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miércoles, 22 de mayo de 2013

De errores y colores



Criticar puede ser la mar de peligroso, sobre todo cuando no te das cuenta de que ciertas palabras pueden herir los sentimientos, no sólo de autores, sino que puede usarse como un arma arrojadiza en contra de editoriales y otros negociantes que pretenden sobrevivir  en este mundo de la tapa dura (difícilmente… es lo que hay…). Por ello, antes de lanzar mis observaciones, pido perdón por las consecuencias que esto pueda acarrear…
Andaba el otro día deambulando entre estantes cuando me topé con una de esas suculentas novedades que nos trae la primavera. Tropecista, de Jorge Gonzalvo –texto- y Elena Odriozola –ilustraciones-, editado por Barbara Fiore (no todas las casas editoriales hacen doblete la misma semana… por algo será…). Una bella historia de amor, que no terminó de gustarme. Y preguntarán: “¿Por qué, so enterao?”… Aunque creo que es una gran candidata a recibir varios galardones del entorno LIJ por su innovación en el campo de la ilustración y la edición (hay que llamar la atención sobre una apuesta arriesgada, cosa que gusta mucho a todos los lameculos del sector), a mi juicio, es esa, la edición, lo que destroza esta pequeña obra de arte (llevo muchos libros leídos y sé lo que vale y lo que no).
Entiendo que focalizar todo el libro en el blanco, un color que es la propia luz, es muy “cool” y minimalista (sobre todo para esos espacios que llenan las revistas de decoración), pero impide, hasta cotas insospechadas, definir las formas de las ilustraciones e interpretar el mensaje de estas (reconozco que me costó leer muchísimo las imágenes de esta historia hermosa y sutil).
Seguramente la editorial y sus autores se defenderán, aduciendo que no tengo ni puta idea, que el uso del troquelado a la hora de realizar las imágenes produce una serie de luces y sombras que dibujan en sí mismas los contornos y volúmenes, que tienen un trabajo desproporcionado (hay que vaciar muchas cartulinas para dar con el resultado óptimo), artesanal y casi de enanos, y que el resultado es magnífico (y que por cierto, me recuerda a cierta arte decorativa que impera últimamente en los mercadillos londinenses…).


No dudo de nada de esto, pero leer, lo que se dice leer (imágenes), no he leído ni un pijo.
Si yo lo hubiera hecho probablemente hubiera utilizado dos colores (complementarios quizá) y de tono bajo ya que la historia requiere una atmósfera algo envolvente y tenue, para aupar el contraste y facilitar el visionado, algo que hubiese ido en detrimento de la estética, pero que hubiera ayudado al lector, que al fin y al cabo es de lo que se trata construir un libro.
Y es una pena, porque tenía unas expectativas bien altas… pero, en fin, un error lo tiene cualquiera y que quizá también yo haya cometido escribiendo estas palabras.

martes, 2 de junio de 2009

Contando cuentos



Recordando esa poesía de León Felipe podría decirse que me sé todos los cuentos, sobre todo esos con los que nos bombardean en todas las campañas electorales, todos los que conoce de memoria este o aquel político y los que también se esconden debajo de la manga los gobernantes. También sé cuentos más desagradables: uno miente y al otro lo encarcelan, otro se calla para que maten al uno y ese que dice que el de más allá no para de inventar para aprovecharse de todos.
Aun así prefiero los cuentos con final feliz. Un parto después de nueve meses de gestación. Una boda tras once años de noviazgo. Una apetecible jubilación tras ocho lustros de trabajo diario… Lo peor (o mejor) de todo es que de vez en cuando tengo que prescindir de algunos cuentos; más que nada para que dejen paso a otros nuevos que vendrán.
Y así, contando cuentos, he llegado hasta las dos “novedades” (entrecomillo porque es un decir… procuro mantenerme al día aunque hay veces que es imposible…) que toca reseñar hoy: El contador de cuentos de Saki y Alba Marina Rivera (flamante Premio Bologna-Ragazzi 2009 y cuidadosamente editado por la editorial Ekaré) y Te regalo un cuento de Jorge Gonzalvo y Cecilia Varela (editorial Lóguez).
El contador de cuentos se podría clasificar entre esas narraciones que a un mismo tiempo compaginan lo clásico con lo subversivo… En un vagón de tren coinciden unos niños que están al cargo de una odiosa ama, con un personaje más agradable y misterioso que decide contarles un cuento algo especial…, una historia amable y sencilla en comunión con unas ilustraciones impecables.
El segundo título también nos habla de las bonanzas de los cuentos. Aunque consiste en una serie de sentencias y enunciados acompañados por imágenes metafórico-descriptivas, me gustaría decir que es una definición de la palabra “cuento” en toda regla.
Y por hoy, he terminado con mi cuento.
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