miércoles, 13 de mayo de 2015

¡El clima está loco!


La alternancia de calor y lluvia, además de traernos un ambiente de lo más tropical (o, al menos, eso parece a juzgar por lo ligeros de ropa que acuden mis alumnos a clase… ¡luego vendrán los resfriados!), altera toda la naturaleza que nos rodea, empezando por nuestro sistema endocrino, continuando con los molestos mosquitos (de algo tendrán que alimentarse…, ¡espero que no sea de mis fluidos sanguíneos!) y terminando con el vuelo de los granos de polen -era raro…-.
No sé cuánto durará esto, la verdad sea dicha, pero a tenor de la subida de las temperaturas vaticino que no tardaremos en achicharrarnos, y no sólo durante los meses venideros, sino durante las próximas décadas. Es lo que nos augura el llamado cambio climático: parece que el tiempo atmosférico se ha vuelto loco de unos años a esta parte y la inestabilidad es parte corriente de nuestro día a día… En breve no tendremos estaciones y podrá hacer más frío en verano y calor durante la Navidad (algo a lo que vamos acostumbrándonos poco a poco) que en pleno estío; se esperan muchos trastornos, no sólo esos que se curan con ansiolíticos y antidepresivos, sino otros en los que están implicados los huertos, los árboles frutales (¿se imaginan un cerezo sin primavera?), las abejas, las lluvias torrenciales y el deshielo de los glaciares. Vamos, un lío de cojones que puede tener su base cíclica (N.B.: Si miramos hacia atrás, podemos constatar las innumerables crisis climáticas que se han sucedido a lo largo de la historia de nuestro planeta), pero también es cierto que los científicos no descartan el empujoncito que el ser humano está dando al llamado calentamiento global.


Glaciaciones y extinciones masivas aparte, les aconsejo que se dejen de tanto gimnasio y tantos rayos UVA, y empiecen a preocuparse por reducir los residuos y el uso del coche, por reciclar en la medida de lo posible, también consumir lo necesario (el despilfarro quizá sea la mayor causa de contaminación del mundo) y llevar una vida sana y lo más natural posible. Puede que en unos años estemos a unos cuantos grados bajo cero en el mes de agosto y nos será imposible lucir palmito en la Costa Blanca (¡Cuánto sufrirán algunos “viceversos”!) o hincharnos a espetos de sardinas (no olviden que los peces son de sangre fría poco acostumbrados al caldo en el que se convertirían los mares y oceános) en pleno febrero.


Para ayudarles a concienciarse sobre los males que asolan a nuestra querida madre Tierra, les traigo un nuevo libro de Satoe Tone que lleva por título El viaje de los pingüinos (Editorial SM). Una insólita aventura en la que un grupo de pájaros bobos busca un nuevo lugar donde asentarse. Una fábula con moraleja que pone en tela de juicio el papel que está desempeñando la humanidad  es esto de hacer inhóspito el planeta. Esperemos que todo quede en mensajes apocalípticos y agoreros…


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