lunes, 9 de enero de 2017

Cuentos bajo cero


Atrás quedaron los días de vacaciones para regresar a una rutina que, aunque necesaria, es poco agradecida (¿A quién le gusta trabajar? Al primero que levante la mano lo mando al psiquiatra...). Si a todo ello añado las gélidas temperaturas que sufro en mi lugar de laboreo, la cosa se va de madre...
Todavía está por llegar el instituto en el que no tenga que ir con el chambergo encima toda la santa mañana. Mientras que unos tienen una orientación nefasta (se ve que los arquitectos sólo pensaron en lo "bonito y barato", y se olvidaron del "bueno", sobre todo en lo que a funcionalidad y eficiencia energética se refiere), otros tienen una gestión económica de país bananero (¡Pero qué malos son los políticos...! ¡No tenemos con qué encender...! ¡La culpa de este tiritar es de las petroleras...!), pero el caso es que, hay alumnos y maestros (esos tan envidiados) que se pasan el día con la manta a cuestas (y sin exagerar)... Que sí, que sí, más frío se pasa en el campo o sobre un andamio, pero aquí, sepan ustedes que también (y eso sin ser friolero... 9 º C marcaba el termómetro en el interior del laboratorio a las 9:12 minutos)


Quizá todo se deba a un problema de ubicación y que por estas latitudes prestemos poca atención a los rigores del invierno por ya tener bastante con los de agosto, algo estúpido teniendo en cuenta que Albacete ostenta el récord de temperatura mínima en una capital de provincia (el 3 de enero de 1971 alcanzamos los -24ºC). La ropa, las construcciones y nuestros hábitos, no atienden al hielo o la nieve, y así nos pasa, que vivimos congelados. Y como todo no se puede tener, elijan: o calor en enero, o fresquito en verano... Para hacer bien el amor hay que venir al sur, pero eso sí, no se les ocurra venir en pleno enero a menos que el vuelo proceda de Oslo.
Y con tanto frío y escarcha, en este lunes de invierno no he podido resistirme a apuntar a los Cuentos noruegos, unos recién publicados por la pequeña editorial Libros de las Malas Compañías en una edición más que recomendable para todos aquellos apasionados con el mundo de los cuentos populares. Esta es la colección que Absjørnsen y Moe recopilaron y publicaron entre 1841 y 1871, mucho antes de que Noruega existiera como país. 




Estos cuentos, más que interesantes para muchos folcloristas como Jakob Grimm, se utilizaron para normalizar la lengua noruega una vez que la triada de los países nórdicos (Dinamarca, Suecia y Noruega) se escindiera. En este volumen de sus cuentos completos pueden encontrar más de una centena de narraciones como El rey oso (también conocido como Al este del sol y al oeste de la luna, del que, por cierto, hay una edición preciosa ilustrada por Kay Nielsen) o Los doce patos salvajes, acompañadas por los grabados de los mejores artistas de la época y precedidas por un prólogo de Gustavo Martín Garzo.


Así que, estas noches bajo cero, ya saben: sofá, manta, algo que caliente el gaznate y cuentos, muchos cuentos.

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