ejemplos de los más conocidos ilustradores/as eslovenos/as y que han sabido abrirse camino en la LIJ continental e internacional. ¡Disfrútenlos!

Ančka Gošnik Sodeck




Marlenka Stupica



Jelka Reichman



Marija Lucija Stupica


Lila Prap



Alenka Sottler



Stefan Turk (nacionalizado)



Nikolaj Pirnat (el primer ilustrador esloveno de "El Quijote")



lunes, 21 de abril de 2014

Cantantes, multinacionales y consumo


Aprovechando este lunes de pascua (nos europeizamos cada vez más…) y habiendo echado un ojo a las tendencias musicales del momento durante los días de asueto pasados con la intención de renovar la banda sonora del automóvil, les confieso que si tuviera que elegir entre Lady Gaga, Katie Perry, Kesha, Rihanna o Miley Cyrus, sin lugar a dudas me quedo con la que otrora se hacía llamar Hannah Montana.
Lo de esta chica no tiene nombre (y no precisamente porque se haya montado sobre una bola de demolición como vino al mundo)… Por mucho que le pese a la cincuentona de Madonna (la que también merece reconocimiento como madre de todas estas “material girls”), hay que reconocer que es el mejor producto que, hoy por hoy, ha parido la industria discográfica, más todavía si tenemos en cuenta que, de sus veintiún años, lleva doce en la cresta de la ola.
Dejando a un lado las provocaciones y desventuras de esta chica, debemos considerar en el día de hoy quiénes son los que realmente tienen el mérito del éxito de estos artistas. Probablemente todo un equipo de especialistas, gente con currículum envidiable, genios del marketing y mentes pensantes, financieros, productores y representantes, son quienes urden en la sombra el milimetrado recorrido de unos productos de consumo que se erigen como los iconos del siglo XXI a golpe de redes sociales, entrevistas transgresoras y un estilismo entre violento y provocativo.
No se equivoquen, el negocio musical, como cualquier otra parcela empresarial (léanse el mundo del cine, el de la gastronomía, el televisivo o el mundo editorial, ese que tantas líneas ocupa en este lugar), está en manos de personas muy competentes bien instruidos y con un gran bagaje en sus respectivos ámbitos que, tomando decisiones arriesgadas y bien fundamentadas, manejan los hilos de sus creaciones como si de rentables polichinelas se tratasen, algo que no depende de la calidad de sus manufacturas, sino de una serie de factores causales que, modelados por el azar y la objetividad, tienen como fin el éxito y el consiguiente enriquecimiento.


Esperemos que sobre el protagonista de La canción del oso, una obra maestra de Benjamín Chaud (editorial Edelvives), recaiga la vista de algún cazatalentos que, aunque no haga de él la nueva estrella de la música pop, sepa hacer de este libro un imprescindible en cualquier biblioteca infantil.


viernes, 18 de abril de 2014

Gabo se marchó...


Viviremos treinta y tres, setenta y seis, o quizá cien años más para percatarnos desde Macondo, Bogotá, Madrid o Buenos Aires, que la soledad, antesala y epitafio del amor, unas veces triste, algunas alegre, y otras (las más) desconcertante, es la locura sobre la que descansan nuestras desventuras, nuestro leve devenir...












miércoles, 16 de abril de 2014

De las beldades de la primavera



Aunque digamos que mayo se viste florido y hermoso, es de sobra conocido que abril es el mes en el que irrumpe la alergia en cualquier nariz  a costa de los millones de granos de polen que flotan en el aire (¡para lo que ha quedado el hombre!). Estornudos, ojos llorosos, picor de garganta, enrojecimiento y dificultades respiratorias asolan a esta raza que ha sucumbido al poder de la vegetación, una que, considerada inerte gracias a la inmovilidad que le confiere la celulosa que cubre y protege sus células, demuestra su poderío y grandeza a costa de gametófitos masculinos volantes que dispersan los genes de las gramíneas, las plantagináceas, las cupresáceas o las oleáceas.



Aparte de alergólogos, neumólogos y otros seres sanitarios que ven agolparse en la puerta de sus consultas todo tipo de desesperados mocosos, otros que se ven afectados por la omnipresente naturaleza son farmaceúticos y laboratorios químicos que, engordando beneficios a costa de antihistamínicos y otros medicamentos, ayudan al ciudadano a envenenarse primavera tras primavera para poner en evidencia una vez más que hemos dejado de vivir en simbiosis con la madre Tierra y cualquier cosa nos afecta.
Unos científicos apuntan a una agresividad manifiesta de las plantas hacia la contaminación, el calentamiento global y otras beldades antrópicas, otros dicen que nuestro sistema inmune ha perdido la capacidad de reconocer lo mundano e inofensivo y por último, los que como un servidor, se apoyan en la idea de que estamos podridos a base de tanto cuidarnos. Si sufren sus propias carnes la alergia, decídanse por la opción más razonable pero recuerden que sus mastocitos olvidarán por mucho tiempo que entre las plantas y nosotros existe un vínculo ancestral y que, como en las mejores familias, se dedicarán a la gresca con el polen durante unos cuantos años (si no es de por vida…).


En base a todo ello, que el campo verdea y dehesas, pinares, robledales y hayedos se pintan de colores, es hora de echar mano de algunas propuestas editoriales como son el Inventario de los árboles de Virginie Aladjidi y Emmanuelle Ychoukriel (editorial Faktoría K de Libros) y los Cuentos del bosque de Leticia Ruifernández (editorial Ekaré), que nos invitan a conocer la diversidad de la vida y sus distintas formas.

lunes, 14 de abril de 2014

Rompiendo los tímpanos


Del cara a la galería que se estila en Facebook, Twitter, Whatsapp, chats, páginas de contactos y otros escaparates del morbo y el cotilleo, pasamos a los oídos sordos del paro, la pobreza, el terrorismo, la inmigración y la corrupción en un abrir y cerrar de ojos. Curiosa actitud esta del hombre que se ve acentuada por reproductores de música, cascos y altavoces de discoteca que hacen vibrar tímpanos y huesos para alejarnos de un entorno que más nos valdría la pena conocer.


Más de un corredor ensimismado se ha topado con el claxon de algún automovilista cauto por culpa de un reproductor de MP3… El de más allá ha denunciado tropecientas veces al vecino de arriba que con la dichosa manía de taladrar paredes, mover muebles y escuchar música a deshora, mina la paciencia de cualquiera… Los que tienen la ¿suerte? de ser propietarios de un inmueble en la típica zona de marcha de cualquier capital están hasta el tuétano de tanto jaleo y lucha grecorromana a altas horas de la mañana… ¡Que le hablen de trajín a maestros y profesores! Ningún niño sabe qué es el silencio..., ni los maquinistas de tren, los obreros de túneles de lavado, los trabajadores de la industria, la mayoría de los camareros, pulidores, gruistas,  e incluso artistas de circo que desempeñan sus labores envueltos en conciertos estridentes y atronadores.


Ruido, con Pablo Albo y Guridi (¡la de buenas historias que está dibujando este hombre!) a la batuta y editada por Narval, nos aproxima a esa sinfonía alborotada que nos acompaña a diario en centros de trabajo, comunidades de vecinos (lo de la mía, no tiene ni nombre, ni desperdicio), pueblos y ciudades..., a ese ritmo machacón y disonante que altera nuestros biorritmos y trastorna poquito a poco una realidad que obliga de vez en cuando a apagar televisores, transistores y el motor del coche, coger una bonita senda desprovista de toda compañía, y dejarse seducir por el sonido del aire, el rumor de la hierba, el cantar del agua y el trino de los pájaros.

jueves, 10 de abril de 2014

Rebeldía vs. Elegancia


N.B.: A pesar de ser consciente de que me tacharán de todo lo que se les ocurra, ahí voy con una de denuncia humorística… Disculpas con antelación.

Lo de las mujeres pasa de libertario a subversivo en un abrir y cerrar de ojos. Y no lo digo refiriéndome al aspecto laboral, académico o sexual, sino al marital,
Hoy día además de llevar los pantalones, más de una usa tirantes, corbata y correa, no sea que algún marido incauto tontee y haya que fustigarlo como a un animal de tiro tontarra y ajado. Muchas mandan (o eso se creen), a tenor de los ingentes frascos de perfume que atesoran en la repisa del cuarto de baño, los pares de zapatos que se agolpan en armarios y vestidores (¡Qué mejor que un vestidor para tener contenta a una fémina de hoy día!... Tomen nota antes de casarse…) y las orejas gachas de cónyuges y prole tras sufrir esos gritos atimbrados que gastan la mayoría…, pero lo cierto es que todas esas se pasan el día dejándose las uñas y otras partes del pellejo en limpiar tazas de váter y suelos con un dedo de mugre. ¡Eso si es poder!


Esclavizadas gracias a la ausencia de leyes gubernamentales que les impiden ver reconocido su esfuerzo como amas de casa (ya podría remunerarse una labor cuyo salario no queda computado en ningún sistema económico), las mujeres aspiran a tener guita para luego subcontratar a otras, y estas a su vez a otras, etc., para proseguir con esa tarea humana de la esclavitud. Seguramente, si muchas representantes del llamado sexo débil, se apaciguaran su lengua viperina, asistieran a unas clases sobre destrezas sociales y leyeran un poquito a Flaubert o las hermanas Brontë, en cuyas novelas y a pesar de miserias y penurias que sufren sus protagonistas, nunca pierden el estilo y la clase, un signo de distinción que fabrica mujeres de verdad.


 Es por ello que, las protagonistas de historias reales y/o ficticias nunca deben perder la compostura con tal de emular a sus homónimos masculinos sino, haciendo acopio de entereza y arrojo, hacerle frente a la vida con cierta rebeldía, sea manifieste esta a lomos de un dragón como la de La princesa rebelde de Anna Kemp y Sara Ogilvie (editorial Blume), o la de las históricas Juana de Arco o Isabel la Católica, para hacer realidad eso de tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.
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