miércoles, 29 de julio de 2020

Apocalipsis digestivo



Apocalipsis, Armagedón…, llámenlo como quieran, pero el caso es que la cosa está próxima. Y no me refiero a los EREs que vendrán (en lugar de ferias tendremos millones de despidos y algunos se acordarán de lo que han despotricado contra verbenas, miguelitos y tiovivos), ni a esos que se alegran de que el turismo y la hostelería se hayan ido al garete (hay que ser muy malo, muy psicópata o las dos cosas), ni a todos aquellos que se dedican a vigilar la mascarilla del vecino (¡Y usted huele a cuco y yo no me quejo, cansino!) o a vilipendiar a los jóvenes (¡Menos mal que siempre hay quinceañeros a los que echarle la culpa…!). Tampoco aludo a los que se alegran de que aumenten los contagios para justificar su actual modus vivendi (Desde aquí hago un llamamiento al Colegio Oficial de Psicólogos para que abaraten sus honorarios), ni a los políticos miserables (con estos solo hacen falta las clásicas gillotinas), ni a unos medios de comunicación comprados para instaurar más mentiras, el miedo colectivo y las más absurdas consignas. Nada de esto tiene que ver con el fin del mundo.


A pesar de las conjeturas e hipótesis más variopintas, tengo mi propia teoría. La hecatombe que todos andábamos esperando comenzó a pergeñarse allá por marzo, cuando nos encerraron, no supimos que hacer sin bares, sin gimnasios, sin colegios ni clubes de jubilados y empezamos a acudir a los supermercados, desempolvamos los recetarios y conectamos con el Canal Cocina. Nos hinchamos de patatas al montón, huevos fritos, de chorizos y morcillas, de lomo de orza y ajo mataero. Le dimos bien al pan casero, el bizcocho, la empanada y otros levados. Quicos, pipas, palomitas, aceitunas, pistachos y anacardos amenizaron nuestros días. Las tajás de tocino y la tortilla acompañaron las series de Netflix, y las cervezas y el vermú con sifón, las videollamadas con los colegas. Sí señores, ahí es cuando empezó el desastre.


Hicimos lo posible por salvarnos, pero no hubo quien nos parase: nos sigue chorreando la pringue y el chocolate. No hay quién nos menee del sofá (menos todavía con estos calores), hemos empezado a olvidar lo que es la posición vertical y sólo nos desplazamos, como las morsas. Ni CoVID-19 ni leches, ese fue el principio del final. Y si no que se lo digan a la protagonista de Llama destruye el mundo, un libro de la pareja formada por Jonathan Stutzman y Heather Fox, publicada en nuestro país por la editorial (siempre acertada) La casita roja.


Con gran sentido del humor, este álbum del sinsentido nos invita a descubrir cómo es posible que en tan solo una semana, una llama (me refiero al pariente del camello que llena el altiplano andino) sea capaz de cargarse el mundo a base de hincharse a pasteles e intentar embutirse en unos pantalones de baile un tanto pequeños.
Seguro que no encuentran por ningún lado la conexión causa-efecto, pero les puedo asegurar que les va a encantar y les arrancará una carcajada (que nos hace mucha falta), al tiempo que les hará pensar en la evolución de su figura y cómo esta va a afectar a nuestro futuro, que les recuerdo que para llorar, ya tenemos bastante. Así que cierren el pico, no sea que provoquen otro cataclismo.



martes, 28 de julio de 2020

Necesaria humildad



Por mucho que los profesores de ciencias intentemos desterrar esa idea errónea del ser humano omnipotente que corona la cima de la evolución, siempre hay algún listo en las redes sociales, ciertos gurús mediáticos o montones de políticos hambrientos que deciden retomar la Scala Naturae aristotélica en sus sermones dominicales y jodernos vivos a base de sobredosis de prepotencia.


Por si no lo sabían somos un atajo de inadaptados. No sólo lo digo yo -ojito-, sino muchos otros. “Román, no te andes con sandeces. Tenemos cualidades que ningún otro ser vivo tiene y que nos permiten realizar actividades como andar erguidos, utilizar herramientas o desarrollar nuevas tecnologías. Hablamos, aprendemos y memorizamos”. Sí, mi rey, estás en lo cierto, pero eso no quiere decir que seamos los más adaptados, el summum evolutivo... Que hemos tenido un éxito adaptativo, es cierto, pero que ese triunfo selectivo también pasa por muchas trabas y lastres, también lo es.


A ver, nene, cavila un poquito… Ser bípedos está muy bien pero también castiga nuestras lumbares. Tener un cerebro grande está fenomenal, sobre todo para un hombre, porque las mujeres no piensan lo mismo cuando tienen que dar a luz. ¿Has visto a un cordero recién nacido? Pues convendrás en que tampoco podemos sobrevivir sin atenciones en la primera infancia. Y para no darte más la murga sólo me queda decirte que la calefacción o los automóviles, a pesar de ser un gran invento, da buena cuenta de que adaptamos el medio a nosotros (con sus consecuencias añadidas), y no al revés.


Resumiendo, y echando mano del virus del año, no somos más que otra especie insignificante en manos de una naturaleza caótica, generosa y violenta. Y si no me creen, echen mano del último libro de Oliver Jeffers, porque El destino de Fausto, una fábula dibujada por él y editada por Andana en nuestro país, da buena cuenta de la estulticia y egocentrismo humanos.
Este álbum con formato de libro clásico narra la historia de Fausto, un hombre que cree poseerlo todo y que se dispone a inspeccionar y constatar de primera mano todo lo que es suyo. La flor, la oveja, el árbol, el prado o el lago asienten a las palabras de Fausto, y si no reconocen que le pertenecen, éste entra en cólera hasta que se sale con la suya. Todo cambia cuando le llega el turno al ancho océano. Y no les cuento más porque esta parte tiene su chicha.


Sumerjámonos en los detalles un poco más… Por un lado el nombre del protagonista recuerda al célebre Fausto de Goethe, un hombre insatisfecho que necesita más y más. Por otro, Jeffers parece querer establecer una comparativa entre su Fausto y el comportamiento tiránico de los niños, unos que necesitan ser el centro de las atenciones y utilizan con frecuencia el yo-mi-me-conmigo. Si por último leemos el inspirador texto final de Kurt Vonnegut, nos topamos con esa vuelta de tuerca que enriquece el relato desde lo veraz pero con cierto tono anecdótico y cercano. En definitiva, podemos decir que el discurso es bastante completo y oscila entre la crítica al capitalismo, lo absurdo de la propiedad privada referida a la naturaleza, y el triunfo del conformismo, tres líneas de pensamiento que nos puede recordar a otras obras clásicas como El principito.



Centrándonos en el objeto libro podemos apuntar a unas ilustraciones realizadas con técnica litográfica tradicional y una paleta de color limitada (tierra, azul verdoso, amarillo y un simbólico rosa neón), así como unas  guardas jaspeadas de Jemma Lewis cuyas tonalidades las hacen funcionar a modo de prólogo-epílogo. Además de todo esto, hay que destacar una estructura que combina dobles páginas ilustradas con otras meramente textuales, un recurso que además de invitar a la pausa y el silencio, también indaga en la quietud y la expectación.  
Sintetizando, un libro muy recomendable para cualquier humano con un mínimo de autocrítica, que en este tiempo que corre, es algo más que necesario.
P.S.: Se me olvidaba. Busquen un pequeño detalle en la contraportada. Con Jeffers siempre hay lugar para lo hermoso.


jueves, 23 de julio de 2020

¡Feliz Día del Libro veraniego!



Si piensan que me he alejado del mundanal ruido de los libros durante estos días, están más que equivocados. Libros y más libros, ese es mi sino. Si no los amontono caóticamente, los apilo con precisión milimétrica. También los recojo de la librería, de la oficina de correos o me los traen a casa. Les quito el polvo, los abrazo y, sobre todo, los leo. Sí, los libros son buena parte de una vida que se compone de una amalgama desconcertante de saberes y estares.


Señores, estoy loco por los libros, unos bichejos que buscan su propio espacio dentro del ecosistema que llamo “mi casa”, que lo invaden paulatinamente, con sigilo y sin demora. Establecen su hogar en esta o aquella estantería. Bien por orden alfabético, bien por su tamaño. El caso es que puedas encontrarlos (algo que no siempre sucede). Algunos dementes los tratan como mascotas propinándoles algún sobrenombre. “Mi favorito”, “Hilarante”, “El libro más triste de todos”…


Unas veces hacen el papel de animales de compañía, otras veces funcionan a modo de salvavidas, y las menos, como amigos. Incluso los hay hasta con alma de novi@ (que se lo digan a más de un@). Consiguen enternecerte cuando los miras ahí, apoyados sobre la mesita de noche cubiertos de migajas, calzando esa mesa que cojea, o a modo de pisapapeles. Los miras, te miran, los coges entre las manos, los acaricias y los abres.
A veces me planteo que pasará con todos mis libros cuando yo falte. Acabarán enmohecidos por el tiempo, en alguna estufa, inútiles en cierta biblioteca de barrio, o desperdigados por tiendas de segunda mano. Esté donde esté seguro que se me cae alguna lágrima, empiezo a llorar y perjurar, a cagarme en los desalmados que no han querido conservarlos... ¡Un momento! ¿Y si se hiciera realidad eso que dice Shinsuke Yoshitake en La curiosa librería? ¿Y si existieran los “guardianes del buen gusto”?...


¿Cómo? ¿Qué nunca han oído hablar de tal cosa? ¡No me puedo creer que no conozcan este libro delicioso! Pues les diré que es un álbum sensacional que acaba de ser publicado en nuestro país por la editorial Pastel de Luna, uno de esos regalos que debe hacerse hoy, Día del Libro (sí, que este año coronavírico hemos tenido dos, el de siempre y este 23 de julio), cualquier amante de estos engendros de la letra impresa.


Con la desbordante imaginación a la que nos tiene acostumbrados, el autor nipón hace acopio en esta obra de multitud de guiños a la religión del libro y las variopintas filias de sus adeptos. Desde cómo cultivar un árbol escritor, hasta la llamada bibliolápida, pasando por el robot de lectura, el libro luz de luna, o la biblioteca sumergida, las páginas de esta obra simpática que logra sacarnos mucha risa a los enamorados de la lectura (bien por ósmosis, bien por autocrítica), se llenan de todo tipo de cuestiones imposibles pero que a más de uno nos harían falta.
Lo dicho, ¡no lo dejen escapar! ¡Y feliz día!

miércoles, 22 de julio de 2020

Selección de libros informativos 2019-2020 (II)



Tras unos días de asueto y desconexión (los necesitaba) me precipito a la última semana del curso, uno que he dilatado más de la cuenta para hacerlo coincidir con el atípico Día del Libro que nos disponemos a celebrar el próximo jueves 23 de julio, una fecha elegida por el sector para celebrar una fiesta que fue ninguneada en abril por un bicho llamado COVID-19.
Es por ello que en esta casa de fanáticos de la Literatura Infantil y Juvenil, llenamos este día con la segunda tanda de álbumes informativos editados en castellano durante este curso 2019-2020 (ya saben que pueden visitar una primera parte sin desperdicio en ESTE ENLACE) que nos trae títulos muy poderosos que refrescan un panorama que andaba algo manido y repetitivo.
Como en anteriores ediciones, repito una vez más el esquema de presentación: citar los libros agrupados por áreas de conocimiento, incluyendo  su referencia bibliográfica y una pequeña reseña que recoge características destacables de cada título, y si además el libro me ha encantado le propino tres estrellas, algo que esta vez he tenido muy claro. También les comunico que he decidido prescindir de ciertos libros que, alejados de lo expositivo, tratan de construir discursos con clara tendencia política en los lectores (Sí, señores, los ismos y lo dirigido han llegado al universo libro informativo). El que quiera dogma, que se lo busque.
Sin más presentación, les dejo con este listado que puede ser de utilidad a todos aquellos lectores que prefieran una dosis de realidad a las ficciones narrativas y poéticas que acostumbramos a recomendar en las bitácoras sobre lectura y libros infantiles. ¡A leer y aprender se ha dicho!


Fleur Daugey y Tom Vaillant. Pop-up Volcanes. Ideaka-Edelvives. (***) Abrimos fuego con un libro en formato pop-up. Centrado en los volcanes, su origen, características, consecuencias y curiosidades (siempre es de agradecer que la geología tenga un pequeño espacio en la literatura dedicada a los más jóvenes), las páginas de este libro con mucho movimiento y efectos tridimensionales son uno de esos regalos que muchos lectores (y docentes) agradecerán de cara a este verano.


Britta Teckentrup. Bichos por todas partes. Andana. Nueva entrega de la colección de libros informativos de la autora alemana que tanto gusta a los primeros lectores. Sus líneas sencillas y tintas medias se ponen al servicio esta vez de los insectos que pululan por los bosques y jardines de medio mundo. Abejas, hormigas, arañas o mantis. Su alimentación, su anatomía, curiosidades e incluso el uso que el hombre hace de ellos en un libro bellamente editado.


Mia Cassany y Tània García. Uno, un millón. Animales que viven solos o en grandes grupos. Mosquito Books. Continuamos con los clásicos libros sobre animales, en este caso tomando como excusa su comportamiento y etología. Solitarios o de hábitos grupales, los flamencos, el hipopótamo o el rinoceronte desarrollan diferentes estrategias que les permiten sobrevivir gracias a los demás o sin ellos. Curioso y colorista.


Lucas Riera y Jack Tite. Extintos. Mosquito Books. Con este libro sus autores pretendían rendir un pequeño homenaje a la sexta extinción, es decir, a un buen puñado de especies animales que han desaparecido durante los últimos cien años debido, principalmente, a la intervención del hombre sobre sus ecosistemas. En cada doble página se nos presenta un grupo de animales pertenecientes a la misma familia con una pequeña descripción. Una edición impecable visualmente muy atractiva.


Marije Tolman y Jesse Goossens. Zoolibro. Curiosidades animales. Ekaré. Dirigido a los primeros  lectores, este libro se adentra en un buen puñado de animales. La ballena azul, el caballito de mar, la oruga, el hipopótamo o la avestruz son algunos de los veintisiete animales que nos presentan los autores en cada doble página de este catálogo de seres únicos.


Li Söderberg y Katy Kimbell. La fábrica de bebés. Gato Sueco. Si en el libro anterior nos centrábamos en curiosidades más genéricas, ahora le llega el turno a todas las que se refieren a la reproducción de los animales como la rana de Darwin, el ñandú, el cisne, el canguro o los armadillos. Un regalo maravilloso para curiosos de todo tipo, zoólogos en ciernes y amantes de las ilustraciones con mucho carácter (no se las pierdan porque seguro que les atrapan).


Teddy Keen. El libro del aventurero desconocido. Harper Kids. (***) Partiendo de argumento ficcional (se supone que es un compendio de los cuadernos de campo del llamado “aventurero desconocido”), este libro constituye una magnífica guía para adentrarse en el mundo de la exploración. Consejos para acampar, para orientarse, para enfrentarse a los peligros de la noche, son algunos de los que encontraras en este libro a todo color y bellamente editado.


Kirsten Bradley y Aitch. Manos a la obra. Crea tu propio jardín. Libros del Zorro Rojo. A caballo entre el libro informativo y el libro de actividades, este título nos propone un buen puñado de ideas para dar vida a nuestro propio jardín considerando el funcionamiento de la naturaleza. Desde los animales polinizadores hasta los cortejos florísticos, pasando por la composición del suelo, recoge bastante información útil sobre estos laboratorios vivientes.


Federica Buglioni y Anna Resmini. Naturalistas en la cocina. Océano-Travesía (***) Nunca pensé que un libro pudiera parecerse a mis clases de botánica, pues tomando como excusa una buena tanda de hongos, legumbres, verduras y hortalizas, las autoras de este libro logran introducir al lector en las formas de reproducción vegetativa de las plantas, la morfología de la semilla y el fruto, o la tipología de las hojas, todo ello sin salir de la cocina, un sitio inmejorable para nutrir panza e intelecto.


Ana Pégo, Bernardo P. Carvalho e Isabel Minhós. Plasticus maritimus, una especie invasora. Kalandraka. (***) Los océanos se están viendo amenazados por la expansión de una especie que se multiplica a un ritmo vertiginoso: los plásticos. ¿Cuál es su procedencia? ¿Qué aspecto tiene? ¿Cómo podemos ponerle freno? Son algunas de las preguntas que este libro intenta respondernos, al tiempo que nos propone un juego de ficción y una serie de entretenidas actividades que nos conciencien sobre la necesidad de eliminar esta extraña especie de nuestras costas.


Frédéric Marais. La ciencia de la caca. Océano Travesía. (***) Sin duda uno de los libros con más swing de toda esta tanda. Bien por lo escatológico de la temática (los excrementos siempre desatan alguna risita), bien por las curiosidades tan llamativas que encierra, es uno de esos libros que resulta tan interesante, como simpático. Si a todo ello sumamos unas ilustraciones muy literales, el éxito está servido.


Yumi Stynes, Dra. Melissa Kang y Jenny Latham. ¡Hola menstruación! Liana Editorial. (***) Llegamos a la sección dedicada a las ciencias de la salud (que parece ser ha sido orientada por algún ginecólogo este 2020). En primer lugar tenemos el libro que más profusamente habla de la menstruación (de los que yo conozco, claro está), no sólo de los pormenores fisiológicos, sino que se detiene en problemas y situaciones incómodas, dando ideas para solucionarlos día a día. Lenguaje próximo y una perspectiva muy humana.


Hélene Druvert. Nueve meses. Maeva. Anticipándoles que puede ser un regalo ideal para una embarazada, les destripo un poco este libro de excelente factura que siguiendo la línea de Anatomía, el libro que lanzó al estrellato a la autora que nos presentó el cuerpo humano con todo lujo de detalles a base de troqueles muy pensados y un diseño certero. Del mismo modo nos muestra el desarrollo de un gestante desde las primeras fases tras la fecundación hasta el embrión ya formado, deteniéndose en aspectos más curiosos y desconocidos como la maduración de los órganos sensoriales o los gemelos. No se lo pierdan, sobre todo si enseñan en el último ciclo de primaria o en la secundaria obligatoria.


Anna Fiske. ¿Cómo se hace un bebé? Impedimenta. El primero de los libros que tratan la sexualidad y la reproducción tiene formato álbum y utiliza la disyunción entre texto e imágenes para exponer cuestiones sobre la sexualidad y la reproducción humanas desde un punto desenfadado pero sin descuidar el rigor científico. Tipos de parejas, el coito, la gestación o el parto, son algunos de los temas a tratar y que siempre suscitan mucho interés entre los más pequeños del hogar.


Monsieur Mouch y María Paz. ¡Yo sé de verdad cómo se hacen los bebés! Takatuka. Con la misma temática que el anterior pero en formato cómic, este libro quizá pueda orientarse a lectores menos competentes, sobre todo porque utiliza un lenguaje menos científico y un humor menos blanco que el anterior. Una propuesta que aproxima la reproducción humana a los más pequeños del hogar.


Fleur Daugey y Sebatien Mourrain. ¿Quién teme a las momias? Océano Travesía. (***) Cambiamos de tercio y nos adentramos en las humanidades, en este caso con la arqueología y las momias, cadáveres conservados de diferente forma por diversas culturas como la egipcia, la inca o la china. Lo mejor es que si no saben mucho sobre este tema abran este libro y aprendan montones de cosas sobre gatos momificados, hombres conservados en las turberas o bajo el hielo de las montañas. Una delicia.


Mauri Kunnas. El Kalevala canino. A fin de cuentos. (***) Por si no lo sabían el Kalevala es la epopeya finlandesa recopilada por Elias Lönnrot en el siglo XIX a partir del folklore tradicional. Una serie de aventuras que en esta versión de Mauri Kunnas para los más pequeños de la casa, está protagonizada por perros, gatos y lobos. Una adaptación llena de humor que permitirá a los lectores adentrarse en el universo mágico de la mitología nórdica poblada de guerreros, dioses y magos.


Dimitri Delmas y Amélie Fontaine. Los viajes perfumados. Océano Travesía. Continuamos con uno de curiosidades botánicas a lo largo y ancho del orbe terrestre. Historias de ida y vuelta de algunas plantas muy conocidas (y codiciadas) como el clavo, la flor de la pasión, el tulipán, el azafrán o el aloe vera. Con unas ilustraciones a caballo entre los frescos románicos, el bajorrelieve azteca, el cómic y la infografía, este libro no dejará indiferentes ni a historiadores ni a jardineros.


Iwona Wierzba y Marianna Sztyma. La vergonzosa historia de la ropa interior. Thule. (***) Haciendo alarde de una temática bien fresca y novedosa en esto del informativo, este librito con mucha sustancia nos adentra en las (des)vergüenzas de la humanidad haciendo un recorrido por las prendas de vestir que han cubierto nuestras partes pudendas a lo largo de los siglos. Curiosidades, humor y mucha desnudez se articulan divinamente en un libro recomendado para todas las edades. Nota: No se olviden de adjuntar unos bonitos calzones o un sugerente picardías en el paquete de regalo.




Maïa Brami y Karine Daisay. El mundo es mi casa. Zahorí Books. (***) La especie humana es maravillosa aunque la mayor parte de las veces no nos demos cuenta. Por ello traigo este libro, para que constatemos que a pesar de nuestras diferencias, compartimos un acervo común. Un libro en el que veintidós niños de veintidós países nos hablan de sus costumbres, sus viviendas, sus colegios o lo que comen. Porque no importa en qué parte del mundo vivamos pues un hilo invisible nos une unos a otros.



Eduard Altarriba y Berta Bardí i Milá. Descubre la arquitectura. Juventud. Como Encarnita siempre me pide libros sobre arquitectura, aquí le traigo uno que no tiene desperdicio. En él, los autores exploran algunos de los edificios más emblemáticos del mundo, realizan consideraciones sobre el urbanismo, nos presentan a arquitectos insignes o se adentran en los pormenores de la profesión, todo ello aderezado con infografías explicativas y un lenguaje muy cercano.


Joan Negrescolor. Yo, Alfonsina. Thule. (***) Para ir terminando nos aproximamos al género biográfico, en este caso a la vida de Alfonsina Strada, la primera mujer ciclista que participó en el Giro de Italia. De la mano de Joan Negrescolor y narrada en primera persona con un lenguaje sencillo, conoceremos la infancia y juventud de una mujer que hizo historia. De mención son las ilustraciones coloristas y llenas de vitalidad, que nos transportan a otra época.


Judith Barnés y Sònia Estévez. Atrapo una letra y pongo el mundo del revés. Vegueta. Como punto y final les dejo con una propuesta gráfica muy interesante sobre la vida y obra de Joan Brossa, uno de los artistas interdisciplinares más conocidos de nuestro país que cultivo sobre todo la poesía desde una perspectiva lúdico-artística.  



miércoles, 1 de julio de 2020

De niños invisibles



Celebrando con un par de cervezas el comienzo de las siempre bienvenidas vacaciones, me ha dado por pensar en los pormenores que han rodeado el curso que hemos dejado atrás, uno bastante atípico y que ha puesto de manifiesto los puntos débiles de la llamada comunidad educativa (me reservo las comparaciones que suelen ser odiosas…).
No piensen que me voy a poner a disertar en modo Séneca sobre los todopoderosos, las autoridades educativas y las plataformas de enseñanza on-line (N.B.: Hemos tenido mucho tiempo para ello y rozando los cuarenta grados centígrados, además de poco saludable, es humanamente imposible). Sin embargo si abro un pequeño paréntesis para pensar en el abandono infantil y juvenil en el ámbito familiar.


Se habla mucho del caos que ha supuesto para las familias el atender a niños y adolescentes en los hogares durante el encierro pandémico. Que si los padres no tenían ni zorra idea para ayudarles académicamente. Que anda que no les ha costado sacar adelante las tareas escolares. Unos que demasiados deberes, otros que poquísimos… Y así todo.
Si bien es cierto que esa ha sido la queja generalizada que han exhibido la mayor parte de los medios, poco se ha hablado de otra sensación que ha corrido como la pólvora: los padres se han dado cuenta de las carencias afectivas de sus hijos como consecuencia de la poca atención que les prestaban. No han sido pocas madres las que me han dicho que no eran conscientes de lo que se estaban perdiendo, de lo solos que estaban sus hijos o de lo autónomos que eran.


Que es una pena no hace falta que lo diga nadie, y menos los docentes que ya éramos muy conscientes desde hace décadas de esta realidad. Aunque auguró que la culpa se esfumará en cuento la normalidad regrese, no está de más que la gente se empiece a dar cuenta del percal, sobre todo para saber la que tienen montada en casa y entonar el mea culpa antes de echar balones fuera.
Queridos amigos, muchos niños de este país están tirados como colillas mientras sus padres trabajan, juegan al tenis o están con el/la novi@ de turno, una serie de obligaciones y pequeñas evasiones que van abriendo el camino de la invisibilidad, una que estimula la soledad, va rompiendo lazos afectivos, y termina por minar el cariño con el que nos deberíamos mirar los unos a los otros.


Y precisamente de eso va Atticus el chico difícil, el libro que Michael Sussman, Júlia Sardà y la editorial Impedimenta nos traen el día de hoy. El argumento es muy sencillo, Atticus, un niño que recuerda a otros protagonistas huérfanos y solitarios de la LIJ, es perseguido y finalmente engullido por una gran serpiente mientras que sus padres de clase media, muy leídos y cultivados, hacen caso omiso a las llamadas de atención de un chaval que ve su vida amenazada.
La historia que bebe del surrealismo y el sinsentido, nos acerca a todos esos niños que se tienen que buscar las mañas para no desvanecerse por culpa de la desidia y dejadez paterna. Una alegoría necesaria en este mundo de distracciones banales para gente que ven en eso de la paternidad una obligación y no un compromiso. Un sutil tirón de orejas  al universo adulto que un niño resuelto propina a través de un juego imaginación vs. realidad que no deja indiferente ni a pequeños ni adultos.


En lo que se refiere a las ilustraciones de la Sardá nos vuelve a deleitar una vez más con sus composiciones estudiadas, un estilo quizá más vintage que en obras anteriores, los patrones geométricos (una fantasía para los amantes del estampado textil), los juegos de perspectivas (la escena del padre cocinando y la madre jugando a las damas con la serpiente es una delicia), los guiños artísticos (¡Búsquenlos!), el contraste de colores y líneas (mientras que la serpiente es sinuosa, caótica y cálida, los humanos son fríos, ordenados y angulosos… ¿Por qué?) y los detalles que ponen de manifiesto que Atticus no es nadie en esa casa (Fíjense en las fotos que pululan por esa casa).
En definitiva, altamente recomendado para niños avispados y padres con poca autocrítica.



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