jueves, 29 de marzo de 2018

¿Pasión o folclore?



Hoy empezamos con la pasión. Aunque algunos dicen que es la de Cristo, yo me atrevo a afirmar que también es la de las corbatas y los trajes de chaqueta, de las mantillas y las peinetas, la de las torrijas y los buñuelos. De las cañas al mediodía, del vino blanco, también del tinto, el bacalao rebozao y cuatro croquetas. La del potaje, los garbanzos, los costaleros y las cornetas. Es la pasión, que se note manque pierda...


Y así, todos enfervorizados. La primera, la cuatro y la sexta. La una con el Cristo de los gitanos, la otra con la Macarena, y la de más allá con la Cristo de los legionarios. Que si el fervor de la ministra, que bien canta el himno, que cómo se nota. Y mientras tanto, un chorro de apóstatas y republicanos también se apuntan a la fiesta ataviados de capuz, túnica y escapulario, que a pesar de anticlericales, no faltan al guateque como anónimos mercenarios. No se fíen de las apariencias, ni de las que se estilan en las capillas, ni de las de los centros okupados, que la fe va con todos, Dios mediante.


Si a todo ello le añadimos lo muchos que se despachan algunos en las redes sociales con todo tipo de consignas y vendavales (¿desde donde dice usted que soplan esos aires...?), la polémica está servida. ¡¿Qué más dan saetas, procesiones o banderas a media asta si lo que nos gusta es el folclore, los dimes y diretes, la España de las mil facetas?!


Así que, para cerrar esta semana pasional (y breve, ya saben que disfruto de mis vacaciones) no podía dejar pasar La entrada de Cristo en Bruselas, un libro de Andrea Antinori (Libros del Zorro Rojo) que, tomando como excusa la obra homónima de James Ensor (1889), uno de los precursores del expresionismo, se interna en un desfile disparatado de personajes que dan la bienvenida al redentor a esta ciudad. Una procesión en toda regla que, de forma surrealista, estrambótica, crítica y muy colorida, acerca al lector a las celebraciones culturales que en torno a la vida y pasión del Cristo se llevan a cabo en media Europa durante estos días.


James Ensor

Haciendo alusión a la entrada de Cristo en Jerusalén que el pintor belga descontextualizó temporal (pleno siglo XIX) y espacialmente (Ensor prefirió alejarse de Oriente próximo), Antinori explora toda una suerte de personajes (incluidos la muerte y "El hijo del hombre" de Magritte) que, de forma peculiar, deciden hacer el más disparatado recibimiento al mayor icono del cristianismo, lo que desemboca en una mordaz sátira en la que parodia y sinsentido son las claves para poner en tela de juicio la importancia de la religión en nuestras vidas.
Es por ello que después de echarle un ojo a este honesto álbum les animo a responder la siguiente pregunta: ¿Acaso religión es sinónimo de postureo? Piénsenlo en estos días de pasión, sea esta del origen que sea.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Estupenda recomendación como siempre.
Un saludo.
Carmen

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