De regreso a las responsabilidades
laborales y continuando con mi tarea de recién estrenado “bibliotecario”, he
creído apropiado hablar hoy de uno de los libros con más éxito entre los
estudiantes de mi centro, Campos de
fresas (SM), de Jordi Sierra i Fabra… ¡A destripar se ha dicho!
Sorprendido por la acogida de este
libro entre los lectores adolescentes, me topé con él durante la puesta a punto
de la biblioteca escolar, y lo llevé conmigo a casa para leerlo (o al menos
intentarlo… con un libro nunca se sabe: hay que arriesgarse).
Sacando ratos de la apretada agenda
navideña, fui consumiéndolo hasta el final y, sinceramente, me ha parecido un
bodrio de siete pares de narices. Siento ser tan agreste en mis aseveraciones,
pero me sentí, no sólo decepcionado, sino un poco estafado… Era la primera
novela que leía de este autor (lo que no quiere decir que deseche todas sus
creaciones… seguiré leyendo…, el de Kafka
y la muñeca viajera me llama la atención) y más que literatura, me pareció
paraliteratura: un argumento muy recurrente (ya sabemos que drogas, sexo y
música tecno, son los pilares de la cultura juvenil de hoy día, pero un poquito
de imaginación no nos vendría mal a la hora de hacerles leer), un desarrollo la
mar de lacrimógeno (esos monólogos entre la vida y la muerte tan ñoños y con
excesiva moralina, esa tensión dulzona de telefilme vespertino, me hacían
sufrir hasta cotas insospechadas) y el cantadísimo final (tengo que confesar
que ciertas vueltas de tuerca, ciertas estrategias literarias, me animaban a
continuar, pero rápidamente volvía a un estado anímico soporífero), me han
llevado a pensar que es una novela, más que narrada, diseñada. Me parece otro
producto más dirigido a lectores muy poco formados que, aunque entretiene y
tira de competencia lingüística, pone en evidencia las mañas de un prolífico
autor, más de nueve millones de libros vendidos y Premio Nacional de Literatura
Infantil y Juvenil, si mal no recuerdo. Por hacer un símil sencillo, diría que Campos de fresas es a la literatura
juvenil española, lo que Rihanna a la música pop actual, a lo que yo pregunto:
si lo uno se lee y lo otro se baila, ¿tendrán alguna cultura los hombres del
mañana? Si no es así, al menos sabrán de los efectos de las drogas de diseño,
que bien vale una vida…
