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martes, 22 de septiembre de 2009

¿Escuela 2.0?


A comienzos del curso escolar toca ponerse en órbita y, sin desatender las materia a impartir, prestar atención al alumnado, no sea que en un descuido decidan comerte por los pies. Echarle el ojo a algún/a pájaro/a nunca viene mal si quieres librarte de los problemas posteriores, que bien es sabido por todos que prevenir es curar.
La marabunta del centro con el que este año que me ha tocado lidiar tiene una apariencia inofensiva en primer término. Aunque prefiero concederles el beneficio de la duda y prepararme para cuando su confianza alcance el punto álgido y no tengan miramiento en darme la dentellada. Aunque la guerra se avecina, permanezco a la expectativa mientras propino artillería pesada: dictado tras dictado los ánimos se van calmando y las endorfinas se ponen a los niveles adecuados, regulando el exceso de violencia y las ganas de molestar al vecino. Luego ya me pensaré eso de acercarlos al aula ALTHIA, que lo primero de todo es coger carrerilla en eso del leer y del escribir, asignaturas que casi ninguno aprueba holgadamente. Resultados que, curiosamente, se contraponen a los obtenidos por los alumnos en las materias de teclado y joystick, puntas de lanza de la Educación actual según el propio ministerio. Y es que, como bien dice Gabilondo, tenemos que habituarnos a la nueva Escuela, la del siglo XXI, esa Escuela 2.0 (espero que la cifra no sea la calificación que se le otorgue a la educación “made in Spain”) y ponernos a desvariar con la Play Station® hasta que el serrín nos brote de las orejas.
Además, ¿de qué hablo yo, si soy otro profesor que disfrazado de progre se dedica a poner en solfa eso de los nuevos recursos educativos? No sé para qué… ¿Alguno de mis alumnos leerá esta página web?

jueves, 21 de mayo de 2009

Plan de Lectura (III)


Hace un par de años me invitaron a unas jornadas de los llamados Planes Lectores en el CRAER de Elche de la Sierra (N.B.: ha llegado el momento de invitarles a familiarizarse con la geografía de mi tierra). A éstas concurrían un buen número de docentes bastante implicados y con todo tipo de ideas, todo hay que decirlo...
Ya metidos en harina, uno de ellos, el director del colegio rural agrupado (CRA) de Yeste, en nombre del equipo docente implicado en el proyecto, me advirtió de los problemas que habían surgido a la hora de comenzar con el Plan de Lectura, de darle forma a su programa de las “maletas viajeras” (en ese instante me percaté de que el romanticismo de las Misiones Pedagógicas de María Moliner seguía vivo… y suspiré) y otras muchas cosas, pero sobre lo que hizo verdadero hincapié fue en lo dificultoso que les había parecido la selección del fondo de la biblioteca escolar. Él nunca imaginó la vorágine de títulos dirigidos al público infantil que había en las librerías. Hablaba de lo abrumador de esta realidad, de que se veían incapaces de optimizar los recursos económicos para adquirir un “buen fondo”, lo que él consideraba más importante para lograr el éxito con el citado Plan.
Y aquí estoy, para dar uno de mis discursos…
Elegir un buen libro es tan difícil como elegir un/a buen/a novio/a (mucha oferta pero poca calidad…). Y si en vez de uno/a, tenemos que elegir unos cuantos/as, ¡para qué queremos más…! La cuestión es difícil, créanme, y no se resume en “me voy a la librería más cercana y ¡ale hop!: una biblioteca escolar”... Es como si dijésemos que cualquier bulto con ojos vidriosos que apalanque su cuerpo en la barra del bar de costumbre, valiese para subir al altar… Bien mirado, lo único que diferencia a las malas parejas de los malos libros es que los segundos no intentan sacarte las "corás" cuando el idilio termina… Así que ya saben: si quieren una serie de objetos que adornen los estantes, sólo tienen que mencionarlo, que mi vecina M. J. Canales tiene una colección de falsos volúmenes rellenando las estanterías de su casa que estará encantada de prestarles…
Dejando las coñas a un lado, la selección del fondo bibliográfico es muy importante para la buena consecución de los Planes Lectores, sobre todo si tenemos en cuenta que un chaval que decide pasar del teléfono móvil, la PSP (creo que se escribe así) y la píldora del día después, y se decide por la lectura, se merece lo mejor. Y atienda: para elegir lo mejor, lo mejor es leer.
Imagen: Chica leyendo. 1868. Jean-Baptiste-Camille Corot.

jueves, 14 de mayo de 2009

Plan de Lectura (II)


Si la semana pasada me dediqué a introducirles (no sin cierta sorna y descaro) en el tema del Plan de Lectura, ésta la orientaré a definir lo que, a mi juicio, es (o debería ser) un Plan Lector.
Si me pongo serio y teórico, diría que un Plan de Lectura es aquel proyecto que reúne un conjunto de estrategias (organizativas y metodológicas) y materiales para conseguir e inculcar en la población el hábito lector. Visto de lejos parece una buena definición (hasta para la mayoría de los Planes de Lectura que pululan por ahí…): correcta, breve y clara. Los peros vienen después, al adentrarnos en el análisis de cada una de estas palabras… Para facilitarles la comprensión de este razonamiento me permitiré hacer un símil bélico (espero que no les dé por denunciarme...):
- Cuando escribo “conjunto” hago referencia al plural, no a lo único, a lo indivisible… Un plan lector no se resume en leer, sino en realizar una serie de actividades cuyo objetivo final sea la Lectura. Así que tengamos en cuenta el todo y dejemos a un lado las partes. Pasa lo mismo con un batallón frente a un único soldado…, aunque también hay que reconocer que la labor del espía es muy necesaria.
- Cuando me refiero a “estrategias metodológicas” quiero decir “¿Cómo?”. La razón es lo único (o eso espero) que nos diferencia del resto de los seres vivos y también lo que nos permite estudiar los comportamientos, predecirlos, modificarlos. La estrategia es básica para la supervivencia del maestro, de cualquier docente que se enfrente a la batalla contra la ignorancia.
- Todas las guerras están organizadas espacial, temporal y humanamente, que si este puente, aquel bombardeo del lunes a tal hora, que si el general dirigirá un tiroteo el martes o la compañía cruzará el desfiladero del sur el domingo. La planificación del plan de lectura pasa por estos mismos esquemas: ¿Quiénes? ¿Cuándo? ¿Dónde?
- Cuando digo materiales me refiero a las armas que utilizaremos. No sólo libros (objeto imprescindible y del que están vacías la mayor parte de las bibliotecas escolares del país), sino cualquier tipo de elemento susceptible de convertirse en una flecha cargada de amor… Eso sí, de amor a las palabras.
- Cuando utilizo “conseguir e inculcar el hábito lector en la población” intento captar su significado literal: debemos empeñarnos en perseguirlo, alcanzarlo, lograrlo, cazarlo, atarlo para que no se escape, encerrarlo en el interior, para que perdure formando parte de aquellos que sean susceptibles de recibir esos disparos durante el resto de sus días.
(Continuará)

Imagen: El padre del artista, leyendo "L'Evénément". 1866. Louis-Auguste Cezanne.

jueves, 7 de mayo de 2009

Plan de Lectura (I)



Francisco de Goya y Lucientes. 1819-1823. Hombre leyendo

Harto de tanto exprimirme la materia gris (en ocasiones, la imaginación se desvanece y encontrar algo nuevo con lo que sorprenderles se hace la mar de tedioso), hoy inauguro una nueva sección -si la podemos llamar así…- en la que trataré de dilucidarles los pormenores de lo que algunos llaman “planes de lectura”. Así que, ¡allá voy!
A cualquier cosa le llaman “plan de lectura” -se lo digo yo que de asuntos pedagógicos y didácticos sé un rato…-. Esto de los planes lectores es algo parecido a los “planes hidrológicos”, que menos ahorrar agua y repartirla con cierto respeto y equilibrio, hacen de todo: campos de golf, reservas de la biosfera, maizales o cualquier otra patochada.
El caso es que en España en cuanto algo va mal, montamos un plan, cosa que se puede resumir en poner vallas publicitarias y dar de comer a algunos estómagos agradecidos (¿quién se habrá hinchado de chuletas a costa de los “planes lectores”…? Ya le podían haber regalado un libro a quién fuera…).
¿Ha visto usted alguna vez algún “plan de lectura” o son una ficción administrativa/literaria como Macondo? Existen, créanme. La cuestión es que no los llaman así, sobre todo porque las personas que los idean, los llevan a cabo y recogen sus frutos, son muchos docentes y trabajadores anónimos, casi invisibles, que viven a la sombra de todos esos y esas que, a falta de un buen chorizo de Cantimpalo al que clavarle el diente, se han tragado varias escobas.


Ejnar Nielsen. 1896-1898. Den blinde pige.

Y es que me meo yo sobre tanto intelectual de tres al cuarto que resume un “plan de lectura” en atiborrar las bibliotecas escolares (¡Ah! ¿Pero hay de eso en España…?) de todo tipo de bazofia editorial y, emulando al mismísimo Cristo, ordenar al alumno/a en ciernes “Levántate y lee”. Así pasa, que el personal docente ya no está para milongas, ni para “planes de lectura”:
-Oiga usted, ponga un “plan de lectura” en su vida.- Le dijo el Uno al Otro.
-Yo lo que necesito es un buen “plan de pensiones”.- Le dijo el Otro al Uno.
Así que nada, entre plan y plan, los políticos siguen engañándonos mientras se untan de billetes y saliva, las editoriales y los libreros se hacen de oro a base de subvenciones, las bibliotecas continúan medio llenas, medio vacías, los padres pensando en qué vitrina del salón ubicarán los premios Nobel de sus hijos, los hijos con los ojos llenos de pan y España a la cola del informe PISA.

(Continuará).


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