martes, 17 de marzo de 2015

Errores, pretensiones y falta de estilo


En todos los mercados se cuecen habas y, evidentemente, el mercado del libro infantil no es una excepción. A pesar de que muchos editores se embadurnan de una gruesa capa de profesionalidad y buenas intenciones, su mayor (decir el único sería algo injusto) objetivo es vender, vender y vender, algo de lo que da buena cuenta un sector en el que se está más preocupado por la mercadotecnia que por el producto. Sigan tachándome de impertinente y terco, pero cada vez que visito una librería denoto que, de unos años a esta parte, la literatura infantil y la adulta comparten más cosas en común, clara prueba de la decadencia del libro y su negocio (¿les recuerdo cuántas librerías cierran en España cada año?). .. El álbum ilustrado, otrora más independiente y fuera de las corrientes publicitarias, se ha convertido en una piedra angular más de esa pirámide llamada “papel impreso” y en la que se incluyen libro-series, personajes cliché, ediciones revisadas y re-ilustradas, y autores/ilustradores fetiche, en una palabra, podemos decir y decimos que ya está en los estantes el álbum ilustrado paraliterario.
No me malinterpreten… Quiero que la cosa vaya hacia arriba y que todos los niños del mundo se hinchen a leer (en más de una ocasión he defendido la paraliteratura como una vía de acercamiento del lector potencial a la figura del libro), pero también hemos de ser críticos con lo que se edita, con lo que se vende y con lo que se recomienda… 



Es por ello que hoy les traigo aquí el libro Osos, una obrita escrita hace mil años (1948) por Ruth Krauss, que en primeras nupcias ilustró Phyllis Rowand (Harper & Brothers), y que en el año 2005 fue re-ilustrada por Maurice Sendak (algo parecido al Ferdinando de Munro Leaf o Robert Lawson) para la Harper Collins y que acaba de editar en castellano Kalandraka.



Cuando me encontré este libro en una de mis librerías favoritas, me llevé una grata sorpresa. Me lancé a por él como un lobo con ganas de devorar suculento boca. La portada no me dijo demasiado, la verdad, aunque lo abrí y empecé a pasar las páginas. ¡Ahí está Max, el de los monstruos, con un perrito jodón y una caterva de osos de todo tipo..! Mala resolución de las ilustraciones (Este Sendak dijo: aprovechemos el tirón y vendamos cualquier cosa, incluso divertimentos, “useasé”, hay que echarle jeta de vez en cuando)…, poco texto (¿26 palabras?)…, nada sugerente…, un formato chirriante para un libro de estas características…, y, cuando cierro: me quedo igual que cuando empecé. Es en este punto cuando mi cabeza empieza a hacerse preguntas: ¿Por qué este libro? ¿Por qué este formato? ¿Por qué este autor? ¿Por qué?... Seguramente las intenciones de la editorial (esa que publicó el libro en lengua inglesa, no me malinterpreten…) fueron las siguientes:
-Sendak es sinónimo de calidad (N.B.: Aquí la cagó el pobre y no soy el único que lo piensa) y es un gancho inmejorable para el público… ¿Qué gilipollas se va a atrever a decir que es un bodrio y chafar el negocio…? (N.B.: Yo… Lo siento: gilipollas y tocapelotas a un mismo tiempo… Pese a ello te sigo venerando, ¡Oh, Sendak!).
-Aunque es un libro-retahíla para que los pre-lectores se vayan a la cama y tiene poquitas páginas, lo vamos a publicar en formato de álbum. Cartoné y buen papel a raudales que a nosotros nos cuesta poco pero al consumidor le rasca el bolsillo…
- Me encanta que el personaje sea el mismo que el de Donde viven los monstruos… Un poco basto, eso sí, pero aunque sea un sucedáneo ¡ya veréis como nos da mucho prestigio!
-Dijo otro: “Pero… ¿y las ilustraciones? Tienen poca resolución… ¡Si las ha hecho en una servilleta!” A lo que se le respondió: “¡Qué más da! ¡Que queden pixeladas! Queremos a Sendak y lo tendremos.
- Y así se vendieron miles de ejemplares en todos los continentes.



Si me equivoco, que me corrijan pero creo que uno de los mayores problemas que tiene el sector es la falta de estilo…, de elocuentes autores que buscan dinero fácil, de buenos ilustradores que dibujan a desgana, de editores que desean alcanzar la luna y de libreros que quieren novedades todos los meses; en definitiva, de un gran número de profesionales que están fuera de onda y que deberían replantearse -con libros como este- el porqué están en un negocio como este, a la vez tan difícil, a la vez tan hermoso.


A pesar de las muchas ocasiones en las que Krauss y Sendak colaboraron (con éxito, todo hay que decirlo), en esta, la cagaron un poquito… Prefiero la primera edición, más tierna, menos ofensiva (puros habanos y osos ahorcados aparte -hoy día se ve de todo en cualquier telediario-, considero que un libro para pre-lectores no debería ser tan agresivo ya que pierde cierto encanto… Aquí se lo deberían haber pensado. Es cierto que un toque canalla se agradece, pero los excesos no son muy gratos…) y, sobre todo, más evocadora. 
Siento ser tan beligerante pero, al menos, yo soy fiel a mi estilo aunque no venda una mierda.

NOTA POSTRERA: Dos horas después de publicar este post, una representante de la editorial que ha publicado este libro en castellano se puso en contacto conmigo (¿casualidad?) para decirme de manera sutil, encriptada y figurada, que "donde las dan las toman" (¡menos mal que uno sabe leer entre líneas!), una evidencia más de la falta de estilo que tienen algunos y lo mal que saben encajar las críticas. Una verdadera pena...


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