viernes, 29 de septiembre de 2017

Termina septiembre


Termina septiembre, 
lo vamos dejando...

Y en las tardes amarillas 
me acuerdo callado 
del mar de otro tiempo, 
del verano lejano. 

Mecían las olas tu risa, 
tan tranquilas nos arrullaban, 
que en ese vaivén flotante, 
terminé dormido entre peces.

Termina septiembre, 
lo vamos llorando...

*     *     *

Tantos peces en el mar
como niños que se pierden
buscando playas mejores
en barcos que no sostienen.

Tantos niños en el mar
pececillos que se pierden
niña barco flotará
trayéndolos sonrientes.

Tantos miedos en el mar
tantos niñitos y peces
con la niña volverán
en su barquito de nueces.

Mar Benegas
La niña barco.
En: Las niñas o cómo suceden las cosas.
Ilustraciones de Rocío Araya.
2017. Valencia: Litera Libros.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

El regreso de las revistas infantiles. Un vistazo.


De unos años a esta parte, los aficionados a la literatura infantil en particular, y al mundo cultural para niños en general, venimos observando como existe una diversificación abrumadora de todos los productos dirigidos a los más pequeños de la casa. Desde juguetes didácticos, pasando por ropa ecológica, ludotecas o talleres de comida saludable, son muchas las propuestas que a raíz de la supuesta recuperación económica, esa que busca nuevas parcelas que explotar, han surgido en occidente para dar respuesta a las necesidades que se plantean en el entorno ¿infantil? (N.B.: Quizá debería haberme referido a los adultos, que son quienes aflojan la billetera...).



Revista "Anorak"

De entre todas ellas, la propuesta que más me llama la atención y entusiasma es la reaparición de las publicaciones periódicas infantiles culturales, una que empezó en los países del entorno europeo y anglosajón y que se ha contagiado a nuestra realidad geográfica. Aunque las revistas para niños han sido una realidad desde principios del siglo XX, empezando como suplementos semanales de los principales periódicos de la época y continuándose como un producto especializado desde la mitad de dicho siglo hasta hoy día, es un tipo de publicación que ha sufrido altibajos dependiendo de las épocas y que ha dependido en mayor o menos medida de las modas imperantes y del estilo de vida familiar. Mientras que en los primeros años de vida de este tipo de publicaciones se dirigían a un público minoritario y de clase media-alta, la llegada de las democracias occidentales y las nuevas corrientes pedagógicas desencadenaron su “boom”, que finalmente desembocaría en un cierto declive desde finales de los noventa hasta nuestros días debido principalmente a la hegemonía de la televisión y el uso generalizado de las nuevas tecnologías de la información, a la que solo sobrevivieron algunas de estas revistas, sobre todo aquellas que dejan a un lado los aspectos educativos y culturales para centrarse en un carácter lúdico.


Revista "La Leche"

Por todo ello la publicación de nuevas revistas infantiles en los tiempos que corren, aunque puede estar relacionado con modas (los “slow movements”, el renacimiento de lo vintage o el romanticismo de la letra impresa) o la sobre-alfabetización del niño como vehículo de distinción social (ya saben que siento debilidad por Bourdieu), también es de agradecer, ya que propicia nuevos caminos para que el niño llegue a contenidos de calidad sin tener que sortear los cauces tradicionales por los que viaja una información que a veces resulta tediosa y poco manejable. Si a todo ello unimos la impecable factura de muchas de ellas, tanto en contenidos, como en maquetación y grafismo, lo bueno está servido.
Es por ello que aquí les dejo con una buena representación de las mejores revistas infantiles culturales nacionales (N.B.2: He intentado recoger la mayor parte, pero si denotan que me he olvidado de alguna que puede resultar interesante, no duden en decírmelo para que la incluya aquí) junto a una selección de otras de carácter más internacional. Todas ellas admiten suscriptores, así que, ya saben...



Empezamos con la revista La Leche, una revista impresa en pocos colores pero con mucho que decir. En sus sesenta páginas se tratan temas de actualidad, como por ejemplo la situación de Corea del Norte o la inmigración en Estados Unidos, se incluyen historietas, artículos de opinión o informativos, y los trabajos de los mejores ilustradores nacionales. Si a ello le unimos juegos, pasatiempos, juegos móviles, autómatas y muchas recomendaciones de libros infantiles, uno de los objetivos que empezó a mover esta iniciativa, podríamos decir que estamos ante una de las mejores.




Alehop es una revista con un aire más informal y colorista. Los creadores de esta publicación se decantan por los contenidos didácticos y las propuestas artísticas y creativas donde, además de informar trata la forma de que el lector sea capaz de interactuar con los temas propuestos y desarrolle su imaginación y otras destrezas.



Seguimos con la revista Kiwi, una publicación temática dirigida a niños de entre 5 y 8 años que vio la luz el pasado mes de mayo gracias a un proyecto de crowdfunding. Según sus creadores es una revista dirigida a niños intrépidos, con ganas de conocer lo que les rodea y valorarlo convenientemente. Al igual que el resto de las publicaciones que se incluyen en este monográfico incorpora trabajos de reconocidos ilustradores entre sus páginas y multitud de actividades como recortables, pasatiempos, recetas o experimentos.



Principia Kids nace en 2015 a remolque de la experiencia positiva de su hermana mayor, la cuasi-homónima Principia Magazine, una publicación que en principio tendría formato digital pero que conseguiría ver la luz en formato papel. Aunque muchos la definen como una revista de divulgación científica para niños, yo me atrevería a definirla como un buen batido en el que prima el conocimiento científico sin dejar de lado la creación literaria, ya que sus textos e imágenes podrían encuadrarse dentro de la ficción informativa. Sus más de 70 páginas a todo color se recomiendan a partir de seis años.


Llega el turno de las revistas infantiles que se han pergeñado fuera de nuestras fronteras. Aunque seguramente habrá muchas más, he puesto el ojo sobre las, a mi juicio, más interesantes, tanto por contenido textual, como gráfico. Todas ellas están en inglés, por lo que pueden recomendarse a todos aquellos niños que aprendan otro idioma (esto del bilingüismo es otra “lacra”...).






Anorak (Teepee es la edición para adolescentes de Anorak)






Ploc, Happy Mag for Little Ones (reedición de una revista de los años 60 elaborada por Alain Gree, depende de Anorak Magazine)




martes, 26 de septiembre de 2017

¿Sabemos lo que significa amar?


Mientras mojaba un buen trozo de bizcocho en la leche del tazón y deseaba ver cuanto antes el fin de los madrugones (in)necesarios, mis ojos (o lo que quedaba de ellos), alcanzaron a ver sobre la mesa Amor, un libro de Lowell A. Siff, diseñado e ilustrado por Gian Berto Vanni que fue publicado el año pasado por Niño Editor. Terminé el desayuno y como, aparte de sentir las dichosas agujetas en los músculos intercostales, no tenía cosa mejor que hacer durante la espera en la parada, cogí el libro y me dispuse a leer... Contaba la historia de una niña que es abandonada por su familia de una forma bastante sui géneris, algo que la obliga a dar con sus huesos en un orfanato donde la soledad y la falta de cariño terminan por hacer de ella una marginada.


Sí, era un panorama demasiado triste para aquella mañana soleada, pero con la mirada perdida en el paisaje que atravesábamos, concluí que no me parecía en absoluto ajena. Sólo tenía que remitirme a las aulas para constatar que de ficción, casi nada. 
Al igual que la protagonista, muchos hijos y nietos de occidente nacen en el seno de familias bien avenidas, ven cubiertas ¿todas? sus necesidades y caprichos. Están expuestos al superpaternalismo en su primera infancia, profesionales muy cualificados en materia de educación y medicina los atienden. Natación, fútbol, violín, yoga, psicomotricidad, ludotecas, bibliotecas... Lo tienen todo: primeras comuniones, fiestas de cumpleaños por todo lo alto, regalos desorbitados, móvil y tablet de última generación... Hasta que, de repente, todo cruje y se rompe. Divorcios, quiebras económicas, problemas laborales o familiares provocan un desmembramiento del entorno, el ensombrecimiento de los ánimos y atenciones, y todas aquellas señales de "amor incondicional" se tornan meras ficciones, convenciones evanescentes que nunca volverán. 
Jugadas del destino que nos hacen preguntarnos: ¿Son esas formas de amar? ¿Son una vía para la felicidad?


Hemos querido ver que el amor y la felicidad se esconden tras las cosas banales de la vida, e incluso algunos (tanto adultos, como niños, ¿cuál es la diferencia...?) desconocen la forma de distinguir qué les hace sentirse queridos, sentirse bien. A todos, pequeños y mayores, nos hacen felices las mismas cosas... Charlar, reír, compartir momentos, decir lo que pensamos y sentimos, un abrazo, e incluso discutir son vías para lograr un estado anímico aceptable. Bromas, carcajadas limpias, bailar, rozarse, gente que no conoces de nada con la que acabas teniendo una conversación más que interesante, tontos de solemnidad que te dan ganas de matar, un amigo que se pone a lloriquear... Sentir la compañía de los demás, intercambiar con ellos un instante, hacerlo patrimonio transferible, es con lo que verdaderamente nos sentimos vivos, humanos.


Podría aludir a un sinfín de situaciones vividas en primera persona para ejemplificar esta decadencia (me gusta llamarlo así aunque denote amarillismo), pero dejando mi discurso aquí, les remito a Amor, un título que a pesar de haber sido gestado en 1964, sigue vigente a juzgar por los parecidos más que razonables entre la rabiosa actualidad. Mientras que entonces este álbum de páginas troqueladas poco tuvo que decir en un contexto en el que la trascendencia de obras para niños con un trasfondo crítico era mínima (demasiado moderno para los tiempos que corrían, digo yo...), la perspectiva con la que miramos esta historia hoy día es bastante cercana, no sólo porque tenemos más asumido que el papel desempeñado por la familia en la crianza de los hijos es más que relevante, sino porque se nos olvida con mucha facilidad que el verbo amar, como el verbo leer, no soporta el imperativo, ¿o sí?

lunes, 25 de septiembre de 2017

España, un país de colores


Eran las 10:53, una hora hermosa para premiarse con un descanso. Es lo que tiene la vida doméstica: trabajo y disgustos.
Apoyé el palo de la fregona en el quicio de la puerta y me dejé caer sobre el sillón. El sol de septiembre se abría camino entre los visillos. Sobre la mesa, montones de libros, sobre los libros, toneladas de polvo, y sobre el polvo, las huellas de mis dedos. Me incorporé e intenté poner algo de orden apilando uno sobre otro. ¿Aquello se llamaba “descansar”...? La pajarera de oro..., Espera..., El soldadito de plomo... Coroné aquel rascacielos de papel con Barrios de colores de Ana González Menéndez y Kike Ibáñez (Milrazones), el flamante ganador del último Premio Lazarillo. Lo cogí, dibuje su contorno con mi mano y me dispuse a leerlo.



Pasaba las páginas. Buscaba con la yema de mis dedos cada una de las formas que dibujaban los colores sobre la cuadrícula. Era la historia de un barrio, como el tuyo y como el mío. De un barrio dónde la gente convive, dónde las flores crecen en las ventanas y los niños juegan a la pelota. De un barrio, de una ciudad como la tuya y la mía, en la que pueden pasar muchas cosas. En la que, de repente, se va perdiendo la alegría, todo se vuelve gris y los vecinos empiezan a mirarse de soslayo. Todo por el empeño de unos hombres cenicientos que ensombrecen el ánimo, empercuden la realidad y roban uno a uno los gestos amables. Menos mal que, como en todos los barrios, como en todas las ciudades, como en todos los países, nadie es capaz de detener la primavera, esa que hace crecer las semillas que inundarán de verdes, rojos, amarillos y añiles, avenidas y ensanches, plazas y campanarios.


Cerré el libro y con una media sonrisa llegué a la conclusión de que unas veces son los libros quienes nos acercan al mundo y otras, es la propia vida la que nos lleva hasta ellos. Aquella era la historia de un barrio como el tuyo y como el mío, de una ciudad como la tuya y la mía, de un país como el tuyo y el mío. De un “País de colores”.


Y de fondo, en la emisora de turno, le cantaba Pablo Alborán a toda España una de amor y desamor... “No vaya a ser que te quiera y te vuelvas a ir, no vaya a ser que me enamore aún más de ti. No vaya a ser que me equivoque y te vuelva a perder, no vaya a ser que me caiga otra vez...”


viernes, 22 de septiembre de 2017

Los viernes...


La falta de costumbre, esa que traen consigo las vacaciones, es mala compañera cuando se trata de lidiar con astado adolescente. Ríanse a sus anchas, pero quien no trabaja en esto de la secundaria no sabe lo que es. Energía a raudales (para volver a poner en marcha Garoña), griterío incesante (les aseguro que más de uno/a me ha confesado que les resulta incomprensible cómo no lo oímos), carreras, riñas y amores recién forjados. Y en mitad de esta algarabía, un servidor, como otros tantos, a punto de desmoronarse. Menos mal que es viernes y mañana será otro día... ¡Hale! ¡Feliz descanso!

Los viernes llegan cansados,
sin ganas de jugar,
ni ganas.

Se suben al sofá
y se quitan los zapatos,
que se quedan patos en la alfombra,
con sus lenguas,
y sus cordones,
con sus calcetines desnudos
de ver películas.

Los viernes tienen sopas y un ojalá
colgados en la solapa de estar,
y se tienden sobre la cena,
llenos de cuadros y servilletas de papel.

Hay días en que los viernes se arreglan,
se ponen guapos,
salen,
amanecen,
y se les pone cara de sábado.

Clara López.
Los viernes.
En: Los días liebre.
Ilustraciones de Marcos Viso.
2017. Pontevedra: Faktoría K de Libros.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta. 2ª Parte.


Empieza un nuevo curso escolar y todos los engranajes, aunque a duras penas, se ponen a trabajar. Bajamos el interruptor y padres, maestros, bibliotecarios, editores, libreros y demás animadores,  echamos combustible a la caldera, no sea que deje de moverse esa máquina llamada lectura.
Es por ello que he creído conveniente ampliar la selección bibliográfica que titulé Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta. Una segunda entrega que incluye otros títulos que complementan en gran medida a los de la primera y de paso hacen justicia con aquellos que olvidé en ese acercamiento inicial.
Seguramente esta pequeña selección de libros académicos y/o especializados en diversas facetas de los libros para niños no nos conviertan en eruditos sobre el tema, pero sí creo que nos pueden ser útiles, sobre todo a la hora de mirar y valorar este tipo de libros en el contexto actual, una época un tanto convulsa para la LIJ en lo que a cantidad, calidad, tipología y utilitarismo se refiere (revolución lo llaman algunos, crisis otros).
También decir que, tanto los que hoy presento, como los anteriores, han pasado por mis manos y las considero pequeñas parcelas del saber dentro del mundo lij-ero. Quizá unas les sean más útiles que otras, pero todas ellas configuran una pequeña biblioteca sobre lo que esconde este mundillo.
Y sin más, continuo desgranando, que a fin de cuentas, es lo mío.


El primero de los títulos que forman esta segunda entrega es la Introducción a la Literatura Infantil y Juvenil actual de Teresa Colomer (2010, Síntesis). Aunque en principio pudiera ser un libro concebido como manual universitario, ayuda a sentar las bases sobre lo que es la LIJ, presta atención a sus géneros y formas, y plantea los nuevos caminos que se abren hoy día en este tipo de literatura. Si a esta obra unimos la que ya citamos de esta misma autora en la primera entrega y el de Pedro Cerrillo que lleva por título El lector literario (2016, Fondo de Cultura Económica), tenemos una inmejorable triada para todos aquellos estudiantes de los grados de magisterio que deseen introducirse en estas lides.



En relación al género del álbum ilustrado y considerando que cuando elaboré la primera parte de esta selección todavía no lo había leído, he de llamar la atención sobre How picturebooks work de Maria Nikolajeva y Carole Scott (2001, Routledge), seguramente sea el texto más concienzudo y exhaustivo del análisis del libro-álbum que conozco (A ver si pillo alguno de Perry Nodelman y amplío la oferta...). Muy académica, esta obra sigue vigente y abre puertas a pesar de la revolución que ha sufrido este género en los últimos tiempos. (Aviso para navegantes: Sólo existe la edición inglesa).


Sobre los géneros de la poesía y el teatro infantiles, unos que, a pesar de la gran aceptación que tienen por parte del público no reciben mucha atención desde mundo adulto, quiero citar dos pequeños estudios. En materia de poesía infantil hablar de Tomar la palabra: la poesía en la escuela de Mercedes Calvo (2015, Fondo de Cultura Económica), un libro delicioso en el que lo poético toma las aulas. Su autora defiende a ultranza actividades con los niños, las traslada y sugiere diferentes visiones sobre lo que debería ser y la mayor parte de las veces no es. La poesía se integra en el camino educativo de manera integral y seduce al lector-creador. ¡Te dan ganas de recitar!


En cuanto al teatro destacar la Guía de teatro infantil y juvenil (2002) que Julia Butiña, Berta Muñoz Cáliz y Ana Llorente Javaloyes realizaron con el patrocinio de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, la ASSITEJ y la UNED y en la que incluyeron las obras de teatro infantil en castellano más conocidas y representadas por parte del público. Necesitaría una revisión (ya han pasado 15 años y se podrían incluir algunas otras) pero a falta de pan buenas son tortas...

Son muchas las personas que me escriben para pedirme listados de libros imprescindibles y títulos que no pueden faltar en una buena biblioteca. Yo siempre les contesto que hay bastantes de estas selecciones publicadas ya y que deberían echarles un ojo. De entre estas, voy a citar cinco.


Cien libros para un siglo: una historia de la Literatura Infantil y Juvenil del siglo XX a través de cien libros es un volumen escrito por los integrantes del Equipo Peonza y publicado por Anaya en el año 2004. En él se selecciona un título por cada año del pasado siglo y se comenta. Aunque tiene limitaciones (¿Son suficientes cien libros? ¿Incorporan todos los géneros?) sí nos da una visión de conjunto de las obras canónicas que pueden resultar interesantes para gestionar el catálogo/depósito de una biblioteca infantil.


Más completo y profuso es el Tesoros para la memoria: una visión de conjunto y una selección de obras de literatura infantil y juvenil de Luis Daniel González (2002, CIE Dossat), en el que álbum ilustrado y cómic infantil y juvenil tienen una presencia destacable, así como incluye consejos y criterios de selección para los mediadores de lectura. De mis favoritos.


Dentro de este apartado y por hacer referencia a dos de estas guías de libros infantiles que tanto han proliferado durante los últimos tiempos les apunto 150 libros infantiles para leer y releer, editado por A Mano Cultura (2011) que incluye un interesante corpus de libros seleccionado por el Club Kirico (grupo de librerías CEGAL) junto a Ana Garralón, y 1001 libros que hay que leer antes de crecer de Quentin Blake y Julia Eccleshare (2010, Grijalbo) que aporta una selección desde un punto de vista más anglosajón. 


Por último decir que muy sencillito e interesante me resulta el listado incluido en los Cuadernos Blitz, Ratón de Biblioteca una serie de documentos casi imprescindibles editada por el Gobierno de Navarra y dirigida a centros educativos y bibliotecas escolares que pueden descargar en ESTE ENLACE.


Aunque considero que las obras especializadas en creación dirigidas a escritores, ilustradores o editores no deberían tener cabida en una selección como esta, no he podido obviar un título que a día de hoy es el gran abanderado del mundo fantástico que envuelve a las historias infantiles. La Gramática de la fantasía de Gianni Rodari (varias ediciones, la más barata en Booket) es una lectura obligada, no sólo por contener multitud de recetas de las que se servía el genio italiano para acercar la lectura a los niños y que ustedes mismos pueden poner en práctica, sino por defender una literatura preñada de sinsentido, símbolos, humor y juego.


En penúltimo lugar y en el apartado de curiosidades no quería dejar escapar la oportunidad de hablar del Psicoanálisis de los cuentos de hadas de Bruno Bettelheim, una obra especializada que con cierta dualidad (buena o mala, depende de quien la mire) ha contribuido a entender los cuentos tradicionales desde una perspectiva freudiana y para mi gusto, un tanto utilitarista. Las narraciones que han acompañado al hombre desde sus inicios contienen figuras y símbolos que la mente humana puede traducir y procesar de un modo distinto al meramente literal. Quizá a estas alturas de la vida puede sonar anecdótico y trasnochado, pero siempre interesante. 
Si quieren algo más actual aunque no tan concienzudo les recomiendo a Lisa Cron y su Enganchados a los cuentos, una especie de manual para crear historias y editado por Milrazones, que trata algo de este tema desde perspectivas más actuales como la neurociencia o la psicología cognitiva. Un libro a caballo entre los dos anteriores que nunca está de más leer.


Para despedirme, les dejo el nombre de dos estudiosos que reflexionan sobre la lectura y sus formas poliédricas, Michèle Petit y Aidan Chambers (casi cualquier cosa que encuentren de ellos seguramente les parecerá interesante y les incite a hacerse preguntas sobre esto de los libros para críos)...



... y una escritora, Ana María Machado, de quien recomiendo su inspirador Entre gansos y vacas incluido en el libro cuya portada da fin a esta pequeña pero intensa bibliografía.


martes, 19 de septiembre de 2017

De monos juguetones


Comienza el curso y me pongo a hablar de alumnos con algún conocido, cosa que hago poco, todo hay que decirlo (eso de tenerlos presentes a todas horas no puede ser bueno para el tracto intestinal), y siempre salen a colación mis preferencias. “¿Los de primero de la E.S.O. o los de segundo de Bachillerato? ¿Los de tercero o los de cuarto? ¿Los del A o los del C?” Yo tuerzo el morro y contesto con cara de duda “Todos porque cada uno tiene sus cosas buenas y malas...” “¡Venga, ¡mójate!...” increpan, “Todo el mundo dice que prefiere a los mayores, que no dan tanto la lata...” “Sí, dan menos la lata en el día a día, pero también es cierto que tienen más ambiciones y por tanto son más pesados con las calificaciones. Son más retorcidos y están más contaminados por el mundo adulto. La mayor parte de los problemas que he tenido en esta profesión siempre han estado relacionados con los alumnos de cursos superiores.” Zanjo.


En el trayecto a casa me pongo a cavilar sobre el tema del favoritismo. Se me vienen a la cabeza mis alumnos de primero. Sus caras de ratoncicos asustados el primer día de curso. Sus mil y una preguntas sobre temas que parecen obviedades. Vergüenzas y miedos... Conforme pasa el tiempo, las aulas se caldean y las maneras van despuntando. Risitas por allí, codazos por allá. Que si me ha dicho, que si me esconde el estuche. Tu quieres a este y yo a aquella.... Siguen los meses y lo que era una balsa de aceite ahora es una madriguera. Seguirán pasando y las aulas se tornarán cuadras, y finalmente, selvas. Y como en todas las selvas abundan los primates, Gorilas, chimpancés, titís y orangutanes, también babuinos, macacos y gibones... Giro la llave, abro la puerta y me topo con un libro en la mesa. Tres pequeños monos, uno de esos pocos libros escritos por Quentin Blake, el ilustrador de cabecera de Roald Dahl, que en este ocasión viene acompañado de las imágenes de Emma Chichester Clark.


Editada en castellano por Siruela, esta divertida historia que tiene como protagonistas a tres pequeños simios y su madre adoptiva, además de hacer uso de la repetitividad de situaciones cotidianas que a modo de retahíla ingresan al lector en la narración de situaciones cotidianas, destaca dos formas narrativas más. Por un lado está la dualidad de lo esperado-inesperado, esa de lo predecible-impredecible, una que desemboca en juego cuando el lector expectante pasa las páginas aguardando con una mezcla de sorpresa y antelación qué nueva travesura se traerán entre manos unos pequeños protagonistas con los que seguramente se sentirá identificado. Por otro lado me ha encantado la in-expresividad (autómata diría yo) de estos monos incansables que, con ojos abiertos como platos e inmutables, se enfrentan a la desesperación de la señora Hilda, lo que imprime ironía y parodia a cada situación, algo que seguramente es un guiño al “Yo no he sido” que frecuentemente apelan los niños cuando alguna de sus correrías no tiene un final feliz.
Pues eso, que mañana me tocan unas cuantas horas con los chavales de primero..., y me persigno.


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