Regreso de un largo fin de semana y me encuentro con que el
coronavirus nos acecha cada vez más y mejor, y ya lo estoy viendo… Los medios
de comunicación se van a poner las botas, los políticos aprovecharán para
hacernos alguna putada (como si no fuera bastante intervenir los servicios
secretos y el poder judicial que se van a dedicar a la sanidad... ¡La casta metida a médicos! ¡Socorrooooo!), los fabricantes de mascarillas (inútiles en muchos de los contagios, por
cierto) se van a hinchar a vender, y los científicos y sanitarios se cagarán en nuestros muertos por los tembleques infundados.
Una situación la mar de halagüeña como ya ven... y la cifra de contagios sigue aumentando...
Por si no fuera poco y dada mi condición de biólogo, se ve
que me va a tocar ejercer de maestro en horas no lectivas (para que luego digan
que no trabajamos) explicándole a más de uno los riesgos que conllevan estos
bichitos para la salud pública (¿Hay de eso en España? Creía que nadie, incluido el Ministerio que lleva su nombre, sabía qué era eso).
“Yo que tú, me preocuparía más de procurarme una buena higiene, una dieta rica
en legumbres, verduras y frutas, hacer algo de ejercicio, usar condones y
evitar las drogas, antes que de buscarme una buena mortaja” le dije ayer a una.
Y va se me enfada (otra que quería mentiras). Ni estaba de cachondeo ni le pedí
matrimonio (¡Eso sí sería una faena, teniendo en cuenta como está el percal!),
pero la cuestión es torcer el morro. Menos mal que deje a un lado las
catástrofes naturales, la incidencia de cáncer, los accidentes de tráfico o la
gripe, que si me descuido, me fusila.
Señoras, señores, lo mejor que pueden hacer ante esta
familia de virus complejos de ARN (ácido ribonucleico, para poco doctos) es
quitarle importancia, tomar unas precauciones básicas (lávense las manos, eviten los estornudos y cualquier contacto salival ajenos) y vivir. Pues nadie sabe cómo puede sobrevenirnos la
muerte. Lo importarse es no dejarnos llevar por la psicosis colectiva (¡Qué
malo es formar parte del rebaño!) y llevar una marcha más o menos sensata (no
demasiada, que las locuras también nutren el alma).
Y para aquellos que no me hacen ni caso y prefieren acudir a
la farmacia, colapsan urgencias o deciden ponerse en cuarentena (les recuerdo
que hace una climatología “espléndida”, tontos serían si optan por esta última),
les dejo un álbum del año pasado que pasó un tanto desapercibido (se lo dice uno
que está muy puesto y sólo conocía la edición inglesa), pero hiper-necesario
para todos aquellos que gustan de poner el grito en el cielo y sacar de quicio
el más mínimo problema.
Accidente de
Andrea Tsurumi (editorial Océano-Travesía) además de ser uno de esos libros que
con una propuesta humorística y estructura de sketch se mofa de nuestra
condición histérica, es bastante interesante por alguno de los recursos
narrativos que utiliza, como por ejemplo las guardas peritextuales (cuando lean
el libro entenderán por qué) o la función narrativa de la portadilla, algo que
es cada vez más frecuente en obras de autores contemporáneos -les recomiendo
echar el ojo a las de Sergio Ruzzier-.
Así mismo, la autora de este libro echa mano de algunos
recursos propios del tebeo, como los bocadillos o la secuenciación de escenas
(tiene mucho sentido en una obra de vértigo donde el espacio-tiempo habla por sí sólo), para
articular una historia en la que Lola, un pequeño armadillo convierte un
pequeño percance en todo un desastre para darse cuenta que ni siquiera su madre está exenta de cometer un fallo.
El zumo derramado, una tarta aplastada, una manguera anudada
o incluso una biblioteca desbaratada son parte del lío monumental que se forma
en una ciudad que recuerda mucho a las de Richard Scarry (¿No ven mucho de este
autor en el interior de las casas o en la caracterización de los personajes?).
Si a todo ello unimos una gran riqueza léxica y lo expresivo
de la tipografía (la forma y tamaño de las letras dicen mucho a lo largo de
toda la historia), no puedo más que recomendar a manos llenas un librito que
seguro les hace repensarse su posición frente a los tan anunciados males del
SARS-CoV-2.





