jueves, 24 de mayo de 2018

Selección de Boardbooks 2017-2018


Teniendo en cuenta que la llegada de la Feria del Libro de Madrid es inminente y muchos de ustedes aprovecharán para pasearse entre las casetas del Retiro y regalar(se) algún que otro libro, llega la hora de hacer pública algunas selecciones de libros.
Esta semana le toca a los boardbooks, unos libros generalmente dirigidos a los pre-lectores o primerísimos lectores que tienen la característica de estar fabricados por completo con cartón para que los pequeños puedan darles todo el trajín que sólo ellos saben. Una selección muy útil para padres primerizos o con hijos de escasa edad, trabajadores de guardería, educadores infantiles o maestros de parvulario o los primeros cursos de primaria, y en definitiva, para todos aquellos que deseen conocer algo más sobre este tipo de libros. A todos ellos les invito a pasarse por las anteriores selecciones (AQUÍ y AQUÍ) en las que además de descubrir otros títulos que podrían haber pasado por alto, encontrarán algunas apreciaciones técnicas que van abriendo su mirada a este tipo de publicaciones con muchos matices.
En lo que a nuevas consideraciones se refiere decirles que, aunque esta selección se rige por un criterio de formato, he decidido que además de las referencias bibliográficas, las estrellitas para indicar aquellos títulos sobresalientes (***), y la breve descripción con la que los suelo acompañar, dejaré claro cuáles de estos títulos se adscriben a la categoría de “No Ficción” para evitar su inclusión en la selección de libros informativos que en breve también será publicada.
Y sin más preámbulos, aquí va esta selección (ordenada por orden alfabético del apellido del primer autor) que es de mis favoritas por lo manipulativo, lo sencillo y, sobre todo, lo increíble de estos libros. ¡Que la disfruten!


Mar Benegas. El libro rojo y El libro azul. Litera-Libros. (***) Lo que en principio pueden parecer dos ideas descabelladas de su autora, son dos álbumes en formato boardbook que basándose en dos premisas que reúnen muchos libros para prelectores, los colores primarios y la musicalidad de la palabra, abren un mundo más que sugerente para aquellos niños que desean conocer el mundo. No tienen ni una sola ilustración pero no se pierdan la vivacidad de sus páginas que de seguro les recuerdan a lo que hablan sus versos.


Antje Damm. ¡Duerme gatita, duerme! Takatuka. En este libro protagonizada por una gata un tanto deslenguada podemos encontrar vías en las que los libros dialogan con los lectores, más cuando el niño despierta a la felina de su siesta, lo que supone el inicio de toda una serie de acciones con las que pueden crecer los juegos de imitación y conocimiento. Un librito que nos lanza en pos de la sorpresa y la hora del sueño.



Héctor Dexet. Casas y Nosotros. Patio. Continuando con la colección de este autor (recuerden su título Es un jardín…), durante el presente curso se han editado otros dos títulos que toman como excusa los hogares y el ser humano. Acostumbrados a las líneas sencillas y el colorido de este artista podemos pasearnos por las viviendas de diferentes animales como la abeja, los pájaros o la tortuga, o la anatomía y fisiología humanas. Con troqueles, estos híbridos entre la ficción y la no ficción nos invitan a abrir el mundo.


Lucié Félix. Tomar y dar. mtm editorial. (***) No ficción. Seguramente muchos lo conocerán ya debido a su formato de libro/juego interactivo, uno que ha llamado la atención de padres y maestros a la hora de enseñar verbos antagonistas en los pequeños lectores de una forma manipulativa y visual. Si tuviera que llamar la atención sobre algunos aspectos, destacaría dos. Por un lado me gusta que el gesto de pasar la página sea la línea divisoria entre cada pareja de verbos, estableciendo una frontera mayormente temporal entre ambos. Por otro su introducción explicativa en la que recomiendan colocar las piezas en su sitio para que el siguiente lector capte la esencia del mismo es muy necesaria. De líneas sencillas y bien pensado, es un regalo maravilloso.


Imapla. ¡Muac! La historia de un beso verde. Milrazones. (***) Este curso escolar he contado varias veces este libro (con un plus de mi cosecha que da mucho juego…) y todas ellas ha gustado bastante entre los asistentes. Y es que esta historia ideada por Imapla en la que se conjugan los cuentos populares, la diversidad animal, las retahílas y los recursos de estilo narrativo, tiene mucha enjundia. No se lo piensen dos veces si quieren sorprender a los niños -y algún que otro adulto-.




Meritxell Martí y Xavier Salomó. Rojo y Azul. Combel. (***) Integrados en una nueva colección de boardbooks de Combel, editorial especializada en este tipo de formato, son libros que toman como excusa los colores para hacer un recorrido concatenado por diferentes elementos, diferentes palabras que evocan  ese color para quedan conectadas a través de las ilustraciones, lo que permite a los lectores a crear un relato de ficción. Sencillo pero muy interesante


Matthieu Maudet. ¡Hay un lobo! Lóguez. (***) Recién publicado, este boardbook nos presenta una historia llena de humor protagonizada por un grupo de animales que se encuentran un lobo de manera inesperada. Lo cierto es que el lobo está entretenido con otros menesteres (un bocata vegetal), pero ya se sabe lo que es la mala reputación. Un libro que regalaré en más de una ocasión (ya saben que gusto de romper con mi mala fama) a malpensados y amantes de los lobos.


Margarita del Mazo y Cecilia Moreno.¡Puff! Miau – Jaguar. Continuando con la colección que este tándem de escritora e ilustradora empezaron hace casi un par de años dirigida a los más pequeños, tenemos un nuevo título, en esta ocasión, bastante escatológico. Dedicado a los pedos de todo tipo, con ¡Puff! nos entra la risa a través de las palabras, verdaderas protagonistas de un librito honesto y simpático.


Oswaldo Pai e Inma Grau. Ata Bota. Diego Pun Ediciones. Hay otros libros como este en las librerías, pero el aquí incluido me ha gustado mucho por dos motivos. En primer lugar porque parte del juego de palabras, siempre agradecido cuando se trata de primeros lectores, y en segundo lugar porque es la continuación de parte del espectáculo Coro Cocó de la compañía PAI de teatro infantil.


Adrien Parlange. La cinta. Kókinos. (***) Galardonado con una mención en los premios Bologna Ragazzi en su categoría de “Nuevos Horizontes”, no podía faltar en esta selección aunque ya lo incluyera en la de Los mejores del 2017. El concepto del objeto-libro se desborda gracias a la cinta marcapáginas, la verdadera protagonista de un libro delicioso en el que se abren microrrelatos en cada doble página que dan lugar a una proyección imaginada desde una perspectiva manipulativa. Para ver su poder sólo tienen que decirle a un niño que sujete esa cinta amarilla y pasen las páginas ante sus ojos.





Viviane Schwarz. Animales con el gato Chiqui y Contando con el gato chiqui. Milrazones. (***) Continuo con las variopintas apuestas de boardbooks que durante este 2017-2018 ha hecho la casa santanderina Milrazones, en este caso con el gato Chiqui, el protagonista de dos libros de la siempre genial Viviane Schwarz que, desde una perspectiva canalla y humorística nos presenta dos hechos cotidianos: los animales y sus sonidos y cómo podemos contar. Ambos tienen una sorpresa final que utilizando recursos narrativos diferentes en base a la ruptura discursiva, nos sacan una sonrisa.



Cally Stronk y Constance v. Kitzing. Nunú en el jardín y Nunú juega. Kalandraka. Nunú es el elefante protagonista de una serie de libros con texto rimado e ilustraciones dulces y tranquilas que invita al niño a conocer lo próximo. El calor del sol o el sabor de los frutos, jugar sólo o acompañado son facetas a las que Antonio Rubio ha buscado palabras en castellano. Positivo y expresivo, Nunú es un buen compañero.



Annette Tamarkin. Retahíla. Combel. (***) De la autora de En el jardín y En el cielo, nos llega un nuevo  libro de cartón provisto de pestañas y algunos elementos pop-up. Con imágenes de líneas sencillas y coloristas, Tamarkin nos presenta una concatenación de situaciones y por la cual ha provisto a este libro de su encuadernación de acordeón. No se pierdan el detalle con el que el propio lector puede encontrarse formando parte de este libro circular.


Tupera Tupera. ¿Qué quiere el bebé? Phaidon. (***) Una vez más el dueto formado por Tatsuya Kameyama y Atsuko Nakagawa nos presentan una de sus creaciones, en esta ocasión con formato redondo. En cada doble página podemos observar una situación dónde el gesto del bebé protagonista cambia. Es así como se nos presenta la comunicación facial desde un prisma comparativo entre animales y hombres (Muy darwiniano, ¿no creen?).



Katrin Wiehle. Mi pequeña montaña. Lóguez. No Ficción. He aquí un nuevo título para esta colección que nos presenta diferentes ecosistemas del mundo con la baza de estar enteramente editado en cartón reciclado. Esta vez se detiene sobre la montaña, su flora y su fauna, o cómo viven las poblaciones humanas en las cumbres y cimas montañosas. Una agradable y cercana puesta en escena para estos libros informativos. 



Dario Zeruto. Formas Colores Números. Edebé. (***) Este es quizá uno de los libros para pre-lectores que más desapercibido ha pasado durante los últimos meses. Ideado por un arquitecto y diseñador italo-cubano, este libro con doble encuadernación y dos lomos (a derecha e izquierda) se abre como una ventana llena de posibilidades ante el pequeño lector. Como su propio nombre indica, formas colores y números son los protagonistas de un boardbook diferente que se empapa de la influencia de dos grandes, Bruno Munari (artística) y Katsumi Komagata (estimulación temprana). Ya les subiré un vídeo al Instagram de los monstruos.


Y como despedida, hacer referencia a dos boardbooks con mecanismos móviles de Meritxell Martí y Xavier Salomó titulados ¡Buenos días! y ¡Buenas noches! editados por Combel que me parecen bien divertidos y agradables. ¡Júzguenlos ustedes mismos!



miércoles, 23 de mayo de 2018

Un par de abecés



Como esta semana he decidido dedicarla a los álbumes para los más pequeños (pre-lectores y/o primeros lectores), se hace necesario prestarle atención a las letras, porque sin letras no hay palabras.
Muchos de ustedes, más todavía si se dedican a la docencia en las etapas de infantil y primaria, sabrán que hay montones de métodos para iniciarse en la lecto-escritura. Que si el fonético, que si el silábico, que si las palabras generadoras o los métodos globales, pero lo cierto es que todos beben de todos, y probablemente muchos de ustedes utilicen simultáneamente metodologías distintas entre las que destaca el método alfabético,  basado en conocer las letras del abecedario.


Fichas para colorear letras, para darles forma con papel de seda, materiales reciclados o plastilina. Un año tras otro. Pictogramas, tarjetas de asociación, juegos de pared, retahílas y canciones, aplicaciones para tablet o móviles… Una tarea muy necesaria para acercarse a la palabra, para conocer el lenguaje leído y escrito en diferentes edades (no hace falta que les hable de la normativa ni de las tendencias educativas imperantes y sus diferencias).
Yo les confieso que me encantan los abecedarios. He hecho mis propios alfabetos, para jugar con mis alumnos, como curiosidades descabelladas, para aprender, e incluso para que sean publicados (algo que supongo nunca sucederá… ¡Ea, es lo que hay!). También los he incluido en este lugar de monstruos -AQUÍ pueden encontrar unos cuantos-, a los que hay que sumar dos de los abecedarios que más me han gustado durante los últimos meses.


En primer lugar tenemos que hablar de Abecedario hecho con letras, un capricho de Carlos Rubio editado por Litera-Libros. En este alfabeto muy ortodoxo (o nada, si se mira desde la perspectiva de la LIJ clásica, ya que carece de ilustraciones), encontramos mayúsculas y minúsculas de diferentes morfologías (algo de lo que se encargan las disciplinas tipográficas) que tiene mucho intríngulis. En este viaje sin edad (¿acaso los abecedarios no tienen cierto aire atemporal?) por las 27 letras que constituyen el alfabeto, encontramos letras marginadas, otras acostadas, e incluso algunas practicando el coito (cada uno que haga lo que crea conveniente: censurar o explicar). El caso es que me ha gustado el concepto y lo veo un excelente regalo para aquellos que se pirren por el diseño sobre papel.



Por otro lado tenemos a Imapla y su Abecedario escondido (editorial Juventud y cuya portada aparece al principio del post), un libro que además de diseño tiene mucho juego. Para mí es un álbum infantil delicioso con muchísimo potencial, no sólo por su mismo contenido, sino porque ese contenido se puede extrapolar a otros contextos y ser fuente generatriz de muchas actividades que tomen como excusa las letras. Y es que el aspecto lúdico del mismo, ese juego de búsqueda que se establece entre letras y objetos representados/ citados en el texto, es un buen ejemplo de gamificación en el objeto libro. Un objeto que hay girar, voltear, mirar desde diferentes ángulos las ilustraciones que nos presenta Inma Pla para localizar este abecedario colorista y de líneas sencillas.



Ir a la luna en la A, ver como llueve desde la B, o adornar con una flor la E. Son pequeños textos que presentan escenas a doble página y con gran fuerza visual donde el contraste de colores y la composición tienen mucho que decir. Sin duda, mi favorito de este año. 


¿Y ustedes? ¿Qué opinan de ellos?

martes, 22 de mayo de 2018

Cuentos para (no) dormir



La gente no se percata de que estoy harto de cuentos, y no precisamente de los que viven aquí, sino de otros  menos literarios y más innecesarios.
Se ve que se ha instaurado una moda en la que cualquiera puede acercarse a un desconocido y vomitarle una ficción. Unos son mentirosos (Si tienes redes sociales todo es más creíble), los hay desequilibrados que buscan consejo terapéutico (¿Es que no hay psicólogos o es que son muy caros? Llamada de atención al gremio: Por favor, abaraten el servicio), también los tenemos solitarios (Otra enfermedad de nuestra sociedad a pesar de los clubes de alterne, los de jubilados, los de golf y los de lectura), y para terminar están los “porque sí” (La causa nos es indiferente, la cuestión es taladrar al incauto que pillen).


Destripados los compulsivos llegamos a los que yo llamo “funcionales” (Dícese de toda aquella persona que se inventa un cuento adscrito a una determinada situación y con diversas finalidades), léase el no pagar la ronda de cervezas, ser poco generoso con las notas finales del segundo de Bachillerato, justificarse ante un atuendo horroroso, llegar tarde a la oficina o una borrachera por desamor. Declaro que estos cuentos me gustan más, no sólo por el trazo creativo de las narraciones, sino por lo humano que las caracteriza (Quizá podríamos citar aquí lo de “Excusatio non petita accusatio manifesta”).
Y por último llegamos a los cuentos inocentes, sin fuste, que diríamos por La Mancha. Estos ya son la bomba. Los mueven toda una suerte de sinrazones entre las que podemos destacar lo cómico, lo pedagógico o lo absurdo. Una sarta de gilipolleces en la que nos sumergimos sin darnos cuenta en el momento más inesperado. Son como una maraña en la que nos enredamos en mitad de una clase, al salir del cine o en una cena romántica, que no tienen finalidad alguna pero que siempre producen un efecto sorpresivo en los oyentes. Quizá sean de estas últimas de donde emergen los cuentos literarios…


Y así llegamos al último libro de Gilles Bachelet (ya saben que tengo debilidad por la obra de este señor), Un cuento que…, editado por Juventud recientemente. Quizá sea la obra de Bachelet más sencilla con la que me he topado hasta el momento, probablemente porque se dirige a un público muy pequeño –pre-lectores o primerísimos lectores, más bien-, pero no deja de ser menos interesante. En él se nos presentan doce escenas en las que doce progenitores les dan las buenas noches a otros tantos vástagos leyéndoles un cuento. Mariposas, morsas, dragones, extraterrestres y humanos se presentan en escenarios (ecosistemas diría yo, que para eso me dedico a esto de la ecología) muy adecuados.
Me llaman mucho la atención las cunas y los juguetes de estos bebés porque por un lado hacen un guiño al hábitat de bastantes de estos animales (la de la morsa está hecha de hielo, la del oso panda de bambú o la de la cigüeña en un nido), y por otro propicia un maridaje entre fantasía y realidad que siempre saca una sonrisa.


Otro de los recursos que me encanta es la presencia del peluche que acompaña a cada uno de estos bebes y que sirve como anticipo a la siguiente escena, es decir, es un pequeño guiño predictivo que abre boca y que puede servir como nexo conector y apoyo a la hora de su lectura por los padres. Además, si nos fijamos en este elemento, es el que construye un relato circular (el peluche que sostiene el último bebé es una mariposa, es decir, el animal que aparece en la primera doble página).
Si a ello unimos que todos los libros que aparecen en este álbum siguen afianzando esa relación que existe entre la diversidad “animal” (si aceptan excavadora como animal terrestre) y la diversidad ficcional (juegos tipográficos mediante), este librito es inmejorable para bostezar después de leer.



jueves, 17 de mayo de 2018

De atajos, vidas cruzadas y mucho humor



Estamos en la recta final del curso y se empieza a denotar el agotamiento. No obstante y hasta la llegada de la ansiada y solemne, todos los actores de la llamada comunidad escolar tendremos que seguir haciendo nuestro papel…
Entre los alumnos hay de todo. Vagos de solemnidad y otros que trabajan a destajo. También los padres quieren demostrar su valía, bien acudiendo a última hora a preocuparse (o parecer, más bien) por la marcha de sus vástagos, bien haciendo su labor en la sombra (que les confieso que es la que más se agradece). Los maestros, como se imaginarán, estamos hinchados, unos de aguantar, otros de enseñar y los menos, de hacer estas dos cosas simultáneamente. El caso es que la mayoría de alumnos, padres y docentes, seguimos hasta el final.


No obstante y sin ser agorero, también hay que tener en cuenta que, además de participar, el resultado es importante (hoy no quiero charlas terapéuticas sobre conformismo y premios de consolación, que perder jode, en mayor o menor medida, pero jode), la razón por la que muchos, a pesar de haberse rascado el fandango durante nueve meses, buscan atajos para llegar como vencedores.
Son atajos los cursos intensivos con los que las academias hacen su particular agosto (que cada vez, y gracias a Bolonia, se adelanta más a junio) y enseñan todo tipo de trucos para lograr el cinco en la evaluación extraordinaria. También hay trampas… Que si tengo que ir a la consulta de mi primo el médico, que si mi hijo estuvo toda la noche estudiando pero se ha levantado vomitando, que si le han echado mal de ojo (ríanse pero es verídico, tanto o más como aquella alumna que mató a su madre de cáncer con tal de salirse con la suya… Alucinen porque no exagero). Y por último y lo más típico, también tenemos llantos. Aquí lagrimea hasta el apuntador. Abuelas, primos, madres, padres, perros, gatos, e incluso alumnos, sollozan con tal de que te apiades...


Y hablando de atajos llegamos a un maravilloso libro de David Macaulay. El atajo. Publicado en castellano por Océano Travesía, es un libro que se desmarca de la mayoría de los libros informativos de este autor como Castillo Medieval, Pirámide, Catedral Ciudad Moderna (Timun Más, descatalogados) o Cómo funcionan las cosas (Círculo de Lectores, descatalogado también), todos ellos álbumes informativos, y se encuadra más en la línea de ficción de Blanco y Negro o Angelo. Como seguramente haya pasado desapercibido para muchos de ustedes (yo he tardado unos meses en toparme con él), he aquí unas notas.
Lo primero de lo que hay que hablar es de la relación que este álbum tiene con la vida misma, es decir, nos presenta una historia no lineal, toda una suerte de caminos que son posibles, que se bifurcan, que transgreden las normas humanas y se atienen a lo azaroso. Es por ello que, a pesar de parecer intrincado y poco asimilable por algunos lectores (adultos incluso), creo que es un libro necesario por ser el fiel reflejo de lo que ocurre en nuestro día a día desde una perspectiva temporal.


En segundo lugar podríamos hablar de la coincidencia estructural con películas como Amores perros, Crash, Love actually, Sin City o Las horas, en las que una serie de historias presentadas de manera individual tienen un nexo común que se va descubriendo conforme se suceden los fotogramas. En el caso que nos ocupa, un vendedor de sandías, una niña y su mascota porcina o un ornitólogo, son algunos de los personajes que protagonizan las ocho historias (incluidas animales) que se cuentan en sus más de sesenta páginas. La diferencia con el séptimo arte (y aquí viene lo lúdico de este título) es que un libro nos permite ir y venir una y otra vez, favoreciendo que la lectura se convierta en un juego (N.B: Les aseguro que los lectores de este libro-álbum acabarán mareados de tanto pasito pa’lante, tanto pasito pa’tras).


A todo lo anterior hemos de añadir situaciones increíbles, paródicas, humorísticas y/o paradójicas que nos arrancan más de una sonrisa. Sí, escenas jocosas y divertidas que, lejos de parecer vacuas y estériles, nos empujan a preguntarnos sobre dos principios, trascendentales para muchos, y sobre los que se basa El atajo: la relación causa-efecto (uno que mueve gran parte de la obra de este autor) y el tiempo. ¿Qué es el tiempo? ¿Cómo podemos representarlo? ¿Dura lo mismo el tiempo para todos? ¿Por qué sucede esto? ¿Podría o tenía que suceder?... Un sinfín de cuestiones que pueden parecer lógicas pero no lo son.
En definitiva un libro que lejos de ser el cáos que parece, nos ayuda a entender lo incomprensible del mundo mientras desenredamos una deliciosa maraña de ficción.


miércoles, 16 de mayo de 2018

Jardines, magia e incógnitas



Cada vez que un libro de Chris Van Allsburg se edita, un rayo de sol se abre paso en la estantería. No lo puedo evitar, me pongo tontorrón y empiezo a palmotear como un león marino. Abrir la tapa de uno de ellos es como descorrer el telón de una obra de teatro ¡y empieza la función!
La obra de hoy se titula El jardín de Abdul Gasazi , ha sido editada en castellano por Fondo de Cultura Económica y la incluí en mi selección de los mejores del 2017. El propio Van Allsburg ha comentado varias veces que le tiene mucho cariño a este álbum porque fue el que le abrió las puertas en el mundo de la literatura para niños, de hecho fue su primer álbum (1979) y con el que obtuvo una mención Caldecott.


En primer lugar se podría decir que en este libro se recogen la mayor parte de los puntos comunes de la obra de Van Allsburg como son su el contrato fantástico con el lector,  los finales abiertos y sugerentes, y un estilo de ilustración realista y detallado.
En lo que respecta a las ilustraciones decir que están realizadas con grafito, algo que comparte con La escoba de la viuda, Jumanji o Los misterios del Señor Burdick, pero en este caso el carácter estereoscópico de las escenas se hace todavía más patente, ya que el autor presta mucha atención a la volumetría de las figuras y la disposición de los planos constituyentes, algo que quizá se relacione con su formación como escultor, una etapa de su vida a la que estaba más ligado durante sus comienzos.
Sobre el texto hay que decir que, a pesar de las oraciones simples y directas que lo vertebran, es bastante abundante para ser un álbum contemporáneo (ya saben que cada vez hay más economía del lenguaje verbal en el género), algo que no va en detrimento del potente discurso que alberga.


Van Allsburg nos presenta de nuevo un protagonista solitario, un niño en este caso, que debe enfrentarse a una situación aparentemente sencilla: una vecina le pide que cuide de su perro mientras ella se ausenta de casa. Es así como Fritz, el presa canario (¡me gusta esta raza de perros!) huye de manos de Alan y acaba en el jardín prohibido de un mago jubilado con ganas de pocos amigos.
Mientras pasamos las páginas del libro no debemos perdernos detalles muy interesantes… No hay que perderse los motivos florales que visten los hogares de la señorita Hester y el señor Gasazi. Tapicerías, alfombras y papel pintado están llenos de flores y hojas, una riqueza de ornamentación vegetal que parece despertar la curiosidad del lector por ese misterioso jardín y que afianza todavía más el gusto (casi obsesivo) del mago Gasazi por el mundo de las plantas.


Por otro lado les insto a fijarse en las esculturas que flanquean la entrada al jardín, ¿hacia dónde miran? Claramente y en contra de lo que cabría esperar, se sitúan mirando hacía el jardín, parecen haber sido congeladas en esa carrera compartida junto a Alan, e invitan a penetrar en la espesura del vergel de Gasazi y desafiar la prohibición de entrar en él con perros.
También hay que fijarse en uno de los puentes que aparecen en una de las escenas que parece estar inspirado por el de estilo japonés que Monet recogió en uno de sus cuadros, en el cielo que parece ir evolucionando de despejado a nublado a lo largo del día, y en el conejo que pulula por alguna de las páginas y que parece ser la razón por la que Fritz ha salido desbocado.


Les recomiendo detenerse igualmente en la figura mastodóntica del señor Gasazi, una mole bastante impasible que impresiona y que, comparada con lo humanizado de la de Alan (quizá frágil y fácilmente identificable por cualquier niño), parece impasible, estática, inamovible.


Otro de los detalles interesantísimos de entre todos los que se hallan en este título, está en esa escena en la que Alan se encuentra durmiendo en el sofá mientras el hocico de Fritz sale por debajo de este. Si se dan cuenta, Alan aparece de espaldas al espectador, una posición que Van Allsburg elige intencionadamente para no desviar la atención del lector sobre el verdadero protagonista: el cuadro que cuelga de la pared empapelada y en el que se ve representado un puente en mitad de un paisaje ripario, un lugar que, conforme pasemos las páginas, volveremos a encontrar convertido en escenario de la acción principal. Con esto Van Allsburg lanza otra incógnita: ¿y si todo ha sido un sueño de Alan inspirado por ese cuadro? Podría ser puesto que Fritz sigue vivito y coleando cuando llega su dueña a casa... ¡Peeeero…! (Y he aquí el último detalle que señalo) ¿acaso la gorra que descansa a los pies de Fritz en el último fotograma no es la que nos despeja todos los enigmas que encierra este libro? (¿Recuerdan el cascabel de El expreso polar…?). N.B:: Lo dejo a su elección, que ya saben que a Van Allsburg le gusta abrir muchas puertas a sus lectores y sería una faena traicionarlo.


El sueño, la magia, la incertidumbre, el conejo, lo fantástico… No sé por qué todo me recuerda sobremanera a la Alicia de Carroll... ¡Un momento! Oigo aplausos… La función ha terminado.

martes, 15 de mayo de 2018

Comuniones y ¿álbumes religiosos?



Mayo, además de polen en suspensión y escozor de ojos nos trae montones de comuniones. Hubo un tiempo en que la primera comunión pasó a un segundo plano, sobre todo en plena crisis económica, y estos actos se restringían a los estrictos círculos familiares. Parece ser que aquello pasó a la historia y hemos recuperado el boato y la tontería tirando la casa por la ventana a la hora de celebrar el sacramento de la eucaristía.
Y es que se ve que luce mucho eso de encasquetarle a las criaturas un disfraz y señalarlos con el dedo mientras desfilan por el altar (es como verlos sobre el escenario de La Voz Kids o algún que otro programa televisivo tercermundista, pero sin un ápice de talento). Cientos de flashes se disparan y ellos refulgen como merengues blancos, pero a mí no me la dan: jamás podrán tapar el sol con un dedo ni eclipsar a Naomi Campbell sobre la alfombra roja.


Me da cierta vergüencica ajena todo este teatro, no por el acto eclesiástico en sí (muy respetable a pesar de las creencias de cada uno), sino más bien por la farándula española que lo rodea, máxime cuando los protagonistas de tamaño espectáculo son niños al servicio de la ostentación y el despilfarro. Me pasa lo mismo con las puestas de largo, el mejor ejemplo de que el medievo sigue vivo (“He aquí mi hija, señores, para que ustedes la desfloren…” Y todos tan contentos…).
Fíjense dónde hemos llegado, que hasta los apóstatas se creen con derecho de unirse a la fiesta sacándose de la manga las llamadas comuniones civiles y justificar de alguna manera el derroche desmanotado (Media Markt mediante). El caso es que yo, a pesar de vivir exento de compromisos religiosos, discrepo ante este dichoso oportunismo diciendo que, quien convenga participar de la fiesta lo haga de una manera religiosa, que para eso son quienes la han creado.


Y entre tanto ateo y creyente, hoy me decanto por un libro mu' cristiano, El arca de Noé de Peter Spier. Aunque ya lo recomendé en este monográfico de álbumes sin palabras, lo traigo aquí por segunda vez teniendo en cuenta su publicación en castellano por la editorial Patio y de paso, detenerme un poco más en él.
Si bien es cierto que no se podría clasificar como un libro sin palabras propiamente dicho ya que en él encontramos un poema alemán del siglo XVII basado en el fragmento bíblico que introduce la historia, el corpus central de este libro se ha creado teniendo en cuenta una sucesión de escenas que se encargan, no sólo de narrarnos una  historia conocida por todos, sino de enriquecerla a través de detalles que desbordan el mito, y crear así una interpretación original de lo que aconteció a Noé y su arca llena de animales.
Hay que apuntar igualmente que, aunque el formato es de álbum, todo él se articula sobre el recurso de la viñeta, la unidad espacio-temporal elemental del cómic y la novela gráfica, por lo que adquiere carácter híbrido y podría clasificarse también en estos géneros.


Lo mejor de este título galardonado con la Medalla Caldecott (1978) es la riqueza que presenta, ya que la diversidad de formas animales que aparecen en él (les recomiendo que observen con detenimiento las tapas desplegadas) pueden dar mucho juego cuando de pequeños lectores se trata. Incluso les diré que he llegado a ver algún animal extinto que otro (¡Encuentren al dodo!).
Si a todo ello añadimos que el humor, el valor del trabajo, o la frustración están muy presentes en esta historia que, a pesar de estar basada en un pasaje bíblico, prefiere prescindir de connotaciones ortodoxas, para mí es una de las mejores producciones religiosas dirigidas a los niños que he visto últimamente y que merece la pena extrapolar a cualquier tipo de lector, no sólo para conocer el hecho cultural que embebe parte de occidente, sino por pasar un rato excelente por la lectura y las narrativas gráficas.



sábado, 12 de mayo de 2018

Sólo le pido a Dios que termine Eurovisión


Tras realizar mis tareas domésticas y echarme algo al buche, pongo la tele para dejar de ser un indocumentado (estoy peor que mis alumnos: viviendo en la ignorancia…) y me encuentro ¿a que no saben a quién? ¡Pues a la Amaia y el Alfred! ¡Otra vez! ¡La millonésima! (¿Notan ese deje ácido, verdad?) Sinceramente, me hallo hasta el escroto de estos nenes. Y no precisamente porque un servidor esté en contra de que los jóvenes hagan realidad sus sueños (cosa que debería pasar siempre), sino más bien porque no tenemos bastante con pagar los costes de la broma “eurovisiva” (y sus precuelas, claro está), sino que además nos toca sufrirlos a todas las santas horas del día (Resoplido)…
No es que canten mal (ni mucho menos), pero esta tortura vietnamita a la española se está yendo de madre por ñoña, insulsa y aséptica. Hasta la Rosa, con sus tragedias y miserias, tenía más guasa y sobrasada. O es que lo ibérico se está europeizando hasta cotas insospechadas, o es la imagen, el estereotipo juvenil hispano que se desea potenciar desde la televisión patria. Sólo faltan las de “Lo malo” para acrecentar este tormento... Sinceramente, esta noche nos toca festival de la canción y echo de menos a Massiel.
Hace cincuenta años que María de los Ángeles Félix Santamaría Espinosa (que así se llama)  ganó Eurovisión gracias a una canción del Dúo Dinámico y a las presiones “indepes” sobre Juan Manuel Serrat. Todo muy español (ya saben…) y nada que ver con este panorama tan apocado y pusilánime que llevamos padeciendo tres meses (que se dice pronto, ¡¿eh?!). Y como no me quiero poner negro confrontar personalidades (que si no, apaga y vámonos) sólo les dejo con esta entrevista sin desperdicio a la Massiel-ísima (no deja títere con cabeza esta pájara) y comparen ustedes mismos.
De repente, me paro a pensar y caigo en que todo este conreo (denótese el mancheguismo) se debe a una de esas cosas que nos hace humanos: la voz. Y es que las cuerdas vocales, el lenguaje, el habla, es lo que nos hace únicos frente al resto de los animales. Como bien dice José Fragoso en Mi voz, con ella nombramos a las cosas, podemos hacer pedorretas, contar historias, llamar a tus amigos, y, sobre todo, cantar (cosa que nos ocupa hoy). Y es que en este álbum ilustrado editado por Narval, se incluyen con mucho salero (menos mal que algunos españoles, a pesar de pulular por EE.UU., lo siguen conservando) toda una suerte de actividades que se relacionan con el mundo de las ideas y la palabra. En definitiva, un libro a caballo entre la ficción y la no ficción muy recomendable para parlanchines, vendepeines y cantantes en ciernes.
Y hasta aquí, la perorata del sábado. A ver qué pasa esta noche. Esperemos que el martilleo de “su canción” (ironías de los pronombres posesivos) no dure como los cincuenta años del “La la lá”, aunque por la parte que me toca, sigo diciendo de como Massiel, nadie (o en su defecto Salomé). Ea, así es la vida. Y Eurovisión.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...