miércoles, 30 de enero de 2019

Las polémicas ilustradas de Bologna Ragazzi



Hsiu Cheng Ying



Para Patricia, con la que hablo (y me río) mucho de estas cosas.

Como estoy en modo pasota (más que nunca) vivo ajeno a la mayor parte de las polémicas que avivan las redes sociales. De vez en cuando me paseo por el tuiter y el feisbuq y, tras darle alas a estas reflexiones mías, me percato de que la cosa se ha puesto chunga gracias a Fernando Savater, los taxistas, y la selección de las obras que compondrán la muestra de ilustradores (o The Illustrators Exhibition) de la próxima edición de la feria Bologna Ragazzi, una de las que más ha dado que hablar a los monstruos (ilustradores sobre todo) durante los últimos días.
Como ya saben que un servidor no puede faltar en estos salseos (¡Quien no disfrute con una mesa-camilla que levante la mano!), aquí estoy, en calidad de enterao para bailar por distintos puntos de vista y dar mi opinión.


Sandro Bassi

Señoras, señores, empiezo fuerte. El Román les confiesa que la selección de la citada muestra no le entusiasma mucho. Según mi paladar, quizá un tanto desviado, la selección es homogénea, tendenciosa y pobre. No se echen las manos a la cabeza ni tampoco las rodeen sobre mi pescuezo. Déjenme hablar…
Con esos tres adjetivos no quiero decir que la obra de los artistas seleccionados lo sea (hay gente muy buena, con buena mano e ideas increíbles en esa muestra de ilustración), pero sí quiero dejar bien claro que sí lo es en su conjunto, pues a mi parecer, una exposición de estas características debería mostrar gran parte de los diferentes estilos y vanguardias de esta parcela del mundo artístico y gráfico, es decir, debería ser plural, menos sesgada y más viva, más todavía teniendo en cuenta lo movido y exuberante que está el panorama del álbum en particular y la LIJ en general.


Yosuke Inoue

Evidentemente, y como han apuntado algunos especialistas y editores, cualquier selección es sesgada. Las de Bologna, las mías, las de Perico el de los palotes…  Por mucho que las directrices y los criterios estén bien marcados, es imposible controlar las inclinaciones y valoraciones de cada uno, las que no entienden de estilos o paletas de colores (yo tengo las mías, las personas que escogieron estos trabajos obras y los que las verán expuestas,  más variopintas todavía). Esto no invalida esta muestra ni cualquier otra. Esta es la muestra de Bologna y ahí estará, guste o no.


Andre Letria

Pero, ¿qué mueve esta muestra? ¿Con qué intenciones se realiza? En primer lugar hay que atender al símbolo, al espíritu, a la filosofía de una muestra que atiende a las vanguardias y las nuevas tendencias (¿Cuándo algo novedoso, bizarro, transgresor, ha sido aceptado a la primera? Muchos de los grandes maestros no vendieron un cuadro en vida pues no fueron entendidos por las sociedades de su tiempo), a los nuevos “europeístas” o a los países invitados.
En segundo lugar no hay que olvidar que Bologna es un negociazo. Allí se compran y se venden derechos a tutiplén. Se firman contratos de cesión, de acuerdos, de exportación. Colas kilométricas para buscar nuevas estrellas de la ilustración y el texto… Un mercado de abastos del libro infantil y juvenil, que cómo no, necesita animación. Y ellos pensaron “¿Y qué tal si organizamos una muestra de ilustración? Por un lado nos lavamos la cara (que no se note que aquí los que más ganan son los grandes grupos editoriales) y por otro aviva los corrillos y ofrece cierta expectación.


Olga Shtonda

Lo que no deben olvidar los organizadores de la feria, más concretamente los intervinientes en dicha selección es que, a pesar del prestigio y reconocimiento por parte del sector, de Bologna Ragazzi, el mayor escaparate de la LIJ junto con la feria de Guadalajara, es que el público tiene derecho a opinar. Las grandes casas editoriales, también las independiente, las cadenas de librerías, las escuelas de ilustración, todos desarrollan su actividad amén del público y el público no perdona que se les desoiga.


Yashuhiro Tanaka

Sí, muchos estudios sociológicos apuntan a que las masas tienen ciertos comportamientos “indeseables” (véase el caso de la ilustración más comercial), pero el público (familias, bibliotecarios, lectores…) tiene mucho que decir y hacer ante productos de consumo (Alimenticios o culturales, jamones o libros, el comprador tiene la última palabra) y puede opinar (verbal o monetariamente) como le apetezca sin necesidad de ser minusvalorado por su (an)alfabetización visual, algo que se desprende de los comentarios que muchos especialistas solemos/suelen hacer cuando un desacuerdo de estas características sale a la luz.


Yushiyuki Maeda

Opino que apelar al desconocimiento general del gran público, incluso aderezarlo con cierta condescendencia, para justificar la selección de obras que no gustan o no son aceptadas de forma masiva, es algo torpe, más que nada porque se sienten/sentimos despreciados (regreso a los taxistas: ¿ven el boicot que se ha desencadenado?). ¿Acaso unos pocos están/estamos iluminados? ¿Otros no lo están/estamos? ¿El pueblo no puede/podemos opinar? ¿Sólo las élites instruidas tienen/tenemos derecho a hacerlo? Creo que el equilibrio se halla en entreabrir ambas puertas y dejar que las experiencias de familias, autores, libreros, bibliotecarios, editores, y otros mediadores se entremezclen para crear cierto cuorum, nuevas sinergias, sobre todo cuando considero que todos debemos remar en un mismo sentido con esto de la lectura.



Miren Asiain Lora

Imágenes: Acompañan esta entrada algunas de las obras seleccionadas que más me han gustado. Pueden echarle un vistazo a la selección de ilustradores en ESTE ENLACE y a la galería de imágenes en ESTE OTRO y opinar por sí mismos.


martes, 29 de enero de 2019

Abriendo libros y cerrando el desánimo



No sé qué coño le pasa al personal. Tienen tan mala cara que desaniman a cualquiera. Unos  sufren de gripe (¡Como si yo tuviera la culpa! ¡Bastante tengo con intentar no pillarla!), otros con mucho trabajo (Yo vivo soterrado por pilas de exámenes que preparar y corregir, y no me dedico a joder al personal), y los menos aducen problemas familiares (mientras no sea un problema grave, hay que huir de los que se quejan de los hijos malcriados). El caso es que la cuesta de enero (más la emocional que la monetaria) está resultando muy acusada con una atmósfera tan grisácea.
Señores, yo también podría contarles mis penas (autocompasión… ¡vaya asco!), pero prefiero dejar de cavilar y lamentarme (sobre chorradas, la mayor parte de los casos) para ponerme con otros menesteres, léase quitar el polvo, preparar un bizcocho o planchar toda esa ropa que debería estar ocupando el armario.


Si no les apetece en absoluto dedicar su tiempo a las tareas domésticas, hoy les propongo una aventura (baratica, que ya sé que el dinero sigue mermando en sus bolsillos). Pónganse guapos (es un buen comienzo ese del quererse y cuidarse), echen mano del abrigo (que con está ciclogénesis pueden salir volando) y dirijan sus pasos a la biblioteca más cercana. Busquen la sección de narrativa, pues la propuesta de hoy tiene que ver con los clásicos, y, sobre las baldas, den con Peter Pan y Wendy, Robin Hood (en la edición de Howard Pyle), El mago de Oz, El viento en los sauces, Alicia en el país de las maravillas, La isla del tesoro y una colección de cuentos de  los hermanos Grimm. Con eso, bastará.


Si no me equivoco podrán pedir prestados estos siete libros (N.B.: No hagan como un servidor y devuélvanlos cuando sea menester… Les confieso que me he demorado un poco con el último préstamo… Soy un mal ejemplo y tendré que sufrir las iras de mi bibliotecaria. Lo reconozco). Váyanse con ellos a casa, de la mano o bajo el brazo (de ustedes depende el gesto cariñoso), elijan un sillón cómodo ¡y a leer!
Al principio, muy al principio, se sentirán algo estúpidos (¿Leer? ¿En vez de ver la serie de moda? No sé lo que aguantaré…), tras unos minutos esbozarán una sonrisa (Y aquí estoy… ¡con estos libros para niños!), seguidamente se olvidarán de sus prejuicios, y por último se sumergirán en las escenas imaginadas, en el mundo de la fantasía. 
No piensen que son los únicos, pues uno de los personajes icónicos de la LIJ actual, el Willy de Anthony Browne, también hace lo propio en Los cuentos de Willy, un título recién reeditado por Fondo de Cultura Económica.


Con este libro, el autor inglés pretende rendir un homenaje a unas cuantas obras fetiche de la literatura infantil a través de su (creo) alter ego, Willy, el mono que protagoniza sus libros-serie más conocidos, y de paso hacer un reconocimiento público (y necesario, tal vez) al universo bibliotecario (cruzar esa puerta… una bonita metáfora). También propone un juego a los pequeños lectores, pues abre esas historias a nuevas interpretaciones y finales en cada doble página, un recurso que utilizan muchos autores para introducir al lector en el país de lo (meta)literario y la creación.
¡Venga! ¡No pongan esa cara de muermos! ¡Atraviesen la puerta y disfruten de los libros!


viernes, 25 de enero de 2019

De frío y lana



Parece que el frío arrecia. El mar se agita, algunos campos se han cubierto de nieve y circula un viento que rasca bien los riñones. Así que, esperando que arribe un febrero más suave, toca abrigarse. Un jersey gordito, gorro (sombrero para los elegantes), un par de guantes, botas altas, algunos hasta leotardos, un cortavientos y la bufanda que no falte. Lo bueno del asunto es que las materias primas han cambiado. Que antes con tantas capas de lana, por poco moríamos sepultados… 

- Ovejita, dame lana.
- ¿Para qué quieres mi lana?
- Para hacerme un jersey
y estar siempre calentito.
Si me tapo la barriga
un buen catarro me evito.

- Ovejita, dame lana.
- ¿Para qué quieres mi lana?
- Para hacer un lindo gorro
que resguarde mi cabeza.
No tendré frío en el pelo
ni tampoco en las orejas.

[…]

Isabel Minhós Martins.
En: Ovejita, dame lana.
Ilustraciones de Yara Kono.
Traducción de Xosé Ballesteros.
2019. Vigo: Kalandraka.


jueves, 24 de enero de 2019

¡Un poco de cómic infantil y juvenil nunca viene mal!



Con tanto libro-álbum (un poquito saturado ando) hace tiempo que tengo desatendidos otros géneros de lo que llamamos Literatura Infantil y Juvenil. Así que este 2019 he empezado con ganas de resarcirme de estos olvidos.
Si la semana pasada les traje unos títulos de narrativa, hoy le llega el turno al cómic infantil y juvenil (si quieren saber más sobre las narrativas gráficas de calles y viñetas disfruten de ESTE MONOGRÁFICO). Aunque el título del post rece “selección”, les aviso que les traigo aquellos títulos que más me han gustado de los pocos que he leído el pasado año, porque lo cierto es que no me ha dado tiempo a internarme en las fauces del género, un universo que empieza a crecer mucho. Así que me ceñiré a este puñado de títulos, que no son pocos.



Empezamos con Churro y el mago de Gastón Caba, un nuevo título de la colección de cómic infantil Mamut. En esta historieta sin palabras un conejo pierde el autobús que le llevará al colegio y deambulando por las calles encontrará la función del mago. El protagonista se hace con la varita mágica y le da rienda suelta a los encantamientos y la imaginación. Me ha gustado bastante este cómic sin palabras que con un toque de humor nos lleva al clásico del aprendiz de mago y los consabidos líos.



Seguimos con otra historia para los más pequeños, concretamente Narval, unicornio marino, un cómic de Ben Clantos publicado por la editorial Juventud. Protagonizado por este cetáceo y su compañera de aventuras Medu (adivinen qué celentéreo es), nos encontramos con una historia un tanto absurda y muy risueña que nos permite adentrarnos en el fondo marino y sus habitantes. Con mucha aceptación entre los primeros lectores (y sus padres, pues tiene un toque inocente vs. canalla), le auguro mucho éxito teniendo en cuenta que ya está a la venta una segunda parte que lleva por título Super Narval y Medu Shock.



Pasamos a otra serie con mucho éxito, la de Gucho & César. Creada por Krystyna Boglar y Bohdan Butenko, se considera un clásico de la LIJ en Polonia, algo que no es de extrañar pues, esta pareja formada por un perro y un hipopótamo beben también del humor surrealista y sinsentido del cómic para las primeras edades. Situaciones cómicas y con cierta miga acontecen en las páginas de su primera historia La isla de las zanahorias que ha editado maravillosamente en castellano Fulgencio Pimentel.


Continúo con tres títulos del catálogo de la editorial La casita roja. Abre este lote La caja sorpresa de Art Spiegelman, un libro del genio de la novela gráfica dedicado a los lectores más pequeños donde el conejo protagonista recibe como regalo de sus padres una de esas cajas que al abrirlas aparece un monigote saltarín. Aparte del susto inicial la cosa se complica, pues los juguetes no son tan inocentes como parecen…


Para terminar este trío de títulos me tengo que detener en Las aventuras de Lester y Bob de Ole Könnecke, una serie de pequeños sketches reunidos en dos volúmenes para disfrute de todos los monstruos. Este pato avispado y este oso tontorrón destilan un humor muy blanco por el que merece la pena pasarse tengamos la edad que tengamos.




Una mención conjunta merecen dos obras de Liniers editadas en nuestro país en los últimos meses que son El globo rojo en la lluvia (el tercer título de La casita roja) y Buenas noches, planeta (editorial Impedimenta). Mientras que la primera es una historia cotidiana y muy hermosa entre dos hermanos durante un día de lluvia, la segunda añade el componente fantástico de un juguete que cobra vida propia, una idea recurrente en el ideario de la literatura infantil (ver más de estos libros AQUÍ) para imprimirle cierta magia a las horas de sueño. Me encantan ambos.


Continuamos con las aventuras de Cecilia Van Helsing, una saga para niños creada por Julio A. Serrano y editada por Bang ediciones. Como deja entrever su apellido, la protagonista desciende del archiconocido cazador de vampiros, licántropos y otros monstruos, algo que tiene mucho que ver con un cómic de misterio y terror al uso. Pero no se dejen engañar por las apariencias pues en esta colección, el humor y la simpatía también tienen su hueco.



Concluyo la tanda de cómic infantil con Los diarios de Cereza una serie de cómics de Joris Chamblain y Aurelie Neyret (Alfaguara) que han causado mucho revuelo entre las niñas del entorno europeo, incluido el nuestro. Los libros están protagonizados por Cereza, una niña curiosa y con cierta afición por la escritura que resuelve misterios junto a dos amigas. Entre pesquisa y pesquisa se dedica a tomar todo tipo de notas en su diario asesorada por una vecina escritora. Una novela gráfica que me parece muy apetitosa, no sólo porque despierta mucho entusiasmo, sino porque conjuga diferentes estilos de ilustración, mantiene el ritmo y por qué no, tiene sensibilidad y buen gusto.



Sin duda Io de Daniel Piqueras Fisk (editorial Narval) es la nota surrealista (me atrevería a decir que un poco sinsentido) del post de hoy. En este viaje por el amor, la amistad, lo humano, el nacimiento, el cosmos (macro y micro), la creación, las ideas, y un montón de cosas más, podemos entrar todos. Unos desde unas puertas visibles y otros desde las más escondidas. Me gustó pero no sé porqué. Ahí está lo bonito…


Como no hay selección de cómic sin una de fantasía, aquí traigo Las espadas de cristal, un cómic de Sylviane Corgiat y Laura Zuccheri (editorial Yermo). Cuatro espadas de cristal caen en diferentes puntos del mundo, una de ellas en la aldea de Yama, la protagonista. Tras el secuestro de su madre y la muerte de su padre, la niña decide vengarles. Así empieza una historia que no deja indiferente pues aunque bebe de las estética futurista y fantástica, se aleja bastante de los mundos escandinavos de Tolkien para internarse en las mitologías asiáticas (cierta estética a lo Miyazaki y precolombinas). Aunque para mi gusto la acción cojea en algunos puntos, es lo suficientemente buena para estar aquí.



No nos debe extrañar que La guerra de Catherine, una novela gráfica de Julia Billet y Claire Fauvel editada en España por Astronave, se alzara con el premio joven del festival de Angoulême. Esta historia que podría engrosar perfectamente la etiqueta de Libros y nazismo, nos aproxima a la vida de una chica judía durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la toma de Paris, Catherine huye y recorre Francia de incógnito ayudada por la resistencia con una cámara de fotos bajo el brazo. El testimonio es muy interesante, no sólo por el punto de vista de la protagonista, sino porque en él se ven retratados los héroes anónimos de la contienda.


Con un título tan llamativo como Quiero comerme tu páncreas llegamos al único manga de esta miscelánea. Basado en la novela homónima de Yoru Sumino, este shojo (tipología del manga que se dirige a jovencitas) dibujado por Idumi Kirihara y pulicado en castellano por ECC Cómics, nos acerca la historia entre una chica alegre y desinhibida que sufre una enfermedad terminal y un chico introvertido y solitario. Aunque se podría traducir como una historia de amor, bajo mi punto de vista habla más de amistad y transformación. Me consta que mucha gente se ha hinchado a llorar con este tocho, ¿quieres ser la próxima?


Para terminar me toca un par de obras para adultos… La primera son las tiras cómicas de Calvin y Hobbes de Bill Waterson. Me encantan las conversaciones de este niño con su tigre ¿de peluche? (a veces también intervienen sus padres) en las que el cinismo y una verborrea locuaz siempre te arrancan una sonrisa. Rescatadas por la editorial Bruguera, podemos encontrarlas en varios volúmenes, así que bien se pueden regalar uno cuando cobren la semana próxima.



La segunda es Aquí, la aclamada novela gráfica de Richard McGuire (Salamandra Graphics), una creación bastante atípica que rompió en su día con los cánones del género y que me atreví a leer hace unos meses. El autor elige un solo espacio en el que dar vida a una interesante multiplicidad de tiempos increíble. Un montón de historias con un único nexo en común, el lugar donde se desarrollaron. Merece mucho la pena a pesar del ejercicio de flash-back que hay que realizar una y otra vez.



miércoles, 23 de enero de 2019

Una de peras gigantes y aventuras



Estamos en el ecuador de la semana académica (la que a mí me importa, la de los cinco días) y creo que hay que darle una vuelta de tuerca a estos ánimos minados por la climatología (¡Qué días tan asquerosos se está gastando enero!), una gripe arrolladora (estoy a pique de rezar un rosario para no pillarla…) y las carteras vacías (no se preocupen que dentro de nada es final de mes y recuperamos el poder adquisitivo). Así que, sin más dilación me permito el lujo de traerles un libro muy divertido.
Algunos lo tachan de comercial, otros de simpático, los más de creativo, y a un servidor, que según muchos le saca poco jugo a los libros (¿Qué se creen? ¿Qué yo no sufro al sector crítico…?), simplemente le ha encantado. Es por ello que me creo en deber de sacarlo a la palestra, más que nada porque en las librerías españolas está pasando un tanto desapercibido (y eso que se ve que los españoles vamos leyendo…) y a lo mencionable (calificaciones aparte) hay que darle vuelo.


La increíble historia de la pera gigante (editorial Gribaudo) es uno de los libros infantiles más exitosos del dibujante danés Jakob Martin Strid. No es la primera vez que un historietista de corte político (pueden echar un ojo a su serie de viñetas Strid que publica periódicamente en el diario Politiken) se hace a la mar en el universo de los libros infantiles, algo que da buena cuenta de que el mundo de la literatura para niños tiene cierta relación con el de la literatura para adultos, sobre todo en el aspecto subversivo.


De aventuras, surrealista, absurda… No cabe duda de que es una historia curiosa. El título ya nos invita a sumergirnos en él (¿Una pera gigante? ¡Con lo que me gustan!). Empezamos a leer… La cosa va de dos amigos, Mika, una gatita con mucho arrojo pero con pocas ganas de mojarse, y Sebastian, el elefante asustadizo, que viven en el pequeño puerto de Solby. Un día se topan con una botella que contiene una semilla y un mensaje inquietante, que les lleva a pensar que el alcalde JB desaparecido un año atrás está en peligro (¿Se imaginan? Dos niños rescatando a un político… Puedo adivinar algo de crítica social en este gesto…). Ellos, inocentemente, plantan su semilla (¡¿Qué tendrá ese gesto que tanta magia ha traído a la literatura infantil desde las habichuelas de Jack?!) y empieza la acción.


Piratas, científicos, monstruos marinos y mucho humor llenan las páginas de un libro que bebe de la idiosincrasia del cómic (no hay calles ni viñetas pero sí múltiples escenas por página) y del libro informativo (me encantan las ilustraciones que nos dejan curiosear dentro de la pera o en otros “medios de locomoción” que tanto utilizan autores como Richard Scarry o David Macalauy). Sobre el mensaje ya saben que hay tantas interpretaciones como colores (que si el valor de la amistad o la superación de los miedos personales), pero yo, que siempre le saco punta a todo, me he fijado en que se desmarca de la crítica hacia el mundo adulto que Roald Dahl hace en James y el melocotón gigante (obra que inspira claramente a esta) para darle un tono más fresco y alocado, algo que también se agradece en estos tiempos en los que pululan padres comprensivos y desenfadados.


Lo dicho. Esta historia puede soportar muchos adjetivos, así que diríjanse a la librería/biblioteca más cercana y háganse con ella. Y después, si gustan, vean la película de animación europea inspirada en ella (otro título que ha pasada a engrosar esta lista de libros infantiles con peli de dibujos incluida) y comparen.
¡Hasta mañana!

martes, 22 de enero de 2019

¿Perdiendo el tiempo o aprovechándolo?



Los adultos nos ponemos muy pesados cuando vemos que los niños, los jóvenes, pierden el tiempo con los aparatos electrónicos. Que si nene deja el móvil y ponte a estudiar, deja la tele y arregla el cuarto, deja la tablet y ayúdame a poner la mesa… Una cantinela que se repite todos los días en cualquier hogar. Pero, ¿acaso no preguntamos si hacen algo útil con esos dispositivos? Seguramente la mayor parte de las veces no hacen ni el huevo, pero otras quizá estemos errando. Esto sucede en parte porque los mayores tenemos nuestras propias ideas sobre lo que es aprovechar el tiempo, y todo lo que se salga de esos parámetros consiste en perderlo. Si a ello añadimos que prejuzgamos a críos y adolescentes a todas horas, cualquier cosa que se escape de hincar codos y las actividades extraescolares clásicas, no tienen cabida en lo productivo (futuro, dichoso futuro del dinero y el estatus).


Tengo alumnos de todo tipo. A unos les gusta cantar, otros se dedican a la magia, el de más allá hace parkour (para los poco doctos consiste en saltar por cualquier sitio), alguno que prueba videojuegos, chicos que les encanta disfrazarse, dos de ellas se dedican al teatro, los menos a la papiroflexia, a la cocina, uno que hace taquigrafía, otro que recogía piedras, y una que practicaba el finger dancing (les incluyo al final del post dos ejemplos de esta maravilla). Seguramente todos y cada uno de ellos empezaron a practicar todas estas cosas a espaldas de sus progenitores, bien por vergüenza, bien por evitar que les dieran la chapa (dudo que muchos de ellos las cultiven abiertamente hoy día) pero a mí, que me encanta que cada uno pueda enriquecer su mundo interior de la manera que le plazca (yo lo he hecho y me ha dado igual ocho que ochenta), me parecen aficiones maravillosas.



Necesitamos cambiar nuestro concepto sobre lo que es útil y lo que no, de lo que nos llena y lo que nos vacía, de lo que nos aporta y de lo que nos vuelve inertes. Para ello hoy les traigo dos libros que me han encantado y que (creo) necesitan leer. El primero de ellos es Mi abuelo, un álbum de Catarina Sobral editado por la editorial Limonero. En él se entrevén las vidas de un abuelo y su vecino que se supone comparten muchas cosas en común. Les gustan los idiomas, la comida italiana, charlar con la gente, hacer la compra y las plantas. Pero no es oro todo lo que reluce, algo que nos muestra la autora estableciendo un paralelismo entre estos dos personajes en cada doble página y concluyendo con que el vecino del abuelo, a pesar de “aprovechar” muy bien el tiempo, no tiene una vida tan agradable como cabría esperar, sobre todo porque no se deja llevar por sus deseos de libertad y tiempo libre.


El segundo libro al que deseo referirme hoy es Ana y la gaviota de Carolina Esses y Raquel Cané (Adriana Hidalgo Editora, colección Pípala). Les tengo que decir que es una creación que abre muchos interrogantes, más todavía al desarrollarse en una atmósfera sutil y algo romántica de una playa que ayuda a suavizar las reacciones. En ella, una enfermera que se dirige a su lugar de trabajo, siente la necesidad de socorrer a un ave marina que ha tenido un accidente. Ante ella se presentan muchas dudas: ¿Su presencia es más necesaria allí que en el hospital? ¿Y si por su decisión alguien muere? Para saber el final tendrán que leerlo, pero les aviso de que es un buen libro para abrir un diálogo sobre la dicotomía responsabilidad-deseo con cualquier tipo de lector.




He aquí dos maravillosos ejemplos a tener en cuenta en este mes de enero tan cargado de nuevos propósitos, que nos dejan entrever que el tiempo no se suele perder y que hay momentos en los que, rebosantes de placer, quietud y ocio supuestamente insulso, ganamos mucho más que en aquellos donde la frenética actividad no nos llena, ni la vida ni el alma.




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