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martes, 12 de junio de 2018

Empanadas (políticas e) indigestas



Diciéndole adiós a esta primavera tormentosa y mientras pongo las calificaciones finales (¿Qué nos tendrán preparado los políticos con este adelanto de la convocatoria de septiembre? ¿Alguna mierda educativa más?), me percato de la empanada que llevamos a cuestas…
Hace mucho que no presto atención en este espacio a los sinsabores que nos regalan los gobernantes (y no uso el posesivo, porque míos, pocos) durante el último año. Secesionismos, corruptelas, guerras internas, intereses personales, presupuestos generales… La cosa promete, sobre todo para hundirnos más en la miseria, que es lo que ellos quieren como buenos trepas.


Mientras tanto, se deshacen en polémicas para desviar nuestra atención. Y la gente, más que atenta. Que si un ministro astronauta, que si otro tertuliano, el chalé de las seiscientas mil envidias, los hurtos de las presidentas… Un sinfín de marujiles despropósitos que dan buena muestra de eso que mueve a este país, la pandereta. Y así nos pasa, que mientras unos siguen urdiendo sus tretas, los ciudadanos nos relamemos la mierda de las comisuras.
¡He aquí el populismo, señores! Golpes de efecto, tretas, en La-de-todos, Mediaset y Atresmedia, mucho consenso (que no se note que ayer nos hinchamos a caldereta), risitas, diálogo, mucha dramaturgia, una de riñas y enfados, postureo, sencillez, humanidad, rodales en el sobaco y demagogia que no falte. ¡Bienvenidos al mayor espectáculo del mundo, nenes! ¡Esto es el hemiciclo!


Así que aquí ando, con mi vaivén -como dice Darabuc- y un poquito atropellado. Deseando que nunca me nombren Ministro de Educación y Cultura (yo fusionaría los dos ministerios… total, para lo que sirven…) y que no me fusilen al día siguiente (es lo que tiene intentar ser libre, que les jode), les invito a no quedarse en lo superficial, a indagar en cuestiones menos evidentes pero mucho más importantes, como los dictámenes europeos, el pasado de los cargos y su relación con los diferentes lobbys, los intereses de los grupos de comunicación, el capitalismo y las subvenciones y un sinfín de aspectos que hacen todavía más sabrosa esta empanada de detritus a pesar de acompañarla con una caña bien tirada.


Por lo pronto y en loor de ese exquisito invento gallego, les invito a degustar Empanada de mamut, un libro más que simpático de los conocidos Jeanne Willis (texto) y Tony Ross (ilustraciones) editado por Libros del Zorro Rojo. Este álbum que en clave de humor y con cierta rima avisa del inminente desastre que puede acontecer a un grupo de humanos cuando se empeñan en joder a un pobre mamut (esto me recuerda al menosprecio evidente de la casta política hacia nosotros, los ciudadanos), es muy clarividente. Ojalá y en vez de votar pudiéramos, como lanudos mamuts, aplastarlos con un simple movimiento y acabar con este choteo en el que nadie mira por los intereses generales, sino por ellos.

martes, 22 de diciembre de 2009

Pormenores académicos


A los alumnos que han suspendido mi asignatura esta evaluación.


Bien saben los que me conocen que no es de mi agrado joder al personal sin aparente razón, cosa que, evidentemente, incluye a mis alumnos, esas personas, personajes y/o animalicos con los que comparto seis horas de mi diaria existencia (si lo piensan fríamente me encuentro más atado a ellos que a mi propia familia… ¡para que luego hablen de la conciliación de la vida personal con la laboral!). A pesar de ello, tengo infundadas sospechas acerca de lo que muchos de mis pupilos piensan sobre mi característica manera de mostrar el afecto hacia ellos… Y es que no nos engañemos: los sufro en exceso y me sufren en silencio –a veces… cuando sus atronadoras voces les dejan…-, por lo que de este dolor mutuo, de repente y como el que no quiere la cosa, surge un lazo invisible tejido de malas caras, dictados infinitos, preguntas sin ton ni son, alguna que otra carcajada, muchas palabras impronunciables y demasiada teatralidad.
Casi atragantándome y desatando los cientos de nudos corredizos que atenazan mis cuerdas vocales, lo confieso: adoro a mis alumnos. También me gustan sus dibujos monstruosos, esas palabras que inventan de carrerilla en los exámenes, su capacidad ilimitada para colocarte un buen mote, las perrerías que son capaces de idear, los mil y un pretextos que vomitan para convencerte de esta o aquella cosa o el bullir de sus hormonas esteroideas.
En el fondo y aunque me pese decirlo, los comprendo, lo que no quiere decir que los excuse. Hay asuntos que no tienen perdón, y el peor de todos, con creces, es la pereza, la fuente de todos los males que asolan a nuestros estudiantes… pero en fin, prefiero terminar diciendo que todavía no me he decidido entre un mal estudiante, como el protagonista del libro de hoy –Malvado conejito, de Jeanne Willis y Tony Ross (editorial Océano)-, y un estupendo delincuente… Seguramente pase olímpicamente de estas dos opciones y me decante por las personas de provecho. Y al que no le guste, que estudie.
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