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viernes, 6 de abril de 2018

Deslenguado



Esta pascua ha dado para todo... Elefantes en mitad de la autovía y animalistas clamando el fin de todo los circos con animales (menos del suyo, claro), suegra y nuera sacándose los ojos (¡como si fuera novedad!), políticos esgrimiendo honestidad en defensa de la titulitis patria (me descojono... si yo hablara de la casta universitariaaa)... Menos mal que se acerca el fin de semana y podremos darle un descanso a la sin hueso, que entre la Massiel y un servidor no vamos a dejar títere con cabeza. Viejos o jóvenes, ¿qué más da? Me encantan los deslenguados. Todo sea porque algunos les dé un paro cardíaco a base de palabras, el mejor de los venenos contra la estupidez humana.

La lengua vive en la boca
como una almeja en su concha.

Si algo cae entre sus labios,
lo pule y lo saborea

como si fuera una idea
nacida de siete sabios.

Aunque sea una basura
que le ha herido el paladar,

la envuelve y no se apresura,
pues la paciencia es su cura
y su modo de sanar.

La entibia entre su saliva
-porque una idea está viva-;

le da tiempo, le da oriente
y un reflejo del poniente
con su tenue quemadura.

Pero no nos deja verla
hasta que está bien madura:
así de hermosa es su perla.

La lengua vive en la boca
como la almeja en su concha.

Esto es lo que ha hecho la lengua
tras los labios cerrados:

Una luna que no mengua
en la noche de la boca...

Tras los labios apretados,
una luna eterna, loca...

¿Por qué dicen que es de sabios
tener cerrados los labios?

¡Que los abra! ¡Que los abra!
Que le dé luz a su perla
para verla.

Que los abra
y dé luz a su palabra...

Francisco Segovia.
La lengua vive en la boca.
En: Hago de voz un cuerpo.
Selección de María Baranda.
Ilustraciones de Gabriel Pacheco.
2007. México D.F.: Fondo de Cultura Económica.



domingo, 29 de junio de 2008

Mundos creados


Vivimos en un mundo absurdo. Cada vez estoy más convencido. Crímenes atroces, precios psicodélicos, padres despreocupados, hipotecas desenfrenadas, amores olvidados, niños abandonados, putas de renombre, amas de casa aparcadas, multimillonarios muertos de hambre, bombas con sabor a falafel, madres defensoras de la lactancia repudiadas por hacer gala de su condición humana, terroristas que apestan a caviar, sexo, mucho sexo sin fuste, sin reparos y sin consciencia, sexo, mucho sexo embriagado, inmaduro y tímido. Mucho de todo y poco de nada.
Muchas veces me siento embriagado de cierta tristeza absurda, no de esa que se limpia con lágrimas, no. Es esa tristeza que envuelve el aire, que parece niebla, que encoge tu ser como hebra de lana al calor de la llama, que te atraviesa y ensombrece la sonrisa. Lívida, fría e indiferente, suave y soñolienta.
Una vez que ese fantasma escapa de mi lado, respiro una mezcla de nostalgia y melancolía. Huelo a otro tiempo: a fritillas de sartén, cáscara de naranja y masa de croquetas recién hecha, a ceras blandas y polvo de tiza, a pólvora quemada y al brote de los olmos, de la cebada despuntando; siento el frescor del pasado y viajo al futuro, donde viven los sueños. Suspiro y sonrío.
No se escandalice, lector, por la intimidad que hoy le he confiado, después de todo, cada uno de nosotros, por derecho y condición natural, tiene una república particular. Ese lugar que sólo nosotros conocemos, donde soñamos y brincamos por los pensamientos, enhebrados en el hilo transparente de una telaraña, tejidos por sonrisas, teñidos del color añil del cielo y enjuagados por las nubes de verano. Pensamientos absurdos, alegres e imposibles. Cactus que engendran fresas, hogares de merengue y guindas, fábricas de juguetes y ríos que no fluyen, nubes que descargan melones y árboles que fructifican tuercas y tornillos.
Y le parecerá extraño, pero le confieso que conozco muchos de estos países y lugares extraños. Sitios imaginados, donde habita lo desconcertante. Conocí a una tal Alicia, hablaba incansablemente del lugar donde vive un conejo, el sombrerero y el gato, también una reina (1)… Oí hablar de aquel país, el de la segunda a la derecha y todo recto hasta la mañana (2)… De otro: el país de Jauja (3)… Son muchos, creo que demasiados, los que puedes visitar.

… No, no sé cuanto cuesta el peaje…, creo que depende de la voluntad, de lo que esté dispuesto a pagar, a dejar atrás, a compartir… De lo que lea.

(1) Carroll, Lewis. Alicia en el País de las Maravillas. Blume: Barcelona.
(2) Barrie, J. M. Peter Pan y Wendy. Blume Barcelona.
(3) Kasparavicius, Kestutis y Segovia, Francisco. El país de Jauja. Fondo de Cultura Económica. México.
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