miércoles, 20 de mayo de 2015

Mismo argumento, libros distintos


Como muchos de ustedes se habrán percatado, en muchos álbumes ilustrados se utilizan argumentos parecidos, algo que, tras mucho pensar, creo que sucede por una cuestión de necesidad y obligación. Me explico…:
-Por un lado es la propia literatura la que nos centra, nos encauza en ciertos temas inherentes a la infancia o la juventud. El amor, las relaciones paterno-filiales, la amistad, las emociones, la escuela o incluso la muerte, son algunos de los manidos argumentos que recogen libros ilustrados y novelillas para adolescentes.
-Por otro lado los autores, en su búsqueda de nuevas técnicas, de formas innovadoras de expresión, necesitan retomar estos temas universales para reformularlos dentro de otros contextos, de nuevos libros.


A pesar de que muchos critican una desmesurada falta de imaginación, otros como el aquí firmante, suscribimos que en las obras infantiles los argumentos quedan limitados a un puñado de situaciones (¿Acaso no hablan de lo mismo los cuentos populares eslavos y los cuentos populares africanos? ¿Acaso Grandes esperanzas no tiene mucho que ver con Cien años de soledad?).
Quizá, al leer estos pensamientos míos, los tan críticos aduzcan “Oiga usted, enterao, ¿y la escritura experimental? ¿Dónde están las nuevas corrientes literarias? ¡Úsenlas, que para eso están”, a lo que yo podría objetar que, en bastantes ocasiones, la narrativa experimental dirigida a niños ha resultado ser un fiasco.
A lo que quiero llegar es que hay muchas vías de ahondar en un tema, desde la fantasía hasta el realismo, pasando por el sinsentido (nonsense), los libros sin palabras, la poesía o el cómic, pero todas confluyen en un mismo punto que es el lector, sus gustos estéticos y  su capacidad para empaparse de las palabras. Es decir, el fondo es el mismo pero con múltiples formas.



Por todo ello he querido traer aquí hoy un pequeño (podríamos llamarlo) estudio a tenor de mis impresiones sobre tres álbumes ilustrados que mucho se parecen, pero poco tienen que ver. Oliver y Patch de Claire Freedman y Kate Hindley (Editorial Miau), Amigos de Andrea Hensgen y Béatrice Rodriguez (Editorial Libros del Zorro Rojo) y Este alce es mío de Oliver Jeffers (Editorial Fondo de Cultura Económica), versan (atendiendo a sus líneas básicas) sobre la relación que entabla un niño con un animal que, finalmente, pasa a ser un vector que provocará que ese niño conozca a otra persona que resulta ser el dueño del animal. Si escarbamos un poquito más, observamos que, mientras que en Oliver y Patch y Amigos, el animal es un perro, no ocurre lo mismo en la obra de Jeffers en la que es un alce. También podemos establecer diferencias en cuanto a la edad de los diferentes dueños señalando que en Oliver y Patch, el dueño es de la misma edad que el protagonista, mientras que en Amigos y en Este alce es mío, los dueños son de edad avanzado, en un caso masculino (Amigos) y en el otro, femenino. Por último decir que las historias de Amigos y Oliver y Patch se desarrollan en un ambiente urbano, mientras que en Este alce es mío la acción se desarrolla en un medio más rural.



Si lo pensamos bien, son detalles mínimos, pequeñas variaciones que van modificando poco a poco el desarrollo de una historia y que se amoldan a una misma realidad pero con fines diferentes. Por un lado Claire Freedman y Kate Hindley crean una historia que trata del conocimiento entre iguales, por otro, el tándem entre Andrea Hensgen y Béatrice Rodríguez, abogan por el entendimiento inter-generacional, y por último Oliver Jeffers aboga por una historia en la que el choque intergeneracional y las emociones modelan una historia a caballo entre lo subversivo y lo realista.


Seguramente, en mis tres percepciones cabe señalar la importancia del estilo en cuanto a la ilustración y la narración (no cabe duda que la concepción estética de Este alce es mío es mucho más transgresora que las líneas a-“cartoon”-adas de Oliver y Patch y Amigos), pero cabe destacar que las tres logran alcanzar el objetivo prefijado desde perspectivas muy diferentes, dando lugar así a un trío de buenos álbumes infantiles cuya interpretación depende, en último término, de sus lectores.


2 comentarios:

Lola Azul dijo...

Una entrada muy interesante. ¡¡Gracias por compartirlo!!

Román Belmonte dijo...

¡No hay de qué! Espero verte por los comentarios más a menudo. ¡Un saludo!

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