viernes, 30 de octubre de 2020

Una dieta estupenda a base de terror y humor


Nunca celebro Jalogüin, esa fiesta de origen pagano (unos sostienen que se la inventaron los celtas, mientras otros dicen que fueron los romanos) que se relaciona con la cosecha de diferentes frutas u hortalizas. Prueba de ello es el típico juego de morder manzanas o las jack-o’-lantern, unas linternas que en Irlanda y Gran Bretaña se tallaban en nabos o remolachas como recuerdo de una vieja leyenda y que ahora tienen como materia prima la calabaza gracias a un cosechón que se produjo en Estados Unidos a finales del XIX. Si la cosa fuera poca, el cristianismo le dio un sentido litúrgico (ya saben ustedes que si no los puedes vencer, únete a ellos) y la fiesta quedaría ligada al recuerdo de los fallecidos y la llamada Santa Compaña. 


Vamos, que Halloween es un pupurrí la mar de agradecido que además de servir para el disfrute del otoño más cálido y echarse unas risas a costa de disfraces (este año las mascarillas tuneadas han sido la sensación) y golosinas, alimenta esa idiosincrasia anglo-capitalista que gusta de adaptar y remasterizar las jaranas para exprimirle los billetes a cualquiera. 
Si ayer ya les introduje en las historias de miedo para chavales despiertos, hoy les traigo uno de esos álbumes que no dejan indiferente a nadie, no sólo por el contenido, sino también por el continente. Es un libro que siempre recomiendo, que encandila a los lectores nada más verlo y que poca gente conoce. 


Frankenstein se hace un sándwich
de Adam Rex (editorial Océano) es un imprescindible gastronómico y “terrorífico” (y entrecomillo el adjetivo porque aunque es un libro protagonizado por brujas, fantasmas, hombres lobo, vampiros, momias y toda una toda una suerte de personajes más que conocidos, asusta bastante poco) que a golpe de rima nos arranca muchas sonrisas. 
Tomando como excusa pasajes de diferentes novelas y películas de terror, el reconocido autor se interna en lo paródico para buscarle lo positivo o negativo a esto de la comida, como indigestiones, tomatazos o dietas por exceso y defecto. 


Si eso no fuera bastante (sé que muchos de mis lectores son muy exigentes), Adam Rex presenta este compendio de pequeñas historias de una manera muy especial y en la que entremezcla distintos formatos textuales -como el epistolar, el periodístico, el académico o el publicitario- con visuales –cómic, televisión o cine-, que en algunos casos tienen relación y que siempre enriquecen el discurso dando lugar a un producto cultural enriquecido y que recuerda a otros libros de Jon Scieszka, Janet y Allan Ahlberg o Nono Granero por ejemplo. 


Aunque padres y docentes se pirren por las posibilidades didácticas que tiene este volumen (siempre el para, por, según, sin, sobre…), yo soy más partidario de entregarlo sin concesiones, para que los lectores, sean quienes sean, disfruten a carcajada limpia, se monten sus propias historias y las vayan moldeando como mejor decidan, pues siempre hay lugar para otros tantos disparates más, ¿no creen? 




1 comentario:

Meriam dijo...

El contador toma el balance de prueba ajustado y combina cuentas similares en una cantidad resumida que se reporta en un informe financiero o una declaración de impuestos.

https://1001proverbio.org/comparacion-de-la-contabilidad-con-funciones-de-contabilidad-relacionadas/