
Con esto del calor, los adolescentes, los pájaros, las libélulas y demás animales, además de estivales y sudorosos (¡qué barbaridad acabo de decir... que yo sepa sólo sudan los mamíferos...), se ponen la mar de cariñosos. Y como hace demasiado calor (hoy es un día horrible en la submeseta... ¡estaremos al borde de los 35 ºC!), me dejo de prolegómenos y les dedico este poema que bien vale una acalorada despedida. ¡Hasta la semana que viene, lectores y lectoras!
Sé que él me silba a mí sola.
Y su silbo suavecito
se suelta sobre el silencio,
a los saltitos.
Es una cinta de seda
el silbido que desgrana,
subiendo los escalones
de la semana.
Es una cinta de seda
que se ciñe a mi cintura.
Es caricia de sonidos
y de dulzura.
No me dice nada: silba.
El suyo es amor silbado.
(Por su silbo sale al sol
Y su silbo suavecito
se suelta sobre el silencio,
a los saltitos.
Es una cinta de seda
el silbido que desgrana,
subiendo los escalones
de la semana.
Es una cinta de seda
que se ciñe a mi cintura.
Es caricia de sonidos
y de dulzura.
No me dice nada: silba.
El suyo es amor silbado.
(Por su silbo sale al sol
su corazón desatado)
Elsa Bornemann.
Poema del amor silbado.
En: Letras para armar poemas. Antología de poesía.
Selección de Ana Pelegrín
2000. Madrid: Alfaguara.
Poema del amor silbado.
En: Letras para armar poemas. Antología de poesía.
Selección de Ana Pelegrín
2000. Madrid: Alfaguara.