lunes, 14 de diciembre de 2015

Recursos ilustrados sobreexplotados


Este fin de semana, mientras me sentí un tanto perdido entre la muchedumbre que ha empezado a agolparse en el centro (¡qué angustia pre-navideña!), fui empujado hasta un par de librerías y di buena cuenta de que no doy a basto para reseñar todas las cosas que se agolpan en mi agenda lijera. Así que, con cierto estrés, les aviso de que me esperan unos días de vértigo con tanto libro ilustrado, selecciones de fin de año y pensamientos varios. Así que, ya saben: ¡Ni canto, ni bailo, pero no se pierdan mis tontunas!
La primera de este lunes tiene como protagonista a las ideas sobre-explotadas en la literatura infantil, más concretamente a nivel de ilustración, algo de lo que me he percatado en los últimos años y que viene siendo una constante temporal. No sé cómo, a veces, los astros se confabulan y podemos ver en las secciones de libros LIJ muchos títulos que parecen mellizos (decir gemelos sería mucho decir...). Seguramente sea mera casualidad, pero hay que señalar que, cada vez más, hay recursos artísticos repetidos en muchos libros que, por un lado restan originalidad al producto editorial, y por otro lado, confunden al cliente a la hora de adquirir la ansiada novedad.


Seguramente exista una explicación menos etérea, como pueden ser los cursos que muchos ilustradores realizan (todos los profesionales necesitan formación, y el mundo del arte no iba a ser menos...), o bien puede estar relacionada con la llamada globalización, una que viene sostenida por las redes sociales, las comunidades y el mundo de los blogs y las páginas web (la inspiración suele venir de una única fuente que se dispersa y diversifica gracias a estos canales), pero lo cierto es que da lugar a propuestas literarias muy similares.
Uno de los ejemplos que me ha llamado más la atención últimamente es el uso de diferentes tintas de colores a la hora de elaborar ilustraciones (azul y roja, por ejemplo) que, junto con el uso de diferentes filtros (el clásico papel celofán enmarcado en gafas o lupas de cartón), consiguen un efecto óptico que, a la hora de diseñar libros ilustrados en los que buscar elementos o establecer diferencias puede ser un recurso añadido como juego, es bastante interesante a la hora de diseñar libros ilustrados.


Todo esto está divinamente..., el problema viene cuando este recurso obliga a que la literatura pase a ser paraliteratura, una en la que el juego eclipse al valor de la palabra y no la complemente (soy más partidario de un libro-juego y/u otro informativo sin palabras, a estos libros que no sabrías en qué grupo encasillarlos). Sí, no voy a negar que son divertidos y que tienen mucha aceptación entre el público (todo lo que sea manipular elementos y descubrir cosas nuevas, tiene gran acogida entre los niños), pero para mi gusto, es difícil hablar de ellos como literatura.
No obstante, aquí les dejo tres títulos de nueva hornada, bastante aceptables y más que aptos como regalo navideño para lectores inquietos.

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