jueves, 10 de diciembre de 2015

De iluminados y política


Ya ha comenzado la campaña electoral y con ella, los iluminados...
Iluminado: […] adj. Dícese de todo aquel que, en aras del beneficio propio, intenta convencer a otros de que un programa, partido o representante político es el más lógico, coherente y provechoso para la ciudadanía y que, en consecuencia, debe entregar su voto a dicha causa.
Lo que ya no sé es si el mismísimo Dios, Alá y su profeta, los cuatro brazos de Vishnu, Lenin desde su mausoleo, el espíritu errante de Chávez, el Generalísimo y su aura todopoderosa, las leyes educativas nórdicas o la madre Natura, han sido capaces de obrar este milagro sobre el que muchos buscan amparo como elegidos de ese cortejo divino que suele acompañar a todo aquel que se deja cegar por las mieles del poder.


Tenemos varios biotipos de estos mamporreros... Está el clásico que, desde un bar de mala muerte y sobre una mesa llena de pringue, retransmite oraciones un tanto peyorativas, basadas en la propaganda que la SER, La Sexta, la Cope, La 1, la 13 o Cuatro (¡Menos mal que todavía nos quedan el canal de Aramis Fuster, el del teletienda y, de vez en cuando, La 2!) lanzan como dardos durante estos días. También tenemos un prototipo más formado, más instruido e imaginativo... Ese joven que, además de ostentar un título universitario y algún máster, es tocado por un rayo de luz incandescente y se dedica a suscitar polémica en las redes sociales agudizando el ingenio y con un poco de mala baba. Generalmente y como nota breve, decir que los segundos pastorean a los primeros, ya que se han leído algún libro y tienen cierta autoridad moral (¡A mí las fuerzas vivas!).
¡Qué iluso soy! Yo pensaba que en España se habían erradicado caciquismo y clientelismo (¿En esto se invierten mis impuestos? ¿En dogmas y pesebres? Me dan ganas de tributar en Andorra...), pero constato que, a pesar de haber abandonado la Siberia extremeña, muchos siguen con el estómago agradecido pero con el brazo lleno de mierda.


Lo único que pido es que no me martilleen las células de Río-Hortega con más mítines de la cuenta, que no estoy yo para muchas hostias... No sea que, como los protagonistas de Linterna mágica, un álbum ilustrado para prelectores de Lizi Boyd, editado en España por Libros del Zorro Rojo y que luce varios galardones, tenga que echar mano de una lámpara y alumbrarlos (como el niño aquel que vociferó la desnudez del emperador), y dar así buena cuenta de que tras esa supuesta sabiduría y desinterés, se oculta oscura moral y negra rentabilidad.
Así que no empercudan mi alma. Que no quiero pobres de espíritu.


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