lunes, 11 de marzo de 2019

Un lunes con buena (o mala) suerte



Hoy por hoy me considero una persona afortunada. Dentro de lo que cabe tengo buena salud (algún achaque sin importancia), una familia (con sus más y sus menos, que esas tan perfectitas me aburren sobremanera), un buen puñado de amigos, un trabajo que me llena (sobre todo cuando mis alumnos no lo impiden) y me permite pagar mis facturas, y tiempo libre para ampliar mis horizontes. Sí, se podría decir que tengo suerte… También es cierto que yo ayudo, pues soy una persona bastante conformista que no se pirra por el lujo ni caprichos excesivos, pues la buena o mala suerte también es una cuestión de actitud.



Les diré que hay personas que, a pesar de tener una vida sin sobresaltos ni problemas serios, se pasan el día lamentándose por sufrir de mala suerte. No me dan ninguna pena, pues hay gente que no han nacido en un país supuestamente avanzado (¿eso sería mala suerte?), sufren las precariedades de la miseria, y disfrutan de las pequeñeces de la vida con la mayor de las intensidades. En cierto modo compadezco a estos pobres de espíritu que tienen un rasero bastante desvirtuado.
Es verdad que también están aquellos a quienes parece ser les ha mirado un tuerto. No seré yo quien lo niegue, más todavía cuando hablamos de pobreza, hambre o marginación de cualquier índole, pero sí he de apuntar que mucha de esa gente con poca fortuna (sobre todo la que deriva de decisiones personales) también adolecen de mucha ignorancia y poco sentido común, toman decisiones poco acertadas y se dejan llevar por una vida alocada que suele traer muchos problemas, principalmente de salud y/o monetarios.


A veces pienso que la suerte es un invento para justificar nuestras circunstancias vitales, nuestra propia humanidad, y que cuando se rompen ciertos cánones, echamos mano de ella, pues nos es difícil admitir que cometemos errores, que no somos tan racionales como pensamos y que esa supuesta perfección a la que nos aboca la sociedad es inexistente.
Y dejo de ponerme trascendental para ilustrarles mis ideas con un título excelente (que se me pasó en su día... ¡Qué suerte haberlo encontrado!) de Sergio Lairla y Ana G. Lartitegui, El libro de la suerte, un libro editado por A buen paso que todos deberíamos conocer y sopesar para entender qué es eso del azar. Pues en este libro que conecta dos narraciones bien articuladas sobre una vacaciones, se nos presentan diferentes facetas de la llamada fortuna. 



Una de ellas está protagonizada por un personaje amable y bastante comprensivo que se deja llevar por las casualidades. Si le damos la vuelta al libro y abrimos la otra tapa (¡Sí, dos tapas para dos historias!) nos topamos con un personaje malencarado, terco y poco voluble al que nada le viene bien. Conforme pasamos las páginas vemos como se sucede la acción, mientras que a uno se le presupone mala suerte y al otro buena, nos damos cuenta de que esto no es así, pues el “ganador” (lean el libro y se sorprenderán) no es quién a priori empatiza con el lector. Seguramente les entrarán ganas de tirar el libro a la basura, pero si se detienen a pensar en la dicotomía entre suerte y felicidad, se pueden sorprender gratamente.


Sobre los aspectos técnicos del libro llamar la atención sobre la combinación de estructura de cómic y álbum, lo que le confiere una estructura secuencial bastante dinámica, así como la economía verbal del mismo, pues deja bastante libertad a la creación discursiva. También decirles que me encantan ciertos elementos de las ilustraciones (el barco y su reflejo como nexo de unión, la comicidad de ciertos personajes, la yuxtaposición de ambas historias, los cientos de detalles con los que enriquecer nuestras ideas, los guiños a los juegos de azar y a las ciudades monumentales, las aguadas sutiles…). Vamos, ¡que hay que leerlo!
¡Ah! ¡Y buena suerte en este comienzo de semana!

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