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miércoles, 9 de enero de 2013

¿Diseñando o escribiendo?



De regreso a las responsabilidades laborales y continuando con mi tarea de recién estrenado “bibliotecario”, he creído apropiado hablar hoy de uno de los libros con más éxito entre los estudiantes de mi centro, Campos de fresas (SM), de Jordi Sierra i Fabra… ¡A destripar se ha dicho!
Sorprendido por la acogida de este libro entre los lectores adolescentes, me topé con él durante la puesta a punto de la biblioteca escolar, y lo llevé conmigo a casa para leerlo (o al menos intentarlo… con un libro nunca se sabe: hay que arriesgarse).
Sacando ratos de la apretada agenda navideña, fui consumiéndolo hasta el final y, sinceramente, me ha parecido un bodrio de siete pares de narices. Siento ser tan agreste en mis aseveraciones, pero me sentí, no sólo decepcionado, sino un poco estafado… Era la primera novela que leía de este autor (lo que no quiere decir que deseche todas sus creaciones… seguiré leyendo…, el de Kafka y la muñeca viajera me llama la atención) y más que literatura, me pareció paraliteratura: un argumento muy recurrente (ya sabemos que drogas, sexo y música tecno, son los pilares de la cultura juvenil de hoy día, pero un poquito de imaginación no nos vendría mal a la hora de hacerles leer), un desarrollo la mar de lacrimógeno (esos monólogos entre la vida y la muerte tan ñoños y con excesiva moralina, esa tensión dulzona de telefilme vespertino, me hacían sufrir hasta cotas insospechadas) y el cantadísimo final (tengo que confesar que ciertas vueltas de tuerca, ciertas estrategias literarias, me animaban a continuar, pero rápidamente volvía a un estado anímico soporífero), me han llevado a pensar que es una novela, más que narrada, diseñada. Me parece otro producto más dirigido a lectores muy poco formados que, aunque entretiene y tira de competencia lingüística, pone en evidencia las mañas de un prolífico autor, más de nueve millones de libros vendidos y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, si mal no recuerdo. Por hacer un símil sencillo, diría que Campos de fresas es a la literatura juvenil española, lo que Rihanna a la música pop actual, a lo que yo pregunto: si lo uno se lee y lo otro se baila, ¿tendrán alguna cultura los hombres del mañana? Si no es así, al menos sabrán de los efectos de las drogas de diseño, que bien vale una vida…
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