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miércoles, 24 de octubre de 2018

Semana de los cuentos (III): Antologías de cuentos tradicionales, una selección



Anton Pieck

Señoras, señores, por si no lo saben hoy es el Día de la Biblioteca. Un sitio al que acudir no sólo durante esta jornada, sino de vez en cuando. Darse un garbeo por los expositores de novedades, por las selecciones temáticas, la cómicteca, las publicaciones periódicas y sobre todo recorrer los estantes de fondo bibliográfico, porque les recuerdo que la razón por la que nacieron las bibliotecas fue para preservar y custodiar nuestro conocimiento. Antes de que existieran el saber pasaba de boca a oído y a veces se perdía por el camino. Le pasaba a la medicina, a las matemáticas, a la ingeniería o a los cuentos.
Si hay libros que me llevan hasta las bibliotecas son las antologías de cuentos, las colecciones de estos relatos populares. Hay tantas y tan ricas que es una suerte que haya bibliotecas. Primero de todo porque yo no tengo espacio para todas ellas, segundo porque muchas de ellas (las más hermosas) se encuentran descatalogadas permanente.
Por mucho que algunos se empeñen en desprestigiar estas narraciones en pro de otras más técnicas y profundas, el aquí firmante siempre gusta de recordar una anécdota personal que ensalza su valor... Andaba yo en quinto de carrera cursando la asignatura “Geobotánica” cuando la catedrática encargada de impartirla preguntó si alguien conocía las características de la taiga. A mí me vinieron a la cabeza los Cuentos del río Amur, una de mis colecciones de cuentos populares fetiche durante la infancia y ni corto ni perezoso me lancé a describir los bosques de aquellos relatos plagados de abedules de bajo porte, abedules de hierro, brezos y musgos. No me equivoqué y ella me preguntó que si había estado allí. “Varias veces” contesté.
De vez en cuando me topo con que alguna biblioteca ha dado de baja algunas de estos libros y algo en mí se apaga. Entiendo que la falta de espacio, la duplicidad de volúmenes o el pobre uso que reciben muchos libros son motivos suficientes para prescindir de ellos, pero también creo que debiera considerarse la calidad artística de los volúmenes que se pierden.
Es por ello que hoy he querido desempolvar este tipo de libros a los que debemos tanto, no sólo para que lo tomen como excusa a la hora de visitar una biblioteca, sino para que tanto usuarios, como bibliotecarios los valoren convenientemente; una pequeña selección para la que he utilizado unos cuantos criterios como:
1. Escoger recopilaciones de cuentos tradicionales y no de autor.
2. Centrarme en las que reúnen relatos de un mismo país, una amplia zona o una etnia o religión particular.
3. Tener en cuenta la diversidad que nos provee el mundo.
4. Combinar ediciones actuales con otras ya descatalogadas.
5. Y que me gusten.
Sé que echarán de menos algunas (hay casas editoriales especializadas en este tipo de publicaciones como Miraguano, Siruela y José J. de Olañeta, por lo que les animo a que echen un vistazo a sus catálogos).
¡Disfruten de los cuentos y de las bibliotecas! Porque cuando una biblioteca desaparece, una parte de nosotros mismos también se pierde.




Jakob y Wilhem Grimm. Cuentos de niños y el hogar. Anaya (3 Vols. Diferentes ediciones). Me encanta la selección de Lore Segal e ilustrada por Maurice Sendak El enebro y otros cuentos Lumen. (2 vol.)


Benedikte Naubert. Cuentos populares alemanes. Siruela.


VV.AA. Cuentos suecos. Anaya.


Asbjornsen y Moe. Cuentos completos noruegos. Libros de las malas compañías.


José Manuel de Prada. Cuentos populares irlandeses. Siruela.
  

Katharine M. Briggs. Cuentos populares británicos. Siruela.


Giambattista Basile. Pentamerón. Siruela.


Charles Perrault. Cuentos de antaño. Anaya. (Reeditado)



Antonio Rodríguez Almodóvar. Cuentos al amor de la lumbre. (2 vols. Edición antigua / 2 Vols. Nueva edición: Cuentos maravillosos y Cuentos de animales y costumbres). Anaya.
  

Ana Cristina Herreros. Cuentos populares de la Madre Muerte. Siruela.


Pascual Pascual Recuero. Antología de cuentos sefardíes. Ameller.


Javier Asensio García. Cuentos populares de los gitanos españoles. Siruela.


José Viale Moutinho. Cuentos populares portugueses. Siruela.


Diane Tong. Cuentos populares gitanos. Siruela.


Vuk Stefanovic Karadzic. Cuentos populares serbios. Miraguano.


Ramón Sánchez Lizarralde. Cuentos populares albaneses. Miraguano / Libros de los Malos Tiempos.


Nikolai Afanasiev. Cuentos populares rusos. Anaya. (3 vol. Edición antigua. / 4 vols. Nueva edición). Existe una selección editada por la editorial Reino de Cordelia más que interesante.


Dmitri Naguishkin. Cuentos del río Amur. Anaya


Ana Cristina Herreros. Cuentos populares del Mediterráneo. Siruela



Fernando Pinto y Antonio Jiménez. Bajo la jaima. Cuentos populares del Sáhara. Miraguano



Ana Cristina Herreros. Cuentos del erizo y otros cuentos de las mujeres del Sahara. Libros de las malas compañías.


René Basset. Cuentos populares de África. José J. de Olañeta.


VV.AA. Cuentos populares de Africa. Siruela.
  

Anónimo. Las mil y una noches. No sabía decantarme por una edición, así que la dejo al cargo de los expertos. A mí la selección de Juventud me gusta... Eso sí, no he podido resistirme a acompañarla con las ilustraciones de Olga Dugina para la versión que hizo de algunas historias junto a Arnica Esterl y editado por SM.


Jesús Marchamalo y Damián Flore. Cuentos populares de La India. Siruela.
  

Richard Wilhelm. Cuentos chinos. Paidós.


VV.AA. Cuentos de la China milenaria. Anaya. (2 Vols.)
  

Amparo Takahashi. Cuentos y leyendas de Japón. Anaya.


Richard Gordon Smith. Cuentos tradicionales de Japón. Satori Ediciones.


Morris Edward Opler. Mitos y cuentos de los apaches chiricahuas. Miraguano.


Edward S. Curtis. Las flechas mágicas, y otros relatos de los indios cheyenes, comanches, wíchitas. José J. de Olañeta.


Edward S. Curtis. Cómo se salvó el mundo y otros cuentos indios. José J. de Olañeta.
NOTA: Respecto a los cuentos de las tribus nativas de Norteamérica decir que tanto la editorial Miraguano, como José J. de Olañeta, tienen las colecciones más extensas de este tipo de relatos, sobre todo la segunda que editó la mayor parte de los recopilados por Edward S. Curtis. Sucede lo mismo con los cuentos de los diferentes países de Latinoamérica.


Fabio Morabito. Cuentos populares mexicanos. Siruela.


Gloria Cecilia Díaz. Cuentos y leyendas de América Latina. Anaya


Anneliese Löffler. Cuentos de los aborígenes australianos. Océano Ambar.

lunes, 9 de enero de 2017

Cuentos bajo cero


Atrás quedaron los días de vacaciones para regresar a una rutina que, aunque necesaria, es poco agradecida (¿A quién le gusta trabajar? Al primero que levante la mano lo mando al psiquiatra...). Si a todo ello añado las gélidas temperaturas que sufro en mi lugar de laboreo, la cosa se va de madre...
Todavía está por llegar el instituto en el que no tenga que ir con el chambergo encima toda la santa mañana. Mientras que unos tienen una orientación nefasta (se ve que los arquitectos sólo pensaron en lo "bonito y barato", y se olvidaron del "bueno", sobre todo en lo que a funcionalidad y eficiencia energética se refiere), otros tienen una gestión económica de país bananero (¡Pero qué malos son los políticos...! ¡No tenemos con qué encender...! ¡La culpa de este tiritar es de las petroleras...!), pero el caso es que, hay alumnos y maestros (esos tan envidiados) que se pasan el día con la manta a cuestas (y sin exagerar)... Que sí, que sí, más frío se pasa en el campo o sobre un andamio, pero aquí, sepan ustedes que también (y eso sin ser friolero... 9 º C marcaba el termómetro en el interior del laboratorio a las 9:12 minutos)


Quizá todo se deba a un problema de ubicación y que por estas latitudes prestemos poca atención a los rigores del invierno por ya tener bastante con los de agosto, algo estúpido teniendo en cuenta que Albacete ostenta el récord de temperatura mínima en una capital de provincia (el 3 de enero de 1971 alcanzamos los -24ºC). La ropa, las construcciones y nuestros hábitos, no atienden al hielo o la nieve, y así nos pasa, que vivimos congelados. Y como todo no se puede tener, elijan: o calor en enero, o fresquito en verano... Para hacer bien el amor hay que venir al sur, pero eso sí, no se les ocurra venir en pleno enero a menos que el vuelo proceda de Oslo.
Y con tanto frío y escarcha, en este lunes de invierno no he podido resistirme a apuntar a los Cuentos noruegos, unos recién publicados por la pequeña editorial Libros de las Malas Compañías en una edición más que recomendable para todos aquellos apasionados con el mundo de los cuentos populares. Esta es la colección que Absjørnsen y Moe recopilaron y publicaron entre 1841 y 1871, mucho antes de que Noruega existiera como país. 




Estos cuentos, más que interesantes para muchos folcloristas como Jakob Grimm, se utilizaron para normalizar la lengua noruega una vez que la triada de los países nórdicos (Dinamarca, Suecia y Noruega) se escindiera. En este volumen de sus cuentos completos pueden encontrar más de una centena de narraciones como El rey oso (también conocido como Al este del sol y al oeste de la luna, del que, por cierto, hay una edición preciosa ilustrada por Kay Nielsen) o Los doce patos salvajes, acompañadas por los grabados de los mejores artistas de la época y precedidas por un prólogo de Gustavo Martín Garzo.


Así que, estas noches bajo cero, ya saben: sofá, manta, algo que caliente el gaznate y cuentos, muchos cuentos.

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